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domingo, 20 de octubre de 2024

Resumen de la ponencia "MANZANARES, BASTIÓN DEL LIBERALISMO: LOS MANIFIESTOS DE 1835 Y 1854"

En el XXI Congreso de la Asociación de Escritores de Castilla-La Mancha, celebrado en Manzanares el 19 y 20 de octubre de 2024, se ha presentado la ponencia titulada "MANZANARES, BASTIÓN DEL LIBERALISMO: LOS MANIFIESTOS DE 1835 Y 1854". Todas las ponencias del congreso se recopilarán en un libro que se publicará en los próximos meses. Como adelanto al libro, incluimos a continuación el resumen de dicha ponencia, que se expuso en la biblioteca municipal Lope de Vega como parte de los actos del congreso.


Cuando me propusieron participar en este congreso pensé en exponer algún tema histórico que fuera muy representativo del carácter de los manzanareños y que, al mismo tiempo, también fuera curioso y de interés. Recordé que a lo largo de las investigaciones que he realizado en los últimos años sobre la historia de Manzanares siempre me ha llamado mucho la atención el carácter marcadamente liberal de esta localidad durante el siglo XIX. Esto es todavía más llamativo teniendo en cuenta que durante esta centuria en la provincia de Ciudad Real los rivales ideológicos del liberalismo, primero el absolutismo y más tarde el carlismo, tuvieron una fuerte presencia. Y este ha sido el tema elegido finalmente para mi ponencia titulada "Manzanares, bastión del liberalismo: los manifiestos de 1835 y 1854"

Pero antes de continuar con el motivo central de mi intervención quiero hacer una reivindicación del término liberal que, desgraciadamente, está en la actualidad lleno de connotaciones negativas. No hay mayor ataque entre rivales políticos que calificar las iniciativas de otros partidos con los adjetivos de “neoliberal” o “ultra liberal”. Sin embargo, en el siglo XIX el liberalismo era la corriente de pensamiento político más avanzada que representaba el anhelo de muchos ciudadanos de crear una sociedad más justa basada en el reconocimiento de los derechos individuales (expresión, asociación, propiedad…), la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley o la soberanía popular. Para los liberales todos estos derechos debían estar recogidos y protegidos por una constitución. Estos planteamientos son, ni más ni menos, que la base de las modernas democracias occidentales. 

Volviendo al tema principal de mi ponencia, ¿en qué me baso para destacar el carácter liberal de Manzanares? Podría citar muchos acontecimientos, por ejemplo, durante la Primera Guerra Carlista se debatió en las Cortes convertir a Manzanares en la capital provincial por ser el lugar más seguro de la provincia para albergar a instituciones como la Diputación o el Gobierno Civil. Se consideraba a Manzanares el pueblo más afín al nuevo régimen liberal y el que, además, contaba con una Guardia Nacional muy numerosa, formada por vecinos voluntarios, que protegería a las autoridades provinciales ante posibles ataques de los carlistas. De forma similar, en 1823, al final del Trienio Liberal, Manzanares se convirtió, en palabras de otro historiador, en el "Cádiz de La Mancha", por ser el último refugio de las autoridades provinciales antes del triunfo final de los absolutistas.

Sin embargo, en mi ponencia me voy a centrar en dos hechos históricos ocurridos en Manzanares que provocaron nada menos que la caída del Gobierno, como son los manifiestos de 1835 y 1854. Mucho más conocido el segundo que el primero y, sin embargo, ambos muy similares por su desarrollo y repercusiones políticas. Ahora los gobiernos se deciden normalmente en Madrid y, en algunas ocasiones, en Cataluña o el País Vasco, pues en aquella época, o al menos en estos dos episodios, esto ocurría nada menos que en Manzanares.

Para entender lo sucedido en estas dos fechas hay que tener en cuenta que el liberalismo se había escindido en dos corrientes políticas antagónicas que serán los protagonistas de estos hechos: moderados y progresistas. En este caso no se pueden hacer analogías con el presente, no deberíamos identificar ideológicamente a estos partidos con los que actualmente dominan la política española ya que por aquel entonces la izquierda o el socialismo no existían, ya que son un fenómeno político posterior. 

