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miércoles, 10 de febrero de 2021

EL MANIFIESTO DE MANZANARES (1854)

Quinto programa de "Apuntes de Historia", de Manzanares10Tv, dedicado al Manifiesto de Manzanares, redactado en nuestra localidad en 1854 por Antonio Cánovas del Castillo y firmado por el general Leopoldo O'Donnell.



Introducción

El Manifiesto fue la proclama de un militar golpista, el general O’Donell que en junio 1854 se había rebelado contra el gobierno del Partido Moderado. De hecho, el Manifiesto fue esencial para el triunfo de los sublevados, ya que posibilitó que una sublevación militar abocada al fracaso se convirtiese en una triunfante revolución popular que consiguió finalmente derribar al gobierno. 


General Leopoldo O'Donnell


Este hecho histórico forma parte de un largo ciclo de pronunciamientos, revoluciones y guerras civiles que asolaron España durante buena parte del siglo XIX. Durante este periodo se produjo la transición desde el antiguo régimen al estado liberal y en este complicado proceso se enfrentaron concepciones ideológicas totalmente contrapuestas. En un primer momento los defensores del absolutismo se opusieron a los liberales. En el campo liberal también había profundas disensiones entre moderados y progresistas. Conforme avanzó el siglo la situación se complicó aún más con nuevas corrientes ideológicas como los demócratas y los republicanos.

El sistema político e institucional del incipiente estado liberal no consiguió soportar estas enormes presiones internas y externas. Los continuos cambios constitucionales, la falta de confianza en las instituciones y el corrupto sistema electoral contribuyeron a enconar los problemas. Quizá uno de los factores que más favorecieron la inestabilidad política era la forma de elección del gobierno. El rey era el que designaba al presidente del consejo de ministros y una vez que éste formaba el nuevo gobierno, se celebraban elecciones en las que, gracias a prácticas corruptas, el partido gubernamental se aseguraba una cómoda mayoría en el parlamento. En este sistema, el rey tenía una función fundamental ya que, si se decantaba por alguno de los partidos de forma descarada, impedía el acceso al gobierno del resto de formaciones políticas. Y esto es precisamente lo que sucedió durante el reinado de Isabel II. La reina favoreció sistemáticamente al Partido Moderado frente al Partido Progresista. De hecho, en 1854, cuando ocurrió el pronunciamiento de O’Donnell, el Partido Moderado llevaba ya una década en el poder. Esto es más llamativo en una época en la que los gobiernos duraban pocos meses, incluso semanas. Isabel II llevaba diez años eligiendo una y otra vez presidentes del Partido Moderado. Prácticamente, la única opción que tenían el resto de formaciones políticas para acceder al poder era recurrir a algún militar de prestigio, para que mediante un pronunciamiento o golpe de estado derribase al gobierno y forzase a la reina a designar a un presidente de otro partido.

El pronunciamiento de O'Donnell de 28 de junio de 1854

En el verano de 1854 el gobierno del Partido Moderado estaba en sus horas más bajas. El intento de reforma constitucional de 1852 del presidente Bravo Murillo, en el que se pretendía restringir las libertades individuales y fortalecer el poder de la corona en detrimento del parlamento, había provocado fuertes fricciones internas entre los moderados. Los escandalosos casos de corrupción en relación a las concesiones ferroviarias, en los que estaba implicada Maria Cristina, la madre de la reina, habían terminado por romper el partido. A pesar de disfrutar de una clara mayoría en el parlamento, el gobierno no consiguió que las cortes aprobasen una nueva ley que debía ratificar estas polémicas concesiones ferroviarias.

María Cristina de Borbón-Dos Sicilias.
Madre de la reina Isabel II

Tras su derrota en el parlamento, el gobierno suspendió las cortes el 9 de diciembre de 1853 y aprobó por decreto el nuevo presupuesto. No contento con esta deriva autoritaria, el gobierno destituyó y desterró a importantes militares que habían mostrado su descontento u oposición. Los hermanos Gutiérrez de la Concha fueron destinadas a Canarias y Mahón. O'Donnell, Ros de Olano y Mesina se ocultaban en Madrid para evitar su deportación. Serranos fue desterrado a Jaén.

En esta situación de completo desprestigio, se empezaron a organizar conspiraciones contra el gobierno entre progresistas e incluso entre importantes facciones de los moderados. Los acontecimientos se desencadenaron el 28 de junio de 1854. El general Dulce, unos de los militares implicados en la trama, reunió a varios regimientos de caballería en las afueras de Madrid con el pretexto de realizar unas maniobras militares. En ese momento el general O’Donnell hizo acto de presencia, tomó el mando y desveló su intención de derrocar al gobierno. 

El resto de las tropas de guarnición en Madrid se mantuvieron fieles al gobierno por lo que O’Donnell intentó tomar la capital por la fuerza el día 30 de junio. Se produjo una batalla en Vicálvaro, en las afueras de Madrid, que acabó sin un claro vencedor. Después de la batalla, las tropas gubernamentales se retiraron a Madrid y los sublevados marcharon a Aranjuez.

Batalla de Vicálvaro.

En los días siguientes la situación de O’Donnell empeoró notablemente. Mientras las fuerzas gubernamentales recibieron refuerzos procedentes de Valladolid y Burgos, los rebeldes no consiguieron que más unidades del ejército se sumasen al pronunciamiento. El día 4 de julio O’Donnell, consciente de que estaba en una situación militar muy precaria, decidió retirarse  hacia el sur de España para ganar tiempo. El día 5 las tropas de O’Donnell legaron a Puerto Lápice, el 6 pernoctaron en Villarrubia de los Ojos y, finalmente, el día 7 alcanzaron Manzanares, seguidas muy de cerca, apenas a un día de distancia, por las tropas gubernamentales.

El Manifiesto

La situación de O'Donnell a su llegada a Manzanares era crítica. Habían pasado nueve días desde el pronunciamiento, los sublevados estaban en retirada, no habían conseguido más apoyos de otras unidades militares, ni tampoco habían sumado apoyos de los partidos de la oposición. Aunque había un gran hartazgo entre los progresistas con el gobierno del Partido Moderado, no se sumaron al golpe de estado porque desconfiaban de O’Donnell. Este general había estado vinculado en el pasado al Partido Moderado, lo que provocaba que los progresistas vieran este pronunciamiento como una disputa interna del Partido Moderado. 

O'Donnell tenía que tomar una decisión en Manzanares. Si aceptaba el fracaso del golpe y optaba por exiliarse, podía desde Manzanares retirarse con sus tropas hacia el oeste, en dirección a Portugal. Sin embargo, la llegada de dos importantes personajes alteraron el rumbo de los acontecimientos. El día anterior se había unido a los sublevados en Villarrubia de los Ojos el secretario personal de O'Donnell, Antonio Cánovas del Castillo. El general Serrano llegó directamente a Manzanares, procedente de Jaén donde estaba desterrado y acompañado por tan sólo cuatro cridados.

