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domingo, 12 de julio de 2026

EL RECLUTAMIENTO EN MANZANARES EN LOS AÑOS CULMINANTES DE LA GUERRA DE MARRUECOS: Expedientes generales de reclutamiento y reemplazo del ejército (1923-1927)

Introducción

Cercanos al centenario de la finalización de la Guerra de Marruecos (1911-1927) hemos localizado en el Archivo Histórico Municipal de Manzanares unos interesantes documentos del periodo 1923-1927, denominados "Expedientes generales de las operaciones de reclutamiento y reemplazo del ejército", que nos muestran con todo detalle cómo era el proceso de alistamiento de los manzanareños en los años culminantes de este conflicto bélico.

Recordemos que en julio de 1921 ocurrió el Desastre de Annual, en el que se hundió todo el frente oriental en la zona de Melilla y perecieron en torno a 12.000 españoles. La sorprendente derrota de los españoles marcó el inicio del periodo de mayor esplendor de los insurgentes rifeños. En septiembre de 1921 proclamaron la República del Rif, liderada por Abd el-Krim, empezando a construir las instituciones propias de un Estado independiente. En el plano militar, la presión continua de los rifeños obligó a los españoles a realizar una arriesgada retirada, con numerosas bajas, en la parte occidental de Ceuta para establecer una nueva zona defensiva más segura en la denominada Línea Estella.

El curso de la guerra cambió a finales de 1924, tras los ataques de los rifeños al protectorado francés y la entrada en la guerra de este país. La nueva alianza franco-española posibilitó que en septiembre de 1925 se realizara el desembarco de Alhucemas en la retaguardia de la zona sublevada. Mientras los españoles avanzaban desde la cabeza de playa en la zona norte, los franceses, de forma coordinada iniciaron una ofensiva desde la zona sur del Rif. A partir de este momento, el progreso de las fuerzas españolas y francesas fue inexorable hasta que en julio de 1927 se rindieron los últimos líderes rifeños.

Fuente: Wikipedia.

El objetivo de este artículo es explicar en detalle cómo se realizaba el reclutamiento en Manzanares en este complicado contexto bélico. Seguiremos especialmente el expediente de 1923, incluyendo enlaces a las actas originales digitalizadas correspondientes a cada parte del proceso. Proporcionaremos interesantes y curiosos datos estadísticos sobre demografía, analfabetismo, altura media, etc. También publicamos en un anexo al final del artículo todos los expedientes, en formato digital, correspondientes a este periodo que se han conservado en el Archivo Histórico Municipal.

Los expedientes de reclutamiento pueden ser de especial interés para aficionados a la genealogía por la gran cantidad de datos personales que incluyen y, también, para aquellos manzanareños que quieran conocer la suerte que corrieron sus antepasados en estos años tan críticos. Permítanme comentar, por ejemplo, que en el expediente de 1925 he localizado a mi abuelo Juan Buenasmañanas Cotillo, que finalmente fue destinado al norte de África participando en la guerra de Marruecos. Esta generación de manzanareños tuvo la mala fortuna de ser movilizada de nuevo en el año 1938, durante la Guerra Civil, por el bando republicano. Este fue de nuevo el caso de mi abuelo, que no solo participó en dos conflictos bélicos, sino que, además, terminó la Guerra Civil internado en un campo de prisioneros en Antequera. 

Portada del Expediente de reclutamiento de 1923


La Ley de Reclutamiento y Reemplazo de 1912

Tras esta breve introducción histórica, entramos ya en el objetivo del artículo que es explicar cómo se realizaba el reclutamiento. Para los lectores más veteranos, que aún tuvieron que hacer el servicio militar obligatorio antes de su supresión en 2001, el proceso que vamos a explicar les resultará muy familiar. La principal diferencia es que mientras su servicio militar duraba nueve meses en un periodo de paz, nuestros antepasados tenían que afrontar tres años en un ejército sumido en una espantosa e impopular guerra en el norte de África.