Pasemos ya a describir sin más dilación los acontecimientos ocurridos y las similitudes de ambos procesos. Tanto en 1835 como en 1854 gobernaban los moderados en medio de un gran descontento de la opinión pública. En 1835 el descrédito del Gobierno se debía a la tibieza en las reformas, no se había proclamado todavía una constitución a pesar de que habían pasado ya dos años desde la muerte del absolutista Fernando VII. Adicionalmente, los fracasos militares en la Primera Guerra Carlista contribuían poderosamente al descrédito del Gobierno. En 1854 las causas del descontento eran múltiples: la falta de alternancia habiendo monopolizado el poder los moderados durante la última década; el giro autoritario del Gobierno, que quería aprobar una reforma constitucional muy restrictiva de las libertades individuales; los escándalos de corrupción relacionados con concesiones ferroviarias, que afectaban incluso a María Cristina, la madre de la reina Isabel II. En este último punto de la corrupción, desgraciadamente, poco hemos cambiado en estos dos últimos siglos.

En ambas fechas hubo una sublevación militar para derribar al Gobierno. En 1835 fue el Ejército de Andalucía quién se sublevó y en 1854 fueron parte de las tropas de guarnición en Madrid.

De nuevo, en estos dos periodos, los ejércitos sublevados terminaron estableciéndose en Manzanares. En 1835 el Ejército de Andalucía avanzó hasta Manzanares donde fijó durante semanas su cuartel general y desde donde suponía una amenaza para el Gobierno por su cercanía a Madrid a pocos días de marcha. Y en 1854, tras una batalla de resultado indeciso contra fuerzas leales al Gobierno en las afueras de Madrid, en Vicálvaro, los sublevados se retiraron hasta Manzanares.

Otra similitud es que en ambos casos al frente de los sublevados había importantes figuras políticas. En 1835 el liderazgo político del Ejército de Andalucía lo ostentaba desde Manzanares el Conde de las Navas, que había sido uno de los principales líderes progresistas en las Cortes convocadas el año anterior. En 1854 la sublevación la lideró el general O’Donnell, al que se le unieron en nuestra localidad otras prominentes figuras como fue el caso del general Serrano y Antonio Cánovas del Castillo.

De nuevo, en ambas ocasiones, en Manzanares se redactó y proclamó un Manifiesto. El objetivo principal del Manifiesto de 1854 era atraer a los progresistas a la sublevación. El general O’Donnell era una figura próxima a los moderados, lo que había restado apoyo político a los sublevados. Los partidos de oposición, principalmente los progresistas, consideraban la sublevación como una disputa interna entre diferentes corrientes de los moderados. Los guiños del Manifiesto hacia las posiciones políticas progresistas (ampliación del derecho al voto, descentralización en favor de los ayuntamientos, recuperación de la milicia nacional, etc.) fueron decisivos para que éstos se unieron a la sublevación. De esta forma, el Manifiesto de Manzanares del año 1854 fue decisivo para que una sublevación militar al borde del fracaso se convirtiera en una revolución popular que se acabó extendiendo por toda España. En este caso, sí que hay diferencias respecto a 1835 ya que el Manifiesto de ese año redactado por el Conde de las Navas, cuya principal reclamación era la proclamación de una constitución, no tuvo tanta repercusión política. En 1835 el poder de los sublevados se basaba más en el numeroso Ejército de Andalucía, acantonado en Manzanares tan cerca de Madrid, que en la fuerza de las ideas transmitidas en su Manifiesto.

Finalmente, ambos episodios tuvieron un resultado muy parecido: los gobiernos moderados cayeron y fueron sustituidos por gabinetes liderados por grandes figuras del partido progresista. En 1835 encabezó el nuevo Gobierno Juan Álvarez de Mendizábal, que al año siguiente aprobaría la importante desamortización de los bienes eclesiásticos, y en 1854 la presidencia recayó en el general Espartero, manchego originario de Granátula de Calatrava.