Antonio Cánovas del Castillo (1869).

Estos tres personajes (O’Donnell, Serrano y Cánovas) llegaron a la conclusión de que la única opción que les quedaba para que el pronunciamiento triunfase era sumar a la sublevación a los progresistas y éste fue el principal motivo que les llevó a redactar el Manifiesto de Manzanares. El Manifiesto era un texto breve, incluso ambiguo, pero tenía la virtud de mencionar las reivindicaciones históricas del Partido Progresista y con esto esperaban sumar a los progresistas al golpe.


Manifiesto de Manzanares del 7 de julio de 1854.


En el Manifiesto se hablaba, por ejemplo, de mejorar la ley electoral, aunque sin mayor concreción. La leyes electorales aprobadas por los moderados habían reducido mucho el derecho al voto. De hecho, sólo podía votar hombres mayores de 25 años que tributasen más de 400 reales en concepto de la contribución directa. Esta disposición limitaba el número de votantes a menos de un 1% de la población. Por el contrario, los progresistas defendían aumentar el número de electores bajando el mínimo de tributación que concedía el derecho al voto. El Partido Demócrata, que era una escisión del Partido Progresista, defendía el sufragio universal pero sólo para los hombres. En aquella época ninguna opción política se planteaba conceder el derecho de sufragio a las mujeres. En estos posicionamientos de los partidos había, además de principios ideológicos, cálculo político. Progresistas y demócratas confiaban en tener más votantes entre las clases medias y populares y esto era para ellos un claro incentivo para demandar la ampliación del censo electoral.

Otro punto que se mencionaba en el Manifiesto era la descentralización de la administración, dando mayor poder a los ayuntamientos. Los gobiernos del Partido Moderado habían aprobado una Ley Municipal que reservaba al gobierno o las autoridades provinciales el nombramiento de los alcaldes. Sin embargo, los progresistas defendían que los alcaldes debían ser elegidos por los vecinos mediante elecciones. 

Quizá el planteamiento más importante del Manifiesto y que más contribuyó a convencer a los progresistas era restaurar la milicia nacional, un cuerpo armado de ciudadanos voluntarios que debía tener el propósito de mantener el orden público y defender el régimen constitucional. Los progresistas consideraban que la milicia nacional era la mejor garantía para que se respetase la voluntad popular y evitar que futuros gobiernos quedasen a merced de la intervención del ejército.

La revolución

Una vez firmado el Manifiesto por O'Donnell, el gran objetivo de los sublevados era conseguir que se difundiese por toda España. Para ello, Cánovas del Castillo se adelantó a las tropas de O'Donnell y marchó hasta Jaén en busca de una imprenta donde poder imprimir copias. Acto seguido, regresó a Madrid escondido en un carro de un comerciante de aceite y, una vez en la capital, hizo circular de forma clandestina el Manifiesto.

El efecto del Manifiesto fue fulminante y partir de su difusión por toda España los hechos se precipitaron. Los progresistas y demócratas se empezaron a rebelar por toda España: el 14 de julio en Barcelona, el 16 en Valencia y el 17 en Madrid. Las masas populares llenaron de barricadas las calles de Madrid; hubo combates con las tropas que aún defendían al gobierno; asaltaron la casa del presidente del gobierno y el palacio de María Cristina y liberaron a presos políticos de las cárceles. En definitiva, una revolución en toda regla.

Asalto de la casa del presidente del gobierno por los revolucionarios.
Grabado publicado en La Ilustración del 7 de agosto de 1854.

Grabado publicado en La Ilustración del 7 de agosto de 1854.

La reina, cercada en el Palacio Real, no tuvo más remedio que ceder ante los sublevados y nombró presidente del gobierno al general Espartero, que era el líder histórico de los progresistas. Esto suponía que por primera vez en diez años el Partido Progresista retornaba el poder. El general O’Donnell también tuvo su recompensa y fue nombrado ministro de la Guerra. El 28 de julio el general Espartero hacía su entrada triunfal en Madrid, aclamado por la multitud, dando comienzo al periodo conocido como el Bienio Progresista (1854-1856).

Baldomero Espartero (1865)

La estancia de O'Donnell en Manzanares

Una vez explicados los principales hechos de política nacional relacionados con el Manifiesto nos detendremos en narrar lo sucedido en Manzanares durante la estancia del general O'Donnell. Los sublevados apenas estuvieron en Manzanares dos días. Llegaron el 7 de julio, que fue el mismo día en el que se firmó el Manifiesto, y partieron de la localidad en la mañana el día 9 en dirección a Santa Cruz de Mudela, perseguidos de cerca por las tropas gubernamentales.

En la prensa de la época apenas hay detalles concretos sobre lo sucedido en esos dos días en Manzanares y, además, la imagen que nos transmiten las noticias publicadas varía mucho dependiendo de la afinidad política del medio de comunicación. En la prensa gubernamental se acusaba a los sublevados de que, a punta de bayoneta, se habían llevado del Ayuntamiento la recaudación del impuesto de la contribución del primer trimestre y que, además, habían exigido a los vecinos más acaudalados un pago adicional de 40.000 reales. En la prensa afín a los sublevados se publicó que en Manzanares hubo una gran celebración la noche del día 8 de julio, amenizada con una orquesta militar, con la participación entusiasta de los vecinos y los soldados, que gritaron vivas a la Constitución, a la libertad y a los generales O’Donnell y Serrano. 

Curiosamente, la mejor fuente de información sobre lo acontecido esos días es un reportaje de una revista de Jaén, de nombre Don Lope de Sosa, publicada en 1914, sesenta años después de sucedidos los hechos. Según esta revista, el general O’Donnell fue recibido en nuestra localidad por Francisco González-Elipe Camacho. Este ilustre manzanareño había tenido una activa vida política. Fue diputado en cinco ocasiones y nombrado senador vitalicio en 1845. Además de político, fue jurista y escritor, siendo autor de numerosas comedias y dramas. 

Francisco González-Elipe Camacho.
Foto obtenida del libro "El Manifiesto de Manzanares" de José Antonio García-Noblejas.

Según cuenta la revista, Cánovas se alojó en la casa del alcalde en funciones, Pablo González-Calero Ruiz-Escribano, situada en la esquina de la calle Empedrada con Manifiesto, en el edificio en el que actualmente hay una pastelería. Sería precisamente en esta casa donde Cánovas redactó el Manifiesto.

Foto originalmente publicada en la revista Don Lope de Sosa, en el nº24 de octubre de 1914.

Por último, también se cuenta en la revista que el Manifiesto fue firmado por O’Donnell en la casa, ya desaparecida, de Francisco González-Elipe donde estaba alojado, en la esquina de la calle Iglesia con Empedrada.

Foto originalmente publicada en la revista Don Lope de Sosa, en el nº24 de octubre de 1914.