La elaboración de los expedientes sigue fielmente la normativa vigente, la Ley de Reclutamiento y Reemplazo del año 1912. Esta ley fue consecuencia de las protestas que estallaron a consecuencia de la incorporación a filas de los reservistas para luchar en otro impopular conflicto bélico en el norte de África, la Guerra de Melilla del año 1909. La causa principal que alentaron las protestas era que las clases acomodadas podían evitar que sus hijos fueran movilizados por medio del pago de una cantidad de dinero, mientras los más humildes eran enviados a luchar. Los disturbios en la península y los reveses en la guerra provocaron varias crisis de gobierno. La llegada a la presidencia de Canalejas impulsó la aprobación de la Ley de 1912, en la que se eliminaba la redención en metálico y la sustitución, que eran los dos impopulares mecanismos utilizados por los más pudientes para evitar el reclutamiento de sus hijos.


El alistamiento

Según la normativa de 1912, los ayuntamientos eran los principales responsables del reclutamiento, situación que continuó hasta la finalización del servicio militar obligatorio en 2001. El proceso empezaba la primera quincena de enero, en la que los ayuntamientos debían realizar al alistamiento, que consistía en identificar a los mozos susceptibles de ser reclutados. La recluta se hacía entre los hombres residentes en la localidad que en el transcurso del año cumpliesen 21 años. En el caso de Manzanares, en el año 1923 se incluyeron a 164 mozos. En el acta de alistamiento del 13 de enero de 1923 se pueden consultar el nombre, fecha de nacimiento y domicilio de los jóvenes alistados.

Fragmento del acta de alistamiento de 1923, en la que se pueden observar los datos de los cinco primeros mozos.


El siguiente trámite se realizaba el último domingo del mes de enero, un día festivo, para facilitar la asistencia de todos los interesados. Era un acto público en el que se podían hacer reclamaciones sobre el alistamiento. En el caso de Manzanares, se excluyó a 12 mozos por estar también alistados en otros ayuntamientos y a 3 por haber fallecido. Además, se añadieron a nuevos mozos reclamados de otros municipios. El segundo domingo del mes de febrero se publicaba la lista definitiva del alistamiento, teniendo en cuenta los cambios identificados en el paso anterior. Tras estas modificaciones el número de mozos alistados en Manzanares ascendió a 152.


El sorteo

Uno de los actos más importantes de todo el proceso era el sorteo que se realizaba el tercer domingo del mes de febrero. Era un acto público por el que se asignaba al azar un número a cada mozo que le identificaba a lo largo de todos los trámites sucesivos. Como veremos más adelante, este número era determinante para la suerte del mozo, ya que cuanto más alto fuese, más posibilidad había de eludir el servicio militar. Los resultados del sorteo de Manzanares están recogidos en el acta del sorteo de los mozos del 18 de febrero de 1923.

La relevancia del sorteo se refleja en una regulación rigurosa con la que se pretendía evitar cualquier manipulación o trato de favor. En la Ley de 1912 se dedica al sorteo nada menos que 19 artículos, del 64 al 82.


La clasificación de los mozos (el tallaje y el reconocimiento médico)
 
El primer domingo del mes de marzo se realizaban las operaciones de talla y reconocimiento médico de los mozos. Además, en este trámite los mozos podían alegar motivos de exención del servicio militar. Toda la documentación relativa está recogida en el acta de clasificación y declaración de soldados del 4 de marzo de 1923. Este documento es, quizá, el que nos proporciona información más interesante, ya que se registraban numerosos datos de cada mozo como su talla, profesión, nivel de alfabetización, etc. Expondremos a continuación algunas de las conclusiones que se pueden obtener relativas al expediente de 1923.