Esta es una explicación muy rápida de los hechos, ambos acontecimientos tienen una gran complejidad interna de mucho interés y para más información les remito a mi ponencia. No querría terminar sin hacer un llamamiento. Estamos en una época en la que cualquier acontecimiento histórico se interpreta a la luz de la más inmediata actualidad política, en la que fácilmente se hacen bandos calificando a todos los personajes históricos como amigos o enemigos. Creo que ha llegado la hora de que los españoles se reconcilien con su historia y, en este caso concreto, que los manzanareños y todos los castellanos manchegos, de cualquier ideología, se sientan legítimamente orgullosos de estos acontecimientos en los que Manzanares ocupó un lugar central en la historia y evolución política de España.

Miguel Ángel Maeso Buenasmañanas, 19 de octubre de 2024.

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miércoles, 10 de febrero de 2021

EL MANIFIESTO DE MANZANARES (1854)

Quinto programa de "Apuntes de Historia", de Manzanares10Tv, dedicado al Manifiesto de Manzanares, redactado en nuestra localidad en 1854 por Antonio Cánovas del Castillo y firmado por el general Leopoldo O'Donnell.


Introducción

El Manifiesto fue la proclama de un militar golpista, el general O’Donnell, que en junio 1854 se había rebelado contra el gobierno del Partido Moderado. De hecho, el Manifiesto fue esencial para el triunfo de los sublevados, ya que posibilitó que una sublevación militar abocada al fracaso se convirtiese en una triunfante revolución popular que consiguió finalmente derribar al gobierno. 


General Leopoldo O'Donnell


Este hecho histórico forma parte de un largo ciclo de pronunciamientos, revoluciones y guerras civiles que asolaron España durante buena parte del siglo XIX. Durante este periodo se produjo la transición desde el antiguo régimen al estado liberal y en este complicado proceso se enfrentaron concepciones ideológicas totalmente contrapuestas. En un primer momento los defensores del absolutismo se opusieron a los liberales. En el campo liberal también había profundas disensiones entre moderados y progresistas. Conforme avanzó el siglo la situación se complicó aún más con nuevas corrientes ideológicas como los demócratas y los republicanos.

El sistema político e institucional del incipiente estado liberal no consiguió soportar estas enormes presiones internas y externas. Los continuos cambios constitucionales, la falta de confianza en las instituciones y el corrupto sistema electoral contribuyeron a enconar los problemas. Quizá uno de los factores que más favorecieron la inestabilidad política era la forma de elección del gobierno. El rey era el que designaba al presidente del consejo de ministros y una vez que éste formaba el nuevo gobierno, se celebraban elecciones en las que, gracias a prácticas corruptas, el partido gubernamental se aseguraba una cómoda mayoría en el parlamento. En este sistema, el rey tenía una función fundamental ya que, si se decantaba por alguno de los partidos de forma descarada, impedía el acceso al gobierno del resto de formaciones políticas. Y esto es precisamente lo que sucedió durante el reinado de Isabel II. La reina favoreció sistemáticamente al Partido Moderado frente al Partido Progresista. De hecho, en 1854, cuando ocurrió el pronunciamiento de O’Donnell, el Partido Moderado llevaba ya una década en el poder. Esto es más llamativo en una época en la que los gobiernos duraban pocos meses, incluso semanas. Isabel II llevaba diez años eligiendo una y otra vez presidentes del Partido Moderado. Prácticamente, la única opción que tenían el resto de formaciones políticas para acceder al poder era recurrir a algún militar de prestigio, para que mediante un pronunciamiento o golpe de estado derribase al gobierno y forzase a la reina a designar a un presidente de otro partido.

El pronunciamiento de O'Donnell de 28 de junio de 1854

En el verano de 1854 el gobierno del Partido Moderado estaba en sus horas más bajas. El intento de reforma constitucional de 1852 del presidente Bravo Murillo, en el que se pretendía restringir las libertades individuales y fortalecer el poder de la corona en detrimento del parlamento, había provocado fuertes fricciones internas entre los moderados. Los escandalosos casos de corrupción en relación a las concesiones ferroviarias, en los que estaba implicada Maria Cristina, la madre de la reina, habían terminado por romper el partido. A pesar de disfrutar de una clara mayoría en el parlamento, el gobierno no consiguió que las cortes aprobasen una nueva ley que debía ratificar estas polémicas concesiones ferroviarias.