Que el general O'Donnell eligiese Manzanares para hacer un parada no fue, probablemente, fruto de la casualidad. En primer lugar, en nuestra localidad contó con el apoyo de las autoridades municipales espoleadas por la influencia de Antonio González-Elipe, que posiblemente conocería al propio O'Donnell gracias a su prolongada carrera política en Madrid dentro del Partido Moderado. En segundo lugar, nuestra localidad se había caracterizado en el pasado reciente por ser un bastión del liberalismo en la provincia de Ciudad Real. Tanto durante el Trienio Liberal (1820-1823) como durante la Primera Guerra Carlista (1833-1840), Manzanares había sido un contrapeso en la provincia frente a absolutistas y carlistas. Estos condicionantes pudieron favorecer que O'Donnell eligiese Manzanares, esperando recibir un acogida más entusiasta que la que había obtenido en los días previos en otras poblaciones desde su salida de Aranjuez el día 4 de julio.

La fuente del Manifiesto de Manzanares

En el mes de agosto de 1854, en el seno de la prensa madrileña surgió una iniciativa para construir un monumento conmemorativo del Manifiesto en Manzanares. El Ayuntamiento de Manzanares se sumó a este iniciativa y a finales de agosto envió a Madrid una comisión con el objetivo de recaudar fondos para erigir el monumento. Dicha comisión estaba compuesta por José Carrión Vega, Francisco Sánchez Cantalejo y José Antonio Merino. 

Los comisionados, acompañados por relevantes periodistas propulsores del proyecto, fueron recibidos por el ministro de Fomento. En presencia del ministro se propuso la construcción de un monumento que fuera de utilidad para los manzanareños, en concreto una fuente que debía ubicarse en la plaza mayor. Los comisionados indicaron que se podía traer el agua hasta la fuente de un paraje que distaba una legua y media de la localidad. Estimaban que para hacer esta obra se necesitaría un presupuesto de unos 20.000 duros. Posteriormente, la comisión fue recibida por Espartero y O’Donnell y se decidió abrir una suscripción nacional para recaudar fondos para el proyecto. Tanto O’Donnell como Espartero apoyaron el proyecto y aportaron cada uno de ellos 1.000 reales.

Aunque es cierto que en Manzanares hubo una fuente del Manifiesto, primero en el parterre del kiosco de la música, frente a la fábrica de harinas, y después en la plaza del Gran Teatro hasta finales de los años 70 del siglo XX, no sabemos si en realidad fue construida con los fondos recaudados por esta iniciativa de la prensa madrileña. La fuente que finalmente se construyó era muy sencilla, alejada del proyecto inicial que parecía más ambicioso. Es posible que la recaudación de fondos no fuera suficiente para abordar el proyecto y el Ayuntamiento decidiese construir por su cuenta un monumento mucho más modesto.

En primer plano la fuente del Manifiesto en la plaza del Gran Teatro.

Conclusión

Retomando el relato de la política nacional, las primeras medidas del gobierno de Espartero fueron muy ambiciosas. Se convocaron unas cortes constituyentes, que debían aprobar una nueva Constitución que recogiera las demandas de los revolucionarios reflejadas en el Manifiesto. Sin embargo, el gobierno de Espartero duró sólo dos años y además fue un periodo de gran inestabilidad social y económica que acabó truncando muchas de las iniciativas gubernamentales. Finalmente, no se llegó ni siquiera a aprobar la nueva Constitución, ya que en 1856, una vez que se había cerrado su redacción y antes de que fuese aprobada, Espartero fue derrocado por O’Donnell. Esto demuestra que O'Donnell había tenido que recurrir a los progresistas para evitar el fracaso del golpe, pero que ideológicamente estaba muy alejado de sus posiciones. Los nuevos gobiernos a partir de 1856 fueron sustentados por la Unión Liberal, nuevo partido surgido de la fusión entre las corrientes más centristas de moderados y progresistas. 

Podemos concluir que, aunque el Manifiesto sí que consiguió derribar al gobierno, el fracaso de la presidencia de Espartero imposibilitó que el programa político del Manifiesto pudiera llevarse completamente a la práctica. Sin embargo, la influencia del Manifiesto perduró entre los progresistas españoles durante buena parte del siglo XIX. No es raro encontrar periódicos que 15 o 20 años después reivindicaban la recuperación de los ideales recogidos en el Manifiesto de Manzanares.

Miguel Ángel Maeso Buenasmañanas, febrero de 2021.



Fuentes y bibliografía específica sobre los acontecimientos sucedidos en Manzanares

-  Noticias sobre la estancia en Manzanares de O'Donnell:

El Católico del 11 de julio de 1854 (prensa gubernamental).

El Genio de la Libertad del 17 de julio de 1854 (prensa afín a los sublevados).

Don Lope de Sosa, nº24 de octubre de 1914.

-  Noticias sobre la fuente del Manifiesto:

La Época del 18 de agosto de 1854 (propuesta para poner una placa conmemorativa).

La Iberia del 31 de agosto de 1854 (llegada de la comisión de Manzanares a Madrid).

La Época del 4 de septiembre de 1854 (propuesta de construcción de una fuente). 

La Época del  5 de septiembre de 1854 (recepción por parte del ministro de Fomento).

La Nación del 7 de septiembre de 1854 (recepción por Espartero y O'Donnell y decisión de abrir una suscripción popular para financiar el proyecto). 

La Nación del 9 de septiembre de 1854 (aportación de 1.000 reales por parte de Espartero y O'Donnell) 

 - Otras fuentes:

"El Manifiesto de Manzanares. Entre el pronunciamiento de Vicálvaro y la revolución de Julio", José Antonio García-Noblejas, Ayuntamiento de Manzanares, 1963.

 


 



sábado, 6 de febrero de 2021

DOCUMENTAL "MANZANARES: MONUMENTOS, ARQUITECTURA Y CALLES"

En esta entrada del blog recuperamos el documental "Manzanares: Monumentos, Arquitectura y Calles", producido en el año 2004 por Manzanares Televisión Municipal (MTM), con texto y locución de Juan José Díaz Portales. En el documental se muestran los principales edificios de Manzanares, tanto históricos como el castillo, las iglesias o ermitas y otros de más reciente construcción como la biblioteca municipal o el pabellón ferial. 

Desde la grabación del documental hasta la actualidad se han producido algunos importantes cambios urbanísticos. Por ejemplo, se puede ver en el documental como la Plaza de la Constitución todavía contaba con la zona ajardinada y la fuente en su centro. En el caso del castillo se puede observar como sólo se había recuperado una parte del edificio. Las calles del casco antiguo todavía conservaban las aceras elevadas sobre la calzada.



Incluimos a continuación enlaces a fragmentos del documental correspondientes a diferentes edificios y monumentos:

- Castillo.

- Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción.​

- Convento Franciscanas Descalzas.

