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domingo, 12 de julio de 2026

EL RECLUTAMIENTO EN MANZANARES EN LOS AÑOS CULMINANTES DE LA GUERRA DE MARRUECOS: Expedientes generales de reclutamiento y reemplazo del ejército (1923-1927)

Introducción

Cercanos al centenario de la finalización de la Guerra de Marruecos (1911-1927) hemos localizado en el Archivo Histórico Municipal de Manzanares unos interesantes documentos del periodo 1923-1927, denominados "Expedientes generales de las operaciones de reclutamiento y reemplazo del ejército", que nos muestran con todo detalle cómo era el proceso de alistamiento de los manzanareños en los años culminantes de este conflicto bélico.

Recordemos que en julio de 1921 ocurrió el Desastre de Annual, en el que se hundió todo el frente oriental en la zona de Melilla y perecieron en torno a 12.000 españoles. La sorprendente derrota de los españoles marcó el inicio del periodo de mayor esplendor de los insurgentes rifeños. En septiembre de 1921 proclamaron la República del Rif, liderada por Abd el-Krim, empezando a construir las instituciones propias de un Estado independiente. En el plano militar, la presión continua de los rifeños obligó a los españoles a realizar una arriesgada retirada, con numerosas bajas, en la parte occidental de Ceuta para establecer una nueva zona defensiva más segura en la denominada Línea Estella.

El curso de la guerra cambió a finales de 1924, tras los ataques de los rifeños al protectorado francés y la entrada en la guerra de este país. La nueva alianza franco-española posibilitó que en septiembre de 1925 se realizara el desembarco de Alhucemas en la retaguardia de la zona sublevada. Mientras los españoles avanzaban desde la cabeza de playa en la zona norte, los franceses, de forma coordinada iniciaron una ofensiva desde la zona sur del Rif. A partir de este momento, el progreso de las fuerzas españolas y francesas fue inexorable hasta que en julio de 1927 se rindieron los últimos líderes rifeños.

Fuente: Wikipedia.

El objetivo de este artículo es explicar en detalle cómo se realizaba el reclutamiento en Manzanares en este complicado contexto bélico. Seguiremos especialmente el expediente de 1923, incluyendo enlaces a las actas originales digitalizadas correspondientes a cada parte del proceso. Proporcionaremos interesantes y curiosos datos estadísticos sobre demografía, analfabetismo, altura media, etc. También publicamos en un anexo al final del artículo todos los expedientes, en formato digital, correspondientes a este periodo que se han conservado en el Archivo Histórico Municipal.

Los expedientes de reclutamiento pueden ser de especial interés para aficionados a la genealogía por la gran cantidad de datos personales que incluyen y, también, para aquellos manzanareños que quieran conocer la suerte que corrieron sus antepasados en estos años tan críticos. Permítanme comentar, por ejemplo, que en el expediente de 1925 he localizado a mi abuelo Juan Buenasmañanas Cotillo, que finalmente fue destinado al norte de África participando en la guerra de Marruecos. Esta generación de manzanareños tuvo la mala fortuna de ser movilizada de nuevo en el año 1938, durante la Guerra Civil, por el bando republicano. Este fue de nuevo el caso de mi abuelo, que no solo participó en dos conflictos bélicos, sino que, además, terminó la Guerra Civil internado en un campo de prisioneros en Antequera. 

Portada del Expediente de reclutamiento de 1923


La Ley de Reclutamiento y Reemplazo de 1912

Tras esta breve introducción histórica, entramos ya en el objetivo del artículo que es explicar cómo se realizaba el reclutamiento. Para los lectores más veteranos, que aún tuvieron que hacer el servicio militar obligatorio antes de su supresión en 2001, el proceso que vamos a explicar les resultará muy familiar. La principal diferencia es que mientras su servicio militar duraba nueve meses en un periodo de paz, nuestros antepasados tenían que afrontar tres años en un ejército sumido en una espantosa e impopular guerra en el norte de África.