La primera conclusión, respecto a la talla de los manzanareños, es que la altura media era de tan solo 1,62 metros. De los 137 mozos para los que hemos podido obtener su medida, solo 11 superaban el 1,70 y nadie llegaba al 1,80. El manzanareño más alto medía 1,77 m y el más bajo 1,39 m (Tabla 1).


No solo los manzanareños eran muchos más bajos que en la actualidad, sino que también su talla era inferior a la sociedad española de la época, cuya altura media estaba alrededor de 1,65 m[1].

Otra conclusión interesante que puede obtenerse es relativa a la alfabetización. De los 143 manzanareños para los que hemos podido obtener datos, había 33 analfabetos, lo que representa un porcentaje del 23,08% de analfabetismo. En este caso, los datos de Manzanares son ligeramente mejores que la media nacional y muy buenos en comparación con el conjunto de la provincia de Ciudad Real. El analfabetismo de los mozos útiles en 1922 en el conjunto de España era de un 24,30% y, en el caso de los ciudadrealeños, este porcentaje ascendía a nada menos que un 49,25%, frente al 23,08% de Manzanares[2]. Estos favorables datos comparativos sobre el analfabetismo en Manzanares ya los habíamos detectado en otras fuentes documentales, como en el caso del censo de 1911 (Tabla 2).


En su momento, consideramos que este fenómeno de relativo bajo analfabetismo podría tener una explicación en que en Manzanares había un mayor número de pequeños propietarios agrícolas frente a una menor presencia de jornaleros [3]. Por ejemplo, Manzanares tenía en 1911 un 35% de analfabetismo con un 36,75% de asalariados agrícolas (jornaleros, gañanes y pastores). Por contraposición, Tomelloso tenía un 58,95% de analfabetismo con un 70,26% de asalariados.

Esta hipótesis parece acertada ya que si analizamos el analfabetismo de los mozos en 1923 por profesiones (Tabla 3) encontramos valores más altos de la media entre pastores (60%), jornaleros (47,06%) y gañanes (36,36%) e inferiores entre los labradores (16%). En general, el sector primario acumulaba la mayor parte del analfabetismo: un 60,14% de los mozos trabajaban en la agricultura y ganadería, pero suponían un 84,85% de los analfabetos.


Aunque el nivel de analfabetismo fuera relativamente bajo en Manzanares, el número de personas con estudios superiores era anecdótico. En 1923 tan solo dos mozos declaran ser estudiantes y en el caso de uno de ellos (Ángel Sánchez-Cantalejo García-Noblejas) se especifica que estudiaba Farmacia en Madrid.

Una última conclusión que queremos destacar es el elevado número de alegaciones, hecho que es totalmente comprensible a tenor del incierto panorama que afrontaban los mozos que finalmente tuvieran que incorporarse a filas: tres años de servicio militar en un periodo de guerra. Un 45,64% de los mozos que acudieron al acto presentaron alegaciones. Las alegaciones se podrían agrupar en tres tipos (Tabla 4): 

El principal motivo de alegación eran causas que hemos denominado socioeconómicas y, en este sentido, la Ley de 1912 recogía numerosas posibilidades de exención. Debemos tener en cuenta que estamos en un periodo en el que la asistencia social por parte del Estado era prácticamente inexistente, por lo que muchas familias podían acabar en la indigencia si los hijos en edad de trabajar se incorporaban al servicio militar. Por tanto, la Ley contemplaba la posibilidad de eludir la incorporación a filas de los mozos que tuvieran que mantener a familiares (padres, abuelos o hermanos huérfanos) que fueran pobres, impedidos o sexagenarios.