- Iglesia de Altagracia.

- Ermita de la Veracruz.

- Ermita de San Antón.

- Ermita de la Paz.

- Ermita de San Blas.

- Iglesia de la Divina Pastora.

- Ermita Virgen del Carmen.

- Ermita del Cristo.

- Ermita de la Magdalena o San Isidro.

- Plaza de la Constitución.

- Ayuntamiento.

- Casco Antiguo.

- Plaza de Toros.

- Parador de Turismo.

- Corral de Comedias del Hotel El Cruce.

- Fábrica de harinas.

- Bodegas.

- Polígono.

- Plaza Gran Teatro.

- Biblioteca Municipal.

- Otros construcciones modernas.


 Polígono

sábado, 9 de enero de 2021

FOTOGRAFÍAS ANTIGUAS MANZANARES: Calle Toledo

En esta entrada del blog vamos a hacer un recorrido fotográfico por la calle Toledo. Viajaremos a través del tiempo mostrando viejas fotografías que nos van a permitir conocer la evolución urbanística de este calle a lo largo de los años. 

Este viaje no hubiera sido posible sin el magnífico trabajo de recopilación fotográfico realizado en el grupo de Facebook "Fotos antiguas de Manzanares", administrado por Pedro Villaroel González-Elipe.

La primera foto nos muestra un edificio ya desaparecido al inicio de la calle, en la esquina con Morago y Reyes Católicos. Actualmente, en esta misma ubicación, hay una oficina bancaria.

Esquina Toledo con Morago y Reyes Católicos.
Foto obtenida del grupo de Facebook "Fotos antiguas de Manzanares". 


A continuación, entre Reyes Católicos y Miguel de Cervantes, se situaba la sastrería de Clemente. Este edificio fue reemplazado en los años 70 por una torre de pisos, de cuyo proceso de construcción conservamos también una fotografía.

Sastrería de Clemente, entre Morago y Miguel de Cervantes.
Foto proporcionada por Ofelia Clemente.

Construcción de un bloque de pisos en la antigua sastrería de Clemente.
Foto proporcionada por Ofelia Clemente.

También en la esquina de Miguel de Cervantes con Toledo, pero en la acera contraria, llegamos a un edificio que a lo largo de su existencia tuvo usos muy diferentes. A principios del siglo XX fue un casino llamado inicialmente Colonial y a partir de 1920 recibió el nombre de La Unión. Durante la Segunda República fue sede del partido político Renovación Española. Iniciada la Guerra Civil, fue requisado y utilizado como cuartel. Terminado el conflicto bélico, fue sede del Auxilio Social. En 1971 fue donado a los padres Paules, que lo utilizaron como seminario misionero. Tras el cierre del seminario, fue vendido, derribado y se construyó en el solar un bloque de pisos. 

Seminario misionero de los Paules, en la esquina de Toledo con Miguel de Cervantes.
Foto obtenida del grupo de Facebook "Fotos antiguas de Manzanares".

Patio interior del seminario de los Paules.
Foto obtenida del grupo de Facebook "Fotos antiguas de Manzanares".

Puerta de la iglesia de los Paules, a la espalda del edificio, en la calle Lope de Vega.
Foto obtenida del grupo de Facebook "Fotos antiguas de Manzanares".


Esta zona inicial de la calle, que es más ancha, se llamó en tiempos pasados plazuela de Toledo y sirvió durante unos años de parada de autobuses, o como se decía en la época de parada de las pavas.

Parada de las pavas.
Foto de Manuel Gigante Chaparro. Proporcionada por Antonio Bermúdez García-Moreno.


Justo en la acera de enfrente encontramos un negocio casi centenario que aún hoy día sigue abierto, la papelería Rodríguez. En la primera fotografía, la casa de la derecha se correspondería con el actual bar Colón y a la izquierda está la papelería Rodríguez.

Foto obtenida del grupo de Facebook "Fotos antiguas de Manzanares". 


En esta segunda fotografía, en la que el plano es más abierto, se puede ver en la acera izquierda el edificio que en la actualidad ocupa el Banco Santander.

Foto obtenida del grupo de Facebook "Fotos antiguas de Manzanares". 


Siguiendo la calle por la acera de los números pares encontramos otro negocio emblemático de Manzanares, la pastelería del Buen Gusto, que ha estado abierto hasta fechas muy recientes. No podremos olvidar sus tartas de almendras o de yema y su pan y chocolate.

Pastelería del Buen Gusto.
Foto obtenida del grupo de Facebook "Fotos antiguas de Manzanares". 


Un poco más adelante, la antigua sucursal del Banco Español de Crédito.

En el centro de la foto, la antigua sucursal del Banco Español de Crédito.
Foto proporcionada por Sagrario Álvarez Pedrero.

Antigua sucursal del Banco Español de Crédito en un día de nevada del año 1956.
Foto de Manuel Gigante Chaparro. Proporcionada por Antonio Bermúdez García-Moreno.


A pocos metros de distancia, en la esquina de la calle Toledo con la Padres Capuchinos, estuvo ubicada durante muchos años la librería Díaz-Pinés.

Librería Díaz-Pinés.
Foto obtenida del grupo de Facebook "Fotos antiguas de Manzanares".


La plaza del Gran Teatro será objeto de una entrada específica, por lo que cambiamos de acera para ver en la siguiente fotografía la construcción del bloque de pisos ubicado en la esquina con la calle Virgen de la Paz.    

En el centro de la foto, edificio en construcción en la esquina de la calle Toledo con Virgen de la Paz.
Foto obtenida del grupo de Facebook "Fotos antiguas de Manzanares".


Justo a la espalda desde donde se tomó la anterior fotografía, podemos ver la esquina de la calle Toledo con la calle Libertad.

Esquina calle Toledo con Libertad.
Foto obtenida del grupo de Facebook "Fotos antiguas de Manzanares".


La próxima foto es más reciente, de finales de los ochenta o principios de los noventa. En el local en el que actualmente hay una oficina de La Caixa estuvo ubicada una galería comercial, el Multi Centro.

Multi Centro
Foto obtenida del grupo de Facebook "Fotos antiguas de Manzanares". 

Unos metros más adelante, llegamos a la esquina de la calle Toledo con Pérez Galdós y el Paseo de la Estación.

Esquina calle Toledo con paseo de la Estación.
Foto obtenida del grupo de Facebook "Fotos antiguas de Manzanares"


Nuestro recorrido finaliza en la Vereda, conocida por este nombre por coincidir su trayecto con la cañada Real Soriana. Esta zona fue urbanizada a partir de 1910, llamándose inicialmente calle Nueva Toledo.