La elaboración de los expedientes sigue fielmente la normativa vigente, la Ley de Reclutamiento y Reemplazo del año 1912. Esta ley fue consecuencia de las protestas que estallaron a consecuencia de la incorporación a filas de los reservistas para luchar en otro impopular conflicto bélico en el norte de África, la Guerra de Melilla del año 1909. La causa principal que alentaron las protestas era que las clases acomodadas podían evitar que sus hijos fueran movilizados por medio del pago de una cantidad de dinero, mientras los más humildes eran enviados a luchar. Los disturbios en la península y los reveses en la guerra provocaron varias crisis de gobierno. La llegada a la presidencia de Canalejas impulsó la aprobación de la Ley de 1912, en la que se eliminaba la redención en metálico y la sustitución, que eran los dos impopulares mecanismos utilizados por los más pudientes para evitar el reclutamiento de sus hijos.


El alistamiento

Según la normativa de 1912, los ayuntamientos eran los principales responsables del reclutamiento, situación que continuó hasta la finalización del servicio militar obligatorio en 2001. El proceso empezaba la primera quincena de enero, en la que los ayuntamientos debían realizar al alistamiento, que consistía en identificar a los mozos susceptibles de ser reclutados. La recluta se hacía entre los hombres residentes en la localidad que en el transcurso del año cumpliesen 21 años. En el caso de Manzanares, en el año 1923 se incluyeron a 164 mozos. En el acta de alistamiento del 13 de enero de 1923 se pueden consultar el nombre, fecha de nacimiento y domicilio de los jóvenes alistados.

Fragmento del acta de alistamiento de 1923, en la que se pueden observar los datos de los cinco primeros mozos.


El siguiente trámite se realizaba el último domingo del mes de enero, un día festivo, para facilitar la asistencia de todos los interesados. Era un acto público en el que se podían hacer reclamaciones sobre el alistamiento. En el caso de Manzanares, se excluyó a 12 mozos por estar también alistados en otros ayuntamientos y a 3 por haber fallecido. Además, se añadieron a nuevos mozos reclamados de otros municipios. El segundo domingo del mes de febrero se publicaba la lista definitiva del alistamiento, teniendo en cuenta los cambios identificados en el paso anterior. Tras estas modificaciones el número de mozos alistados en Manzanares ascendió a 152.


El sorteo

Uno de los actos más importantes de todo el proceso era el sorteo que se realizaba el tercer domingo del mes de febrero. Era un acto público por el que se asignaba al azar un número a cada mozo que le identificaba a lo largo de todos los trámites sucesivos. Como veremos más adelante, este número era determinante para la suerte del mozo, ya que cuanto más alto fuese, más posibilidad había de eludir el servicio militar. Los resultados del sorteo de Manzanares están recogidos en el acta del sorteo de los mozos del 18 de febrero de 1923.

La relevancia del sorteo se refleja en una regulación rigurosa con la que se pretendía evitar cualquier manipulación o trato de favor. En la Ley de 1912 se dedica al sorteo nada menos que 19 artículos, del 64 al 82.


La clasificación de los mozos (el tallaje y el reconocimiento médico)
 
El primer domingo del mes de marzo se realizaban las operaciones de talla y reconocimiento médico de los mozos. Además, en este trámite los mozos podían alegar motivos de exención del servicio militar. Toda la documentación relativa está recogida en el acta de clasificación y declaración de soldados del 4 de marzo de 1923. Este documento es, quizá, el que nos proporciona información más interesante, ya que se registraban numerosos datos de cada mozo como su talla, profesión, nivel de alfabetización, etc. Expondremos a continuación algunas de las conclusiones que se pueden obtener relativas al expediente de 1923.

La primera conclusión, respecto a la talla de los manzanareños, es que la altura media era de tan solo 1,62 metros. De los 137 mozos para los que hemos podido obtener su medida, solo 11 superaban el 1,70 y nadie llegaba al 1,80. El manzanareño más alto medía 1,77 m y el más bajo 1,39 m (Tabla 1).


No solo los manzanareños eran muchos más bajos que en la actualidad, sino que también su talla era inferior a la sociedad española de la época, cuya altura media estaba alrededor de 1,65 m[1].