María Cristina de Borbón-Dos Sicilias.
Madre de la reina Isabel II

Tras su derrota en el parlamento, el gobierno suspendió las cortes el 9 de diciembre de 1853 y aprobó por decreto el nuevo presupuesto. No contento con esta deriva autoritaria, el gobierno destituyó y desterró a importantes militares que habían mostrado su descontento u oposición. Los hermanos Gutiérrez de la Concha fueron destinadas a Canarias y Mahón. O'Donnell, Ros de Olano y Mesina se ocultaban en Madrid para evitar su deportación. El general Serrano fue desterrado a Jaén.

En esta situación de completo desprestigio, se empezaron a organizar conspiraciones contra el gobierno entre progresistas e incluso entre importantes facciones de los moderados. Los acontecimientos se desencadenaron el 28 de junio de 1854. El general Dulce, uno de los militares implicados en la trama, reunió a varios regimientos de caballería en las afueras de Madrid con el pretexto de realizar unas maniobras militares. En ese momento el general O’Donnell hizo acto de presencia, tomó el mando y desveló su intención de derrocar al gobierno. 

El resto de las tropas de guarnición en Madrid se mantuvieron fieles al gobierno por lo que O’Donnell intentó tomar la capital por la fuerza el día 30 de junio. Se produjo una batalla en Vicálvaro, en las afueras de Madrid, que acabó sin un claro vencedor. Después de la batalla, las tropas gubernamentales se retiraron a Madrid y los sublevados marcharon a Aranjuez.

Batalla de Vicálvaro.

En los días siguientes la situación de O’Donnell empeoró notablemente. Mientras las fuerzas gubernamentales recibieron refuerzos procedentes de Valladolid y Burgos, los rebeldes no consiguieron que más unidades del ejército se sumasen al pronunciamiento. El día 4 de julio O’Donnell, consciente de que estaba en una situación militar muy precaria, decidió retirarse hacia el sur de España para ganar tiempo. El día 5 las tropas de O’Donnell llegaron a Puerto Lápice, el 6 pernoctaron en Villarrubia de los Ojos y, finalmente, el día 7 alcanzaron Manzanares, seguidas muy de cerca, apenas a un día de distancia, por las tropas gubernamentales.

El Manifiesto

La situación de O'Donnell a su llegada a Manzanares era crítica. Habían pasado nueve días desde el pronunciamiento, los sublevados estaban en retirada, no habían conseguido más apoyos de otras unidades militares, ni tampoco habían sumado apoyos de los partidos de la oposición. Aunque había un gran hartazgo entre los progresistas con el gobierno del Partido Moderado, no se sumaron al golpe de estado porque desconfiaban de O’Donnell. Este general había estado vinculado en el pasado al Partido Moderado, lo que provocaba que los progresistas vieran este pronunciamiento como una disputa interna de los moderados. 

O'Donnell tenía que tomar una decisión en Manzanares. Si aceptaba el fracaso del golpe y optaba por exiliarse, podía desde Manzanares retirarse con sus tropas hacia el oeste, en dirección a Portugal. Sin embargo, la llegada de dos importantes personajes alteró el rumbo de los acontecimientos. El día anterior se había unido a los sublevados en Villarrubia de los Ojos el secretario personal de O'Donnell, Antonio Cánovas del Castillo. El general Serrano llegó directamente a Manzanares, procedente de Jaén donde estaba desterrado y acompañado por tan sólo cuatro criados.

Antonio Cánovas del Castillo (1869).

Estos tres personajes (O’Donnell, Serrano y Cánovas) llegaron a la conclusión de que la única opción que les quedaba para que el pronunciamiento triunfase era sumar a la sublevación a los progresistas y éste fue el principal motivo que les llevó a redactar el Manifiesto de Manzanares. El Manifiesto era un texto breve, incluso ambiguo, pero tenía la virtud de mencionar las reivindicaciones históricas del Partido Progresista y con esto esperaban sumar a los progresistas al golpe.