La Vereda.


miércoles, 6 de enero de 2021

VÍDEO: AVANCE SOBRE LA CONFERENCIA "El LUGAR DE MANZANARES EN EL CAMPO DE CALATRAVA. SU ORIGEN Y DESARROLLO EN LA EDAD MEDIA" DE LAS JORNADAS MEDIEVALES DEL AÑO 2021

En este vídeo Juan de Ávila Gijón hace un breve resumen de su próxima conferencia "El Lugar de Manzanares en el Campo de Calatrava. Su origen y desarrollo en la Edad Media". Esta conferencia formará parte de los actos culturales de las Jornadas Medievales de Manzanares del año 2021. 

Juan de Ávila Guijón adelanta novedosas conclusiones sobre el origen y el nombre de Manzanares, que ponen en entredicho otras teorías hasta ahora ampliamente aceptadas.





jueves, 31 de diciembre de 2020

EL COFRE DE MONEDAS DE ORO DE LAS HERMANAS GALIANA PINILLA "LARGAVIDA". Una investigación histórica de una leyenda familiar

(Aunque este artículo esté redactado con cierto aire literario, todos los hechos relatados son verídicos)

1. LA LEYENDA

La primera vez que tuve noticias de una curiosa historia familiar sobre la existencia de un cofre lleno de monedas de oro fue durante la investigación que realicé en 2016 y 2017 para la elaboración de mi libro La familia Pedrero. Los constructores de los edificios más emblemáticos de Manzanares. En este libro intentaba contar algunos hechos de la historia de Manzanares a través de los acontecimientos sucedidos a la familia materna de mi padre, los Pedrero. Para ello, realicé numerosas entrevistas a familiares, con los que en muchos casos llevaba años sin tener apenas contacto, excepto algún breve saludo al cruzarnos por la calle. En este sentido, la redacción del libro me brindó la oportunidad de recuperar relaciones abandonadas desde hacía mucho tiempo y fue posiblemente una de las mayores satisfacciones que me proporcionó esta primera incursión como historiador. 

Durante estas entrevistas fue cuando conocí por primera vez la historia, que casi calificaría de leyenda, del cofre repleto de monedas de oro. Hasta tres familiares distintos me contaron un relato muy similar, aunque con ligeras variaciones. En esencia, la historia consistía en que unas tías de mi abuela María Teresa Pedrero Pinilla habían vivido toda su vida con bastante desahogo gracias a un cofre lleno de monedas de oro que ocultaban en su casa. El origen de este tesoro era lo más oscuro del relato. En la mejor de las versiones, tras un famoso robo sucedido en las cercanías, vecinos de Manzanares habían salido a caballo o en galera en persecución de los ladrones y nuestro familiar habría encontrado parte del botín, pero en lugar de devolverlo a sus legítimos dueños aplicó el conocido refrán de "el que roba a un ladrón tiene 100 años de perdón" y optó por quedarse con el dinero. La existencia de las monedas parece que está probada ya que mi abuela y sus hermanas heredaron parte de este dinero cuando sus tías murieron sin descendencia. Esto ocurrió, según me contaron, unos años antes de la Guerra Civil y tuvo que intervenir el juez de paz para repartir la herencia ya que todos los familiares cercanos, e incluso lejanos, se abalanzaron sobre las famosas monedas. De hecho, alguna hermana de mi abuela contaba que si las tías hubiesen sobrevivido hasta la Guerra Civil, hubieran sido seguramente robadas por los milicianos, ya que la existencia de este tesoro era vox populi en todo el pueblo.

Esta historia era un auténtico filón para el libro que estaba escribiendo. Para poder incluirla en el libro necesitaba, al menos, relacionar este relato con algún acontecimiento histórico contrastado. Me permitiría redondear el libro con una historia muy curiosa e interesante. Imbuido del espíritu de un Indiana Jones en busca del arca perdida, me dispuse a investigar para encontrar alguna pista que convirtiese este relato familiar en hechos históricos. Eso sí, en vez de investigar en los desiertos de Egipto perseguido por una horda de nazis fanáticos, mis pesquisas transcurrirían en el apacible Manzanares del siglo XXI y en la mejor de las compañías.

2. LOS PRIMEROS PASOS DE MI INVESTIGACIÓN. La visita al cementerio.

El primer paso de mi investigación consistía en identificar quiénes eran estas famosas tías de mi abuela, a las que apodaban "Largavida". En este caso, tenía una pista muy sólida ya que los familiares a los que había entrevistado me confirmaron que estaban enterradas en el cementerio municipal, justo al lado de mis bisabuelos Alfonso Pedrero Peña y Teresa Pinilla Guijarro. Hacía años que no había ido al cementerio y, aunque creía recordar donde estaban enterrados mis bisabuelos, no estaba seguro de encontrar la tumba. Pedí ayuda a mi padre, que se prestó en el acto a acompañarme. Consciente de la avanzada edad de mi padre, para mi era un placer involucrarle en mi investigación y tener la oportunidad de compartir con él una soleada mañana de indagaciones históricas. En el fondo, creo que para mi padre también era un satisfacción que le pidiera ayuda, precisamente para visitar el cementerio, ya que creo que estaba un poco preocupado por mi dejación desde hacía años en visitar a nuestros familiares difuntos en el día de Todos los Santos.

No fue difícil localizar la tumba, muy bien conservada a pesar de la antigüedad y que denotaba por sus ornamentos la posición acomodada que habían alcanzado en vida sus moradores. La información que nos proporcionó la lápida fue muy completa ya que estaban los nombres, fechas de nacimiento y de defunción de las dos hermanas "Largavida", de sus padres y, como descubrí posteriormente, de uno de los dos maridos que tuvo la menor de las hermanas. 

Tumba de la familia Galiana Pinilla.

En concreto, la información que contenía la lápida era:

NOMBRE NACIMIENTO FALLECIMIENTO
Pedro Galiana Parada 10/10/1815 05/08/1878
Ignacia Pinilla Fernández-Pacheco 25/09/1814 23/05/1896
José Noblejas Martín del Campo 22/01/1842 07/07/1890
Isabel Galiana Pinilla 14/02/1838 22/01/1932
Josefa Galiana Pinilla 22/03/1852 29/01/1932