Otra conclusión interesante que puede obtenerse es relativa a la alfabetización. De los 143 manzanareños para los que hemos podido obtener datos, había 33 analfabetos, lo que representa un porcentaje del 23,08% de analfabetismo. En este caso, los datos de Manzanares son ligeramente mejores que la media nacional y muy buenos en comparación con el conjunto de la provincia de Ciudad Real. El analfabetismo de los mozos útiles en 1922 en el conjunto de España era de un 24,30% y, en el caso de los ciudadrealeños, este porcentaje ascendía a nada menos que un 49,25%, frente al 23,08% de Manzanares[2]. Estos favorables datos comparativos sobre el analfabetismo en Manzanares ya los habíamos detectado en otras fuentes documentales, como en el caso del censo de 1911 (Tabla 2).


En su momento, consideramos que este fenómeno de relativo bajo analfabetismo podría tener una explicación en que en Manzanares había un mayor número de pequeños propietarios agrícolas frente a una menor presencia de jornaleros [3]. Por ejemplo, Manzanares tenía en 1911 un 35% de analfabetismo con un 36,75% de asalariados agrícolas (jornaleros, gañanes y pastores). Por contraposición, Tomelloso tenía un 58,95% de analfabetismo con un 70,26% de asalariados.

Esta hipótesis parece acertada ya que si analizamos el analfabetismo de los mozos en 1923 por profesiones (Tabla 3) encontramos valores más altos de la media entre pastores (60%), jornaleros (47,06%) y gañanes (36,36%) e inferiores entre los labradores (16%). En general, el sector primario acumulaba la mayor parte del analfabetismo: un 60,14% de los mozos trabajaban en la agricultura y ganadería, pero suponían un 84,85% de los analfabetos.


Aunque el nivel de analfabetismo fuera relativamente bajo en Manzanares, el número de personas con estudios superiores era anecdótico. En 1923 tan solo dos mozos declaran ser estudiantes y en el caso de uno de ellos (Ángel Sánchez-Cantalejo García-Noblejas) se especifica que estudiaba Farmacia en Madrid.

Una última conclusión que queremos destacar es el elevado número de alegaciones, hecho que es totalmente comprensible a tenor del incierto panorama que afrontaban los mozos que finalmente tuvieran que incorporarse a filas: tres años de servicio militar en un periodo de guerra. Un 45,64% de los mozos que acudieron al acto presentaron alegaciones. Las alegaciones se podrían agrupar en tres tipos (Tabla 4): 

El principal motivo de alegación eran causas que hemos denominado socioeconómicas y, en este sentido, la Ley de 1912 recogía numerosas posibilidades de exención. Debemos tener en cuenta que estamos en un periodo en el que la asistencia social por parte del Estado era prácticamente inexistente, por lo que muchas familias podían acabar en la indigencia si los hijos en edad de trabajar se incorporaban al servicio militar. Por tanto, la Ley contemplaba la posibilidad de eludir la incorporación a filas de los mozos que tuvieran que mantener a familiares (padres, abuelos o hermanos huérfanos) que fueran pobres, impedidos o sexagenarios.

Acta de clasificación y declaración del mozo Juan Antonio Fernández-Medina Granados en la que alega “ser hijo único de padre impedido para el trabajo y pobre”

Una vez expuestas las principales conclusiones sobre los datos recogidos en el tallaje, podemos continuar describiendo los siguientes pasos del proceso. En este mismo acto del tallaje, el Ayuntamiento tenía que clasificar a los mozos en alguno de los siguientes grupos:

  • “Pendiente de justificar” si el mozo alegaba algún motivo de exención y no presentaba la documentación que lo probase. Esto se aplicaba sobre todo a las exenciones que hemos denominado socioeconómicas.
  • “Excluidos temporalmente del servicio”. Aquellos que presentaran enfermedades o inutilidades que pudieran curarse en un periodo menor de tres años o que tuvieran una talla, peso o capacidad torácica cercana al límite inferior. Los límites inferiores eran 1,54 cm para la altura, 50 kg para el peso y 0,78 centímetros de capacidad torácica.
  • “Excluidos totalmente del servicio”. Aquellos que presentaran enfermedades o inutilidades que no pudieran curarse en un periodo menor de tres años o que tuvieran una talla, peso o capacidad torácica muy inferiores a los límites.
  • “Exceptuados del servicio”. Aquellos que cumplieran las condiciones de las exenciones socioeconómicas.
  • “Prófugos” si no se presentaban al acto de tallaje.
  • “Soldados” si eran declarados útiles y no presentaban alegaciones.