Acta de clasificación y declaración del mozo Juan Antonio Fernández-Medina Granados en la que alega “ser hijo único de padre impedido para el trabajo y pobre”

Una vez expuestas las principales conclusiones sobre los datos recogidos en el tallaje, podemos continuar describiendo los siguientes pasos del proceso. En este mismo acto del tallaje, el Ayuntamiento tenía que clasificar a los mozos en alguno de los siguientes grupos:

  • “Pendiente de justificar” si el mozo alegaba algún motivo de exención y no presentaba la documentación que lo probase. Esto se aplicaba sobre todo a las exenciones que hemos denominado socioeconómicas.
  • “Excluidos temporalmente del servicio”. Aquellos que presentaran enfermedades o inutilidades que pudieran curarse en un periodo menor de tres años o que tuvieran una talla, peso o capacidad torácica cercana al límite inferior. Los límites inferiores eran 1,54 cm para la altura, 50 kg para el peso y 0,78 centímetros de capacidad torácica.
  • “Excluidos totalmente del servicio”. Aquellos que presentaran enfermedades o inutilidades que no pudieran curarse en un periodo menor de tres años o que tuvieran una talla, peso o capacidad torácica muy inferiores a los límites.
  • “Exceptuados del servicio”. Aquellos que cumplieran las condiciones de las exenciones socioeconómicas.
  • “Prófugos” si no se presentaban al acto de tallaje.
  • “Soldados” si eran declarados útiles y no presentaban alegaciones.

Una vez terminadas las operaciones de clasificación de los mozos alistados en el año, se revisaba la situación de los exceptuados y excluidos temporalmente de los tres reemplazos anteriores y se verificaba si los motivos de exención del servicio militar seguían estando vigentes. En caso de que ya no aplicasen, se les declaraba soldado teniendo que unirse al alistamiento. Por ejemplo, es el caso de Ignacio Morales Almodóvar. El año anterior había sido excluido por ser hijo de viuda y pobre. Al haber fallecido su madre, no era de aplicación la exclusión y, por tanto, fue declarado soldado en el reemplazo de 1923 (acta de revisión de excepciones del 5 de marzo de 1923).

Las siguientes actas son relativas a la revisión de la clasificación otorgada a los mozos. Estas revisiones las realizaba tanto el propio Ayuntamiento como la Comisión Mixta de Reclutamiento. Esta última era una instancia superior de carácter provincial, presidida por el gobernador civil, a la que los mozos podían recurrir en caso de no estar de acuerdo con las decisiones municipales. Sobre las decisiones de la Comisión Mixta de Reclutamiento existía la posibilidad de un último recurso ante el Ministerio de la Gobernación, aunque en el expediente de 1923 no hemos encontrado recursos a esta última instancia.


El ingreso en la Caja de Recluta

Una vez revisadas todas las reclamaciones, la Caja de Recluta de Alcázar de San Juan, a la que pertenecía Manzanares, publicó el 30 de julio la lista definitiva de los mozos declarados soldados y la de mozos exceptuados. El resultado final para los 152 mozos alistados en Manzanares se detalla en la Tabla 5.


De las 23 personas que alegaron defectos físicos, en 9 casos no fueron admitidas las alegaciones y fueron declaradas soldados. En el caso de las 33 alegaciones socioeconómicas sólo tenemos constancia de 2 rechazos. En conclusión, tras todo el proceso, tan sólo 16,92% de las alegaciones fueron rechazadas. Este porcentaje tan bajo sugiere que, tanto el Ayuntamiento como la Comisión Mixta, no eran especialmente rigurosos en la revisión de las alegaciones. Esto podría deberse, como veremos en el siguiente apartado, a que el número de mozos alistados era muy superior a las necesidades reales del Ejército y, por tanto, no representaba ningún problema para cubrir las necesidades de reclutamiento aceptar la mayor parte de las alegaciones presentadas.

Por otra parte, a los 93 mozos del año 1923 declarados soldados se unieron otros 9 procedentes de revisiones de los reemplazos de años anteriores, por lo que finalmente Manzanares aportó 102 soldados.

El día 1 de agosto tenía lugar el ingreso de los mozos en la Caja de Recluta. Este era un acto administrativo en el que no se requería la presencia de los mozos y en el que se entregaba a los ayuntamientos las cartillas militares. Posteriormente, los ayuntamientos tenían que repartir las cartillas a los mozos de su localidad.