Aspirando a emular a Sherlock Holmes hice varias deducciones que sorprendieron a mi padre, aunque esto era fácil ya que siempre estaba dispuesto a sobrevalorar los aciertos de sus hijos. Tres de las personas enterradas habían fallecido mucho antes de que inauguraran el cementerio municipal en 1912, lo que denotaba que las hermanas "Largavida" habían tenido el cuidado (y el dinero suficiente) de trasladar los restos de sus familiares desde el antiguo cementerio parroquial. Resultaba obvio el apodo de "Largavida" ya que la madre había llegado a los 81 años años de edad y una de las hijas a los 93 y esto en una época en la que la esperanza de vida era notablemente inferior a la actual. Curiosamente, ambas hermanas habían fallecido con sólo una semana de diferencia. También recordé un protocolo notarial que había encontrado unos meses antes, por pura casualidad mientras ojeaba unos legajos en el Archivo Histórico Provincial de Ciudad Real. El protocolo en cuestión era la adjudicación de herencia de mi tatarabuelo Manuel Pinilla Herrera y en el documento se detallaba que mi tatarabuelo tenía una deuda de 750 pesetas, cantidad relativamente considerable para la época, con Ignacia Pinilla Fernández-Pacheco, la madre de las hermanas "Largavida", por un préstamo que le había realizado para comprar una casa. Otro indicio más de que tenían una situación económica desahogada, que les permitía prestar dinero a miembros de su familia. Por último, recordé una vieja fotografía que había conservado mi abuela Teresa Pedrero Pinilla y que tenía anotado por detrás, con la inconfundible letra de mi tío Jesús, el nombre de Isabel. Esta fotografía me tenía desde tiempo atrás un poco confundido, ya que no conseguía encontrar en la familia de mi abuela ningún familiar de nombre Isabel. ¿Quizá fuese Isabel Galiana Pinilla, una de las hermanas "Largavida"? Sería muy llamativo que tantos años después pudiese ver la cara de una de las personas enterradas en la tumba que habíamos ido a visitar.

Posible retrato de Isabel Galiana Pinilla.

Exprimido mi cerebro y agotadas todas las deducciones más obvias que se podían extraer de la lápida, quedaba por delante un trabajo más complicado para poder identificar el parentesco exacto de las hermanas "Largavida" con mi abuela. En Manzanares contamos con otro tesoro, en este caso documental, que posibilita las investigaciones de tipo genealógico y que permite de forma relativamente fácil encontrar información como la que estaba buscando sobre el parentesco con las hermanas "Largavida". El archivo de la parroquia de la Asunción conserva los libros de bautismos, bodas y defunciones desde finales del siglo XVI hasta la actualidad. Además, gracias a la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, más conocidos como los mormones, el archivo digitalizado de la parroquia está disponible para su consulta por Internet en la página www.familysearch.org, lo que facilita enormemente el trabajo del investigador. Aunque implique desviarnos un poco de nuestro relato, creo que es interesante explicar por qué el archivo de la Asunción ha acabado siendo publicado en Internet por los mormones. Esta iglesia, cuya sede está en Salt Lake City en EE.UU, intenta construir un árbol genealógico de toda la humanidad con el objetivo de salvar el alma de los fallecidos mediante el ordenamiento de su bautizo, aunque sea siglos después de su muerte. Es por ello que digitalizan archivos parroquiales por todo el mundo, para incorporar el mayor número de personas posibles a su árbol genealógico mundial y poderles bautizar. Así que, estimado lector, si su familia lleva residiendo en Manzanares varias generaciones sepa que es posible que sus antepasados hayan sido bautizados por los mormones.

Con la inestimable ayuda de los mormones, puede reconstruir el árbol genealógico de las hermanas "Largavida" y comprobé, para mi sorpresa, que el parentesco con mi familia era relativamente lejano. Ignacia Pinilla, la madre de las "Largavida", era tía de mi tatarabuelo Manuel Pinilla Herrera, al que prestó el dinero. Por tanto, y espero no liarme con los parentescos, Ignacia Pinilla era tía-abuela de mi bisabuela Teresa Pinilla Guijarro y tía-bisabuela de mi abuela María Teresa Pedrero Pinilla. Perdón por el galimatías, pero básicamente  podríamos afirmar que el parentesco era muy, muy lejano. A pesar de esta lejanía, el hecho de que las "Largavida" no tuviesen descendencia había favorecido que mantuvieran una relación cercana con la familia de mi abuela. De hecho, mis bisabuelos Alfonso Pedrero Peña y Teresa Pinilla Guijarro tuvieron su primer domicilio en la misma casa de las hermanas "Largavida", en la calle Virgen de la Paz, frente al actual hotel Menano.

Decepcionado por el lejano parentesco con los Pedrero y sin haber encontrado ningún acontecimiento histórico que pudiera relacionar con este relato, muy a mi pesar, decidí no incluir esta prometedora historia, pero también esquiva, en el libro de La Familia Pedrero.

3. LA FRUCTÍFERA, PERO EQUIVOCADA, PISTA DEL ROBO AL TREN CORREO

Finalmente, terminé el libro de La Familia Pedrero en la primavera de 2017 y como había acabado bastante saturado me prometí firmemente no volver a escribir nunca más y terminar con mi incipiente carrera de historiador aficionado. Mis firmes propósitos de abandonar mi faceta de historiador apenas duraron unas semanas ya que, espoleado por la buena aceptación del libro y echando de menos el placer de la investigación, en poco tiempo estaba buscando un nuevo tema sobre el que escribir.

Recordé que en una de las entrevistas un familiar me había mencionado la posibilidad de que las monedas de oro procedieran del robo de un tren correo en las cercanías de Manzanares. Decidido a continuar por esta línea de investigación, empecé a releer antiguas revistas de Siembra, para ver si en alguna de ellas aparecía algún artículo sobre el mencionado robo. Tras no encontrar nada en Siembra, recurrí a la hemeroteca digital de la Biblioteca Nacional, ya que el atraco a un tren habría sido posiblemente recogido en periódicos de todo el país. 

La primera noticia que encontré fue del famoso atraco al tren correo de Andalucía, ocurrido el 11 de abril de 1924 y que fue llevado a la televisión en los años ochenta en la serie La Huella del Crimen. Los tres ladrones se subieron al tren en Aranjuez y tras asesinar a los dos empleados del coche correo se bajaron con el botín en Alcázar de San Juan. Allí les esperaba su socio que había contratado a un taxista en Madrid para que les llevara de vuelta a la capital. Lo más curioso era que el taxista en cuestión se llamaba Miguel Pedrero y esto me puso en alerta. Finalmente, tras pensarlo serenamente, tuve que que desechar que este atraco estuviera relacionado con el oro de las hermanas "Largavida". En primer lugar, las fechas no concordaban ya que las hermanas debían poseer el oro muchos años antes. Que el taxista se apellidase Pedrero era una simple casualidad, ya que no tenía ningún parentesco con mi familia y, además, según comprobé en noticias de prensa de la época fue un simple testigo que en todo momento colaboró con la policía.  

Descartado este atraco, seguí buscando pacientemente en la prensa alguna noticia que relacionase a Manzanares con el robo de un tren. Tuve que remontarme nada menos que hasta el año 1872, pero al menos los resultados fueron espectaculares y prometedores. El 31 de marzo de 1872 un grupo de unos veinticinco bandoleros hicieron descarrillar un tren correo entre Manzanares y Valdepeñas y tras reducir a tiros a dos guardias civiles y un teniente del ejército que viajaban como pasajeros se hicieron con un enorme botín, que según las dispares noticias de prensa, pudo ascender desde las 10.000 hasta las 200.000 pesetas. Como parte del botín, había seis cajas de caudales con la recaudación de la compañía ferroviaria. Aunque la Guardia Civil de Manzanares partió rápidamente en persecución de los bandoleros lo único que logró encontrar fueron los restos de las cajas que habían sido forzadas. Este suceso parecía encajar un poco más con la historia de las "Largavida", pero no encontré ninguna conexión con que vecinos de Manzanares se hubieran beneficiado por participar en el atraco o por recuperar parte del botín. De hecho, la Guardia Civil no llegó a detener a los culpables.