Una vez terminadas las operaciones de clasificación de los mozos alistados en el año, se revisaba la situación de los exceptuados y excluidos temporalmente de los tres reemplazos anteriores y se verificaba si los motivos de exención del servicio militar seguían estando vigentes. En caso de que ya no aplicasen, se les declaraba soldado teniendo que unirse al alistamiento. Por ejemplo, es el caso de Ignacio Morales Almodóvar. El año anterior había sido excluido por ser hijo de viuda y pobre. Al haber fallecido su madre, no era de aplicación la exclusión y, por tanto, fue declarado soldado en el reemplazo de 1923 (acta de revisión de excepciones del 5 de marzo de 1923).

Las siguientes actas son relativas a la revisión de la clasificación otorgada a los mozos. Estas revisiones las realizaba tanto el propio Ayuntamiento como la Comisión Mixta de Reclutamiento. Esta última era una instancia superior de carácter provincial, presidida por el gobernador civil, a la que los mozos podían recurrir en caso de no estar de acuerdo con las decisiones municipales. Sobre las decisiones de la Comisión Mixta de Reclutamiento existía la posibilidad de un último recurso ante el Ministerio de la Gobernación, aunque en el expediente de 1923 no hemos encontrado recursos a esta última instancia.


El ingreso en la Caja de Recluta

Una vez revisadas todas las reclamaciones, la Caja de Recluta de Alcázar de San Juan, a la que pertenecía Manzanares, publicó el 30 de julio la lista definitiva de los mozos declarados soldados y la de mozos exceptuados. El resultado final para los 152 mozos alistados en Manzanares se detalla en la Tabla 5.


De las 23 personas que alegaron defectos físicos, en 9 casos no fueron admitidas las alegaciones y fueron declaradas soldados. En el caso de las 33 alegaciones socioeconómicas sólo tenemos constancia de 2 rechazos. En conclusión, tras todo el proceso, tan sólo 16,92% de las alegaciones fueron rechazadas. Este porcentaje tan bajo sugiere que, tanto el Ayuntamiento como la Comisión Mixta, no eran especialmente rigurosos en la revisión de las alegaciones. Esto podría deberse, como veremos en el siguiente apartado, a que el número de mozos alistados era muy superior a las necesidades reales del Ejército y, por tanto, no representaba ningún problema para cubrir las necesidades de reclutamiento aceptar la mayor parte de las alegaciones presentadas.

Por otra parte, a los 93 mozos del año 1923 declarados soldados se unieron otros 9 procedentes de revisiones de los reemplazos de años anteriores, por lo que finalmente Manzanares aportó 102 soldados.

El día 1 de agosto tenía lugar el ingreso de los mozos en la Caja de Recluta. Este era un acto administrativo en el que no se requería la presencia de los mozos y en el que se entregaba a los ayuntamientos las cartillas militares. Posteriormente, los ayuntamientos tenían que repartir las cartillas a los mozos de su localidad.

El ingreso tenía una importante repercusión legal, ya que los reclutas pasaban a depender de la jurisdicción militar. Esta relación con el Ejército se prolongaba nada menos que 18 años, tres de servicio militar y el resto en diferentes modalidades de la reserva, pudiendo ser movilizados en caso de necesidad o conflicto bélico.