El ingreso tenía una importante repercusión legal, ya que los reclutas pasaban a depender de la jurisdicción militar. Esta relación con el Ejército se prolongaba nada menos que 18 años, tres de servicio militar y el resto en diferentes modalidades de la reserva, pudiendo ser movilizados en caso de necesidad o conflicto bélico.


Distribución del cupo a filas y el cupo de instrucción

El ingreso en la Caja de Recluta no implicaba necesariamente la realización efectiva del servicio militar. Aún quedaba una última posibilidad de evitar la incorporación a filas, ya que habitualmente el número de reclutas disponibles superaba las necesidades reales del Ejército. Por este motivo, se realizaba una clasificación final de los mozos entre el cupo a filas y el cupo de instrucción. Los asignados al cupo a filas debían incorporarse al Ejército durante tres años, mientras que los incluidos en el cupo de instrucción pasaban directamente a la reserva, quedando disponibles para cubrir posibles bajas imprevistas en el cupo a filas.

El Ministerio de Guerra era el responsable de determinar el número total de hombres del cupo de filas. Por ejemplo, en la portada del expediente de 1923 se indica que el cupo de filas de ese año ascendía a 78.000 hombres. Por su parte, las Cajas de Recluta tenían que proporcionar el número total de reclutas.

Con estas dos cantidades se calculaba el porcentaje de reclutas que debían realizar el servicio militar. Este mismo porcentaje se aplicaba para calcular el cupo a filas de cada pueblo. No tenemos la cantidad total de reclutas en toda España, pero podemos estimarla a partir de los datos de Manzanares. La localidad había proporcionado 102 reclutas y el cupo a filas fue de 55. Esto implica que había 1,85 reclutas por cada plaza del cupo de filas. Por tanto, si la proporción observada en Manzanares fuese efectivamente la utilizada en todo el territorio, en España, en 1923, se habrían declarado en torno a 144.300 reclutas (78.000 * 1,85).

El mecanismo para determinar los reclutas que formaban parte del cupo a filas y el cupo de instrucción era muy sencillo y estaba vinculado al número asignado en el sorteo a cada mozo. Los números más bajos se incorporaban al cupo a filas y el resto al cupo de instrucción.


El servicio militar

Todo el proceso que estamos describiendo terminaba con la presentación de los designados en el cupo a filas en la Caja de Recluta de Alcázar de San Juan para iniciar su servicio militar. El último de los documentos relevantes del Expediente de 1923 es precisamente la orden firmada el 21 de enero de 1924 por el teniente coronel Martín Louzas, dirigida al alcalde de Manzanares, exigiendo la presentación el 2 de febrero de los 55 manzanareños que integraban el cupo a filas en la Caja de Recluta de Alcázar de San Juan.

Aunque el objetivo principal de este artículo es explicar el proceso de reclutamiento, no queremos terminar sin mencionar a algunos de los manzanareños que durante estos años combatieron en la guerra de Marruecos y cuyos nombres, en muchos casos, aparecen en estos expedientes. A partir de este punto, nuestro relato se basa en las investigaciones de Antonio Bermúdez sobre la guerra de Marruecos, publicadas principalmente en su libro sobre el reinado de Alfonso XIII[4].

Juan Antonio Carrión Maeso, sargento del Regimiento de Caballería de Cazadores de Alcántara, falleció en combate de forma heroica en el monte Arruit durante el Desastre de Annual, noticia recogida en el periódico Vida Manchega del 11 de octubre de 1921. En unos momentos aciagos para el Ejército español, en plena desbandada y con todo el frente oriental hundiéndose, los cazadores de Alcántara destacaron por su valeroso comportamiento. El 23 de julio, para proteger la retirada de las tropas españolas en el cruce del río Igán, se enfrentaron a oleadas de rifeños en sucesivas