Grabado publicado en el semanario La Ilustración Española y Americana del 8 de abril de 1872, en el que se representa el atraco al tren correo en Manzanares del 31 de marzo de ese mismo año.

A principios de 1873, la prensa relataba otro atraco sucedido a tres kilómetros de Manzanares de un tren procedente de Extremadura, pero en este caso los ladrones fueron unos militares que en los días previos se habían levantado en armas en favor de la instauración de la república federal. En este caso, el botín ascendió a 19.000 reales.

Aunque seguía sin poder conectar estos hechos con el oro de las hermanas "Largavida", esta investigación resultó finalmente de los más fructífera. No sólo encontré estas noticias sobre los atracos al tren, sino que descubrí más de 350 artículos sobre Manzanares en periódicos nacionales, lo que me llevó a publicar en diciembre de 2018 mi segundo libro Manzanares durante el Sexenio Revolucionario (1868-1874). El Sexenio fue uno de los periodos más turbulentos de la historia de España, durante el ya de por sí caótico siglo XIX. La provincia de Ciudad Real fue testigo de levantamientos carlistas, republicanos y de la acción impune de los bandoleros, ocupando en muchos casos Manzanares un lugar destacado.

De hecho, pensé que la familia "Largavida" podría tener alguna relación con el Partido Republicano de Manzanares, que fue uno de los bastiones del movimiento republicano en la provincia de Ciudad Real. El primer republicano que en 1873 llegó a ser alcalde de Manzanares, Pedro Galiana Camarena, compartía nombre y apellido con el padre de las hermanas "Largavida" y uno de los miembros más activos del Comité Republicano local, Isidro Fernández-Pacheco Pinilla, compartía los dos apellidos, aunque en diferente orden, con la madre de las "Largavida". Mi imaginación intentaba conectar al padre de las "Largavida" con alguna partida republicana y algún fructífero botín, pero tras una nueva búsqueda genealógica descubrí que la coincidencia de apellidos era pura casualidad y que no tenían ninguna relación familiar cercana con estos destacados republicanos manzanareños.

Por segunda vez, publicaba un libro sin poder incluir la dichosa leyenda familiar. No había forma de conectarla con hechos históricos contrastados. Al menos, la investigación había sido muy fructífera y me había permitido encontrar información inédita suficiente como para publicar este segundo libro.

4. UNA NUEVA PISTA ME DIRIGE A SAN CARLOS DEL VALLE

En marzo del año de 2019 publiqué un artículo, precisamente sobre el atraco al tren de correo de 1872, en la revista Raíz y Rama. La presentación de la revista se realizó en el salón de actos de la biblioteca municipal y los colaboradores tuvimos la oportunidad de hacer una intervención breve para presentar nuestros artículos. Una vez terminado el acto una persona se acercó a hablar conmigo. Tengo que reconocer que me produjo cierta satisfacción, ya que al menos esta persona, al margen de mi padre y dos de mis hermanos que también habían asistido al acto, parecía interesado en mi intervención. 

Me comentó que el relato del robo del tren correo le había recordado a una historia que había sucedido en la zona de San Carlos del Valle. Según me contó, un grupo numeroso de personas había asaltado la casa de un bandolero y le habían robado cajas llenas monedas de oro que había atesorado después de toda una vida dedicada al crimen. 

Evidentemente, este relato volvió a recordarme a las hermanas "Largavida" y en cuanto tuve oportunidad empecé a buscar información sobre este suceso. Tras varios días de búsqueda por Google y en hemerotecas digitales desistí de continuar ya que no hallé ningún dato histórico que avalase la historia que me había contado y que supuestamente tuvo lugar en San Carlos del Valle. Lo que no supe en ese momento es que había estado muy cerca, ya que el suceso no ocurrió en esta población sino en la cercana Torre de Juan Abad.

5. LA PISTA QUE PODRÍA SER LA DEFINITIVA

Como buena parte de los avances de esta investigación, la pista que podría ser la definitiva me llegó por casualidad. En diciembre de 2020 estaba bastante ocupado con mi trabajo, nada relacionado con mi afición de historiador. Quitándome horas de sueño encontré tiempo suficiente para preparar una nueva entrega de Apuntes de Historia, un programa de Manzanares10TV en el que llevaba unos meses colaborando. En esta ocasión, el programa estaba dedicado al Manifiesto de Manzanares y haciendo un barrido de información de números antiguos de Siembra encontré un artículo de noviembre de 1996 de Ruiz Martín en el que se mencionaba de pasada el Manifiesto, pero cuyo tema principal era narrar una conversación de un grupo de personas mayores de la que había sido testigo el autor del artículo sesenta y cinco años antes, cuando era un niño, en el invierno de 1931. 

La historia recogida por Ruiz Martín encajaba perfectamente con lo que me habían contado de las hermanas "Largavida": había un robo, gran cantidad de monedas de oro y vecinos de Manzanares que de manera fortuita se habían quedado con parte del dinero. Además, hacía referencia a dos artículos de prensa que refrendaban la veracidad de los hechos. El primero era una entrevista al bisnieto del propietario legítimo de las monedas, Juan Tomás Frías del Castillo, publicada en la revista Joray de Torre de Juan Abad de septiembre de 1984. El segundo era un artículo del periódico Lanza del 7 de septiembre de 1991, el que un vecino de Torre de Juan Abad añadía interesantes detalles sobre el robo que le habían contado su padre y su tío.

Nunca podremos tener la certeza de que el dinero de las "Largavida" tenía esta procedencia, pero al menos había encontrado una historia que encajaba perfectamente con todos los datos conocidos. ¡Después de cuatro años conseguía por fin que las piezas del puzle terminaran por encajar! Sin más dilación, pasaremos a contar la historia.

6. LA HISTORIA. El robo

En primer lugar nos centraremos en el robo del dinero, que no fue de un tren correo como había pensado hasta entonces, y más adelante explicaremos como llegó el dinero hasta Manzanares. 

Los hechos acontecieron en octubre de 1873. Recordemos que estamos en tiempos de la Primera República, en pleno Sexenio Revolucionario, y que España se ve sacudida en esos momentos por la Tercera Guerra Carlista y por la Revolución Cantonal de carácter republicano federal. En la provincia de Ciudad Real ambos conflictos bélicos se desarrollaron como una guerra de guerrillas en la que era difícil diferenciar si los grupos armados que campaban a sus anchas eran carlistas, republicanos o simples bandoleros.