Distribución del cupo a filas y el cupo de instrucción

El ingreso en la Caja de Recluta no implicaba necesariamente la realización efectiva del servicio militar. Aún quedaba una última posibilidad de evitar la incorporación a filas, ya que habitualmente el número de reclutas disponibles superaba las necesidades reales del Ejército. Por este motivo, se realizaba una clasificación final de los mozos entre el cupo a filas y el cupo de instrucción. Los asignados al cupo a filas debían incorporarse al Ejército durante tres años, mientras que los incluidos en el cupo de instrucción pasaban directamente a la reserva, quedando disponibles para cubrir posibles bajas imprevistas en el cupo a filas.

El Ministerio de Guerra era el responsable de determinar el número total de hombres del cupo de filas. Por ejemplo, en la portada del expediente de 1923 se indica que el cupo de filas de ese año ascendía a 78.000 hombres. Por su parte, las Cajas de Recluta tenían que proporcionar el número total de reclutas.

Con estas dos cantidades se calculaba el porcentaje de reclutas que debían realizar el servicio militar. Este mismo porcentaje se aplicaba para calcular el cupo a filas de cada pueblo. No tenemos la cantidad total de reclutas en toda España, pero podemos estimarla a partir de los datos de Manzanares. La localidad había proporcionado 102 reclutas y el cupo a filas fue de 55. Esto implica que había 1,85 reclutas por cada plaza del cupo de filas. Por tanto, si la proporción observada en Manzanares fuese efectivamente la utilizada en todo el territorio, en España, en 1923, se habrían declarado en torno a 144.300 reclutas (78.000 * 1,85).

El mecanismo para determinar los reclutas que formaban parte del cupo a filas y el cupo de instrucción era muy sencillo y estaba vinculado al número asignado en el sorteo a cada mozo. Los números más bajos se incorporaban al cupo a filas y el resto al cupo de instrucción.


El servicio militar

Todo el proceso que estamos describiendo terminaba con la presentación de los designados en el cupo a filas en la Caja de Recluta de Alcázar de San Juan para iniciar su servicio militar. El último de los documentos relevantes del Expediente de 1923 es precisamente la orden firmada el 21 de enero de 1924 por el teniente coronel Martín Louzas, dirigida al alcalde de Manzanares, exigiendo la presentación el 2 de febrero de los 55 manzanareños que integraban el cupo a filas en la Caja de Recluta de Alcázar de San Juan.

Aunque el objetivo principal de este artículo es explicar el proceso de reclutamiento, no queremos terminar sin mencionar a algunos de los manzanareños que durante estos años combatieron en la guerra de Marruecos y cuyos nombres, en muchos casos, aparecen en estos expedientes. A partir de este punto, nuestro relato se basa en las investigaciones de Antonio Bermúdez sobre la guerra de Marruecos, publicadas principalmente en su libro sobre el reinado de Alfonso XIII[4].

Juan Antonio Carrión Maeso, sargento del Regimiento de Caballería de Cazadores de Alcántara, falleció en combate de forma heroica en el monte Arruit durante el Desastre de Annual, noticia recogida en el periódico Vida Manchega del 11 de octubre de 1921. En unos momentos aciagos para el Ejército español, en plena desbandada y con todo el frente oriental hundiéndose, los cazadores de Alcántara destacaron por su valeroso comportamiento. El 23 de julio, para proteger la retirada de las tropas españolas en el cruce del río Igán, se enfrentaron a oleadas de rifeños en sucesivas cargas de caballería. Su sacrificio fue enorme, pues de los 691 jinetes que lo componían, 471 murieron, lo que supuso un 70% de bajas. En 2012 se concedió la Laureada de San Fernando, la más importante de las condecoraciones militares españolas, de forma colectiva al Regimiento de Caballería de Cazadores de Alcántara en reconocimiento del heroísmo mostrado en el río Igán.

Cuadro Carga del río Igán, pintado por Augusto Ferrer-Dalmau.

Mejor suerte corrió el manzanareño Ramón Caba Vera, cuyo reclutamiento aparece en el expediente de 1924, ya que pudo sobrevivir al asedio del puesto avanzado de Kudia Tahar. En septiembre de 1925, los rifeños atacaron la línea Estella en un intento de que los españoles tuvieran que enviar refuerzos, retirando, de esta forma, tropas destinadas al Desembarco de Alhucemas. El puesto de Kudia Tahar, donde estaba asignado Ramón Caba, fue el centro de los ataques. Tras varios días de dura lucha, con numerosos muertos y heridos, los españoles pudieron rechazar la ofensiva rifeña.