Manifiesto de Manzanares del 7 de julio de 1854.

En el Manifiesto se hablaba, por ejemplo, de mejorar la ley electoral, aunque sin mayor concreción. Las leyes electorales aprobadas por los moderados habían reducido mucho el derecho al voto. De hecho, sólo podía votar hombres mayores de 25 años que tributasen más de 400 reales en concepto de la contribución directa. Esta disposición limitaba el número de votantes a menos de un 1% de la población. Por el contrario, los progresistas defendían aumentar el número de electores bajando el mínimo de tributación que concedía el derecho al voto. El Partido Demócrata, que era una escisión del Partido Progresista, defendía el sufragio universal pero sólo para los hombres. En aquella época ninguna opción política se planteaba conceder el derecho de sufragio a las mujeres. En estos posicionamientos de los partidos había, además de principios ideológicos, cálculo político. Progresistas y demócratas confiaban en tener más votantes entre las clases medias y populares y esto era para ellos un claro incentivo para demandar la ampliación del censo electoral.

Otro punto que se mencionaba en el Manifiesto era la descentralización de la administración, dando mayor poder a los ayuntamientos. Los gobiernos del Partido Moderado habían aprobado una Ley Municipal que reservaba al gobierno o las autoridades provinciales el nombramiento de los alcaldes. Sin embargo, los progresistas defendían que los alcaldes debían ser elegidos por los vecinos mediante elecciones. 

Quizá el planteamiento más importante del Manifiesto y que más contribuyó a convencer a los progresistas era restaurar la milicia nacional, un cuerpo armado de ciudadanos voluntarios que debía tener el propósito de mantener el orden público y defender el régimen constitucional. Los progresistas consideraban que la milicia nacional era la mejor garantía para que se respetase la voluntad popular y evitar que futuros gobiernos quedasen a merced de la intervención del ejército.

La revolución

Una vez firmado el Manifiesto por O'Donnell, el gran objetivo de los sublevados era conseguir que se difundiese por toda España. Para ello, Cánovas del Castillo se adelantó a las tropas de O'Donnell y marchó hasta Jaén en busca de una imprenta donde poder imprimir copias. Acto seguido, regresó a Madrid escondido en un carro de un comerciante de aceite y, una vez en la capital, hizo circular de forma clandestina el Manifiesto.

El efecto del Manifiesto fue fulminante y partir de su difusión por toda España los hechos se precipitaron. Los progresistas y demócratas se empezaron a rebelar por toda España: el 14 de julio en Barcelona, el 16 en Valencia y el 17 en Madrid. Las masas populares llenaron de barricadas las calles de Madrid; hubo combates con las tropas que aún defendían al gobierno; asaltaron la casa del presidente del gobierno y el palacio de María Cristina y liberaron a presos políticos de las cárceles. En definitiva, una revolución en toda regla.

Asalto de la casa del presidente del gobierno por los revolucionarios.
Grabado publicado en La Ilustración del 7 de agosto de 1854.

Grabado publicado en La Ilustración del 7 de agosto de 1854.

La reina, cercada en el Palacio Real, no tuvo más remedio que ceder ante los sublevados y nombró presidente del gobierno al general Espartero, que era el líder histórico de los progresistas. Esto suponía que por primera vez en diez años el Partido Progresista retornaba al poder. El general O’Donnell también tuvo su recompensa y fue nombrado ministro de la Guerra. El 28 de julio el general Espartero hacía su entrada triunfal en Madrid, aclamado por la multitud, dando comienzo al periodo conocido como el Bienio Progresista (1854-1856).

Baldomero Espartero (1865)

La estancia de O'Donnell en Manzanares

Una vez explicados los principales hechos de política nacional relacionados con el Manifiesto nos detendremos en narrar lo sucedido en Manzanares, durante la estancia del general O'Donnell. Los sublevados apenas estuvieron en Manzanares dos días. Llegaron el 7 de julio, que fue el mismo día en el que se firmó el Manifiesto, y partieron de la localidad en la mañana del día 9 en dirección a Santa Cruz de Mudela, perseguidos de cerca por las tropas gubernamentales.