Juan Tomás Frías del Castillo (1800-1874) era un rico propietario de Torre de Juan Abad. Durante su juventud había sido militar, llegando a obtener el grado de capitán. De ideología carlista, había financiado de su propio bolsillo a partidas carlistas de la provincia de Jaén aportando 18.000 duros. 

A la derecha de la foto, sentado, Juan Tomás Frías del Castillo. A la izquierda, también sentada, su mujer Inés Ayuso. El resto de las personas que aparecen en la foto son hijos, nueras y nietos.

En la noche del 13 de octubre de 1873 un grupo de unas 50 personas armadas entraron en Torre de Juan Abad, obligando a todos los vecinos a permanecer en sus casas. Tomaron como rehén al acalde y se dirigieron a la casa de Juan Tomás Frías del Castillo. A pesar de disponer de numerosas armas de fuego en la casa, Juan Tomás ordenó a sus criados no ofrecer resistencia y abrió la puerta a los asaltantes. Intentó negociar con ellos ofreciéndoles una cantidad de dinero a cambio de que se marcharon. Éstos rechazaron la oferta y registraron toda la casa, haciendo saltar violentamente todas las cerraduras que encontraron a su paso e incluso derribando algunas paredes. Finalmente, tuvieron éxito en su búsqueda ya que encontraron gran cantidad de monedas de oro, teniendo que robar hasta nueve mulas para poder transportar el botín. Una vez conseguido sus objetivos, las asaltantes se marcharon en plena noche. En la oscuridad, una de las mulas con las alforjas llenas de oro se extravió y volvió ella sola a un molino al que habitualmente transportaba grano. Otra segunda mula apareció en las cercanías del pueblo, pero sin su preciada carga. Los asaltantes, aunque perdieran parte del botín, lograron escapar sin ser descubierta su identidad.

El bisnieto de Juan Tomás Frías, en la entrevista publicada en la revista Joray, afirmaba que los asaltantes eran republicanos, que incluso entre ellos había miembros de las fuerzas del orden, los denominados migueletes, y que el robo tenía una clara motivación política por las simpatías carlistas de su bisabuelo. Por el contrario, algunos vecinos del pueblo mantenían que los asaltantes eran carlistas. Como ya hemos comentado, el tremendo deterioro del orden público en el año 1873, con partidas de carlistas, republicanos y bandoleros pululando por toda la provincia hace prácticamente imposible saber quiénes fueron realmente los asaltantes.

Con el paso del tiempo, la historia del robo se fue adornando con anécdotas poco creíbles. Se afirmaba que Juan Tomás Frías había acumulado tanto dinero porque en el pasado había sido, nada menos, que un pirata. Se aseguraba que entre el botín había una gallina y doce pollitos de oro macizo, como en la fábula de Esopo de la gallina de los huevos de oro. Por último, se magnificaba también la fortuna de Juan Tomás ya que después del asalto habría respirado aliviado porque los ladrones no habían localizado unos pellejos repletos de oro que estaban guardados en la cueva de la casa y que le garantizaban, a pesar del robo sufrido, seguir siendo un hombre acaudalado. Lo que si es cierto es que Juan Tomás murió al año siguiente, meses después de estos sucesos.

7. LA HISTORIA. La conexión con Manzanares

Para establecer la conexión de estos hechos con Manzanares vamos a seguir el artículo de Siembra de Ruiz Martín. En este artículo afirmaba que en la conversación de la que fue testigo cuando era niño se mencionaron los aspectos más llamativos del robo de Torre de Juan Abad, como la existencia de la gallina de oro, los mulas con las alforjas cargadas de oro, etc. Por tanto, parece que no hay duda sobre que aquellas personas estaban hablando del robo sufrido por Juan Tomás Frías.

Lo más importante de esta conversación es que afirmaban que una conocida persona de Manzanares, de la que no desvelaba su identidad y que en la época se dedicaba al transporte de vino y patatas hacia Andalucía, encontró, en compañía de otro arriero forastero, una mula cargada con monedas de oro justo al día siguiente del robo. Rápidamente, trasladaron las monedas a sus carros y espantaron a golpes a la mula. A partir de ese momento, este manzanareño dejó el trabajo de arriero y se dedicó a comprar terrenos y fincas, construyendo casas y bodegas, convirtiéndose al finalizar el siglo XIX en uno de los vecinos más acaudalados de Manzanares.

Estoy convencido de que la persona, sobre la que prudentemente no revela Ruiz Martín su identidad, no es ni el padre de las hermanas "Largavida", ni ninguno de los dos maridos que tuvo la hija menor. El padre murió en 1876 y el el primer marido en 1890 y las hijas se dedicaron a vivir de la monedas, sin hacer grandes inversiones. Por tanto, no cuadra con lo mencionado en el artículo de que el arriero que se encontró las monedas se convirtió, gracias a sus inversiones, en uno de los vecinos más acomodados.

En este punto, la historia que tan laboriosamente he reconstruido tiene un punto débil, porque aunque tenemos una conexión con Manzanares, no existe relación con la familia "Largavida". Una explicación podría ser que, además de la persona mencionada por Ruiz Martín en su artículo, hubiese alguien más en Manzanares que se benefició del hallazgo de las monedas, el padre o el primer marido de la menor de las hermanas "Largavida". 

Pasados tantos años será casi imposible encontrar información concluyente al respecto y nunca tendremos la seguridad de la procedencia real de las monedas de oro de las hermanas "Largavida", pero en cualquier caso los hechos históricos parecen encajar en su mayor parte con la leyenda familiar y es por ello, que por fin tras muchos esfuerzos, me he decidido a hacer pública esta historia. Que sea el lector quien juzgue la verosimilitud de este relato.

8. EPÍLOGO

Al igual que en los viajes hay que disfrutar también del camino, esta leyenda familiar ha supuesto para mí un aliciente en estos últimos cuatro años. Ha sido una agradable aventura ir encontrando poco a poco y de forma inesperada pequeños retazos de información. Para colmo, esta investigación me permitió descubrir información inédita suficiente como para escribir un segundo libro, aunque fuese sobre un tema no relacionado directamente con esta historia. Por otro lado, espero y deseo que nadie pueda sentirse molesto para haber hecho público este relato. Han pasado casi 150 años desde que sucedieron los hechos y no existen descendientes directos de los protagonistas. Una historia como ésta, transmitida oralmente durante varias generaciones, estaría destinada al olvido en pocos años si no la hubiese puesto por escrito. Llegados a este punto, poco más puedo añadir sobre esta historia y si algún lector, que haya tenido la paciencia de leer este artículo hasta el final, tuviera algún dato que pudiera arrojar algo de luz sobre este asunto, le agradecería enormemente que se pusiera en contacto conmigo.

Miguel Ángel Maeso Buenasmañanas, diciembre de 2020


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