Supervivientes del ataque al puesto avanzado de Kudia Tahar.
El cuarto por la izquierda entre los que posan de pie es Ramón Caba.

Otros muchos manzanareños participaron en la guerra, aunque no haya quedado constancia periodística de su paso por Marruecos, y algunos de ellos no pudieron regresar con vida. Terminamos este artículo, a modo de homenaje, recordando los nombres de aquellos que, durante estos últimos años del conflicto bélico, acabaron sus días en el norte de África, muy lejos de sus familias y de su añorado Manzanares.

  • Juan Antonio Cano Maeso, Regimiento de Infantería de Ceriñola nº42, caído en combate el 10 de julio de 1921 en Bergusayán.
  • Juan Antonio Carrión Maeso, sargento del Regimiento de Caballería de Cazadores de Alcántara nº 14, caído en combate en el verano de 1921.
  • Bernabé Núñez-Herrador Maldonado, Regimiento de Infantería de La Reina nº2, caído en combate el 14 de septiembre de 1921.
  • Diego Guijarro Camacho, Regimiento de Infantería Guipúzcoa nº 53, caído el 14 de septiembre de 1921.
  • José Gallego Guerrero, Regimiento de Infantería Wad Ras nº 50.
  • José Giménez Álvarez, Regimiento de Infantería de Ceriñola nº 42.
  • Matías Enrique Zúñiga, Regimiento de Infantería de Ceriñola nº 42.
  • Enrique Cano López, Regimiento Mixto de Artillería de Melilla.
  • Francisco Eugena Agarrabeitia, Intendencia, herido en Tizzi Azza y enterrado en Melilla.
  • Martín Agarrabeitia Eugena
  • Ildefonso Camacho Pinés, capitán del Grupo de Regulares nº4, caído en combate el 28 de abril de 1922 en Tazaraut.
  • Santiago López de la Manzanara Sánchez de la Blanca, Regimiento de Infantería Covadonga nº40.
  • Alfonso Carrión Díaz-Benito, Regimiento de Infantería Covadonga nº40.
  • Francisco Manzanares Sánchez de la Blanca, Regimiento de Infantería Covadonga nº40.
  • Francisco Rodríguez de la Paz López-Camacho, Regimiento de Infantería Covadonga nº40.
  • Manuel Arroyo Sánchez-Carnerero, Regimiento de Infantería Covadonga nº40, desaparecido durante la evacuación de Dar-Mestafat el 21 de septiembre de 1924.
  • Miguel Carrasco Solana, muerto por disentería el 27 de junio de 1928 en Villa Sanjurjo.
  • Francisco Bustos Salas, muerto por tifus en Larache en 1928.

Miguel Ángel Maeso Buenasmañanas, julio de 2026



[1] MARTÍNEZ CARRIÓN, JOSÉ MIGUEL (2012): “La talla de los europeos, 1700-2000: ciclos, crecimiento y desigualdad”, en Investigaciones de Historia Económica, volumen 8, número 3, páginas 176-187.

[2] Instrucción alfabética de los mozos útiles del reemplazo de 1992. Publicado por el Instituto Nacional de Estadística.

[3] MAESO BUENASMAÑANAS, MIGUEL ÁNGEL (2020): La familia Pedrero, los constructores de los edificios más emblemáticos de Manzanares, Uno Editorial, 2ª edición, 250 pp.

[4] BERMÚDEZ GARCÍA-MORENO, ANTONIO (2021): Manzanares bajo el reinado de Alfonso XIII. 1902 - 1931,  2ª edición corregida y aumentada.


Anexo documental

Publicamos a continuación de forma íntegra en formato digital todos los expedientes correspondientes a este periodo que se han conservado en el Archivo Histórico Municipal.

  • Expediente general de las operaciones de reclutamiento y reemplazo del ejército de 1926.