En la prensa de la época apenas hay detalles concretos sobre lo sucedido en esos dos días en Manzanares y, además, la imagen que nos transmiten las noticias publicadas varía mucho dependiendo de la afinidad política del medio de comunicación. En la prensa gubernamental se acusaba a los sublevados de que, a punta de bayoneta, se habían llevado del Ayuntamiento la recaudación del impuesto de la contribución del primer trimestre y que, además, habían exigido a los vecinos más acaudalados un pago adicional de 40.000 reales. En la prensa afín a los sublevados se publicó que en Manzanares hubo una gran celebración la noche del día 8 de julio, amenizada por una orquesta militar, con la participación entusiasta de los vecinos y los soldados, que gritaron vivas a la Constitución, a la libertad y a los generales O’Donnell y Serrano. 

Curiosamente, la mejor fuente de información sobre lo acontecido esos días es un reportaje de una revista de Jaén, de nombre Don Lope de Sosa, publicada en 1914, sesenta años después de sucedidos los hechos. Según esta revista, el general O’Donnell fue recibido en nuestra localidad por Francisco González-Elipe Camacho. Este ilustre manzanareño tuvo una activa vida política. Fue diputado en cinco ocasiones y nombrado senador vitalicio en 1865. Además de político, fue jurista y escritor, siendo autor de numerosas comedias y dramas. 

Francisco González-Elipe Camacho.
Foto obtenida del libro "El Manifiesto de Manzanares" de José Antonio García-Noblejas.

Según cuenta la revista, Cánovas se alojó en la casa del alcalde en funciones, Pablo González-Calero Ruiz-Escribano, situada en la esquina de la calle Empedrada con la calle Manifiesto. Sería precisamente en esta casa donde Cánovas redactó el Manifiesto.

Foto originalmente publicada en la revista Don Lope de Sosa, en el nº24 de octubre de 1914.

Por último, también se relata en la revista que el Manifiesto fue firmado por O’Donnell en la casa, ya desaparecida, de Francisco González-Elipe donde estaba alojado, ubicada en la esquina de la calle Iglesia con Empedrada.

Foto originalmente publicada en la revista Don Lope de Sosa, en el nº24 de octubre de 1914.

Que el general O'Donnell eligiese Manzanares para hacer una parada no fue, probablemente, fruto de la casualidad. En primer lugar, en nuestra localidad contó con el apoyo de las autoridades municipales espoleadas por la influencia de Antonio González-Elipe, que posiblemente conocería al propio O'Donnell gracias a su prolongada carrera política en Madrid dentro del Partido Moderado. En segundo lugar, nuestra localidad se había caracterizado en el pasado reciente por ser un bastión del liberalismo en la provincia de Ciudad Real. Tanto durante el Trienio Liberal (1820-1823) como durante la Primera Guerra Carlista (1833-1840), Manzanares había sido un contrapeso en la provincia frente a absolutistas y carlistas. Estos condicionantes pudieron favorecer que O'Donnell eligiese Manzanares, esperando recibir una acogida más entusiasta que la que había obtenido en los días previos en otras poblaciones desde su salida de Aranjuez el día 4 de julio.

La fuente del Manifiesto de Manzanares

En el mes de agosto de 1854, en el seno de la prensa madrileña surgió una iniciativa para construir un monumento conmemorativo del Manifiesto en Manzanares. El Ayuntamiento de Manzanares se sumó a esta iniciativa y a finales de agosto envió a Madrid una comisión con el objetivo de recaudar fondos para erigir el monumento. Dicha comisión estaba compuesta por José Carrión Vega, Francisco Sánchez Cantalejo y José Antonio Merino. 

Los comisionados, acompañados por relevantes periodistas propulsores del proyecto, fueron recibidos por el ministro de Fomento. En presencia del ministro se propuso la construcción de un monumento que fuera de utilidad para los manzanareños, en concreto una fuente que debía ubicarse en la plaza mayor. Los comisionados indicaron que se podía traer el agua hasta la fuente de un paraje que distaba una legua y media de la localidad. Estimaban que para hacer esta obra se necesitaría un presupuesto de unos 20.000 duros. Posteriormente, la comisión fue recibida por Espartero y O’Donnell y se decidió abrir una suscripción nacional para recaudar fondos para el proyecto. Tanto O’Donnell como Espartero apoyaron el proyecto y aportaron cada uno de ellos 1.000 reales.

Aunque es cierto que en Manzanares hubo una fuente del Manifiesto, primero en el parterre del kiosco de la música, frente a la fábrica de harinas, y después en la plaza del Gran Teatro hasta finales de los años 70 del siglo XX, no sabemos si en realidad fue construida con los fondos recaudados por esta iniciativa de la prensa madrileña. La fuente que finalmente se construyó era muy sencilla, alejada del proyecto inicial que parecía más ambicioso. Es posible que la recaudación de fondos no fuera suficiente para abordar el proyecto y el Ayuntamiento decidiese construir por su cuenta un monumento mucho más modesto.

En primer plano la fuente del Manifiesto en la plaza del Gran Teatro.

Conclusión

Retomando el relato de la política nacional, las primeras medidas del gobierno de Espartero fueron muy ambiciosas. Se convocaron unas cortes constituyentes, que debían aprobar una nueva Constitución que recogiera las demandas de los revolucionarios reflejadas en el Manifiesto. Sin embargo, el gobierno de Espartero duró sólo dos años y además fue un periodo de gran inestabilidad social y económica que acabó truncando muchas de las iniciativas gubernamentales. Finalmente, no se llegó ni siquiera a aprobar la nueva Constitución ya que en 1856, una vez que se había cerrado su redacción y antes de que fuese aprobada, Espartero fue derrocado por O’Donnell. Esto demuestra que O'Donnell había tenido que recurrir a los progresistas para evitar el fracaso del golpe, pero que ideológicamente estaba muy alejado de sus posiciones. Los nuevos gobiernos a partir de 1856 fueron sustentados por la Unión Liberal, nuevo partido surgido de la fusión entre las corrientes más centristas de moderados y progresistas. 

Podemos concluir que, aunque el Manifiesto sí que consiguió derribar al gobierno, el fracaso de la presidencia de Espartero imposibilitó que el programa político del Manifiesto pudiera llevarse completamente a la práctica. Sin embargo, la influencia del Manifiesto perduró entre los progresistas españoles durante buena parte del siglo XIX. No es raro encontrar periódicos que 15 o 20 años después reivindicaban la recuperación de los ideales recogidos en el Manifiesto de Manzanares.

Miguel Ángel Maeso Buenasmañanas, febrero de 2021.


Fuentes y bibliografía específica sobre los acontecimientos sucedidos en Manzanares

-  Noticias sobre la estancia en Manzanares de O'Donnell:

El Católico del 11 de julio de 1854 (prensa gubernamental).

El Genio de la Libertad del 17 de julio de 1854 (prensa afín a los sublevados).

Don Lope de Sosa, nº24 de octubre de 1914.

-  Noticias sobre la fuente del Manifiesto:

La Época del 18 de agosto de 1854 (propuesta para poner una placa conmemorativa).

La Iberia del 31 de agosto de 1854 (llegada de la comisión de Manzanares a Madrid).

La Época del 4 de septiembre de 1854 (propuesta de construcción de una fuente). 

La Época del  5 de septiembre de 1854 (recepción por parte del ministro de Fomento).

La Nación del 7 de septiembre de 1854 (recepción por Espartero y O'Donnell y decisión de abrir una suscripción popular para financiar el proyecto). 

La Nación del 9 de septiembre de 1854 (aportación de 1.000 reales por parte de Espartero y O'Donnell) 

 - Otras fuentes:

"El Manifiesto de Manzanares. Entre el pronunciamiento de Vicálvaro y la revolución de Julio", José Antonio García-Noblejas, Ayuntamiento de Manzanares, 1963.

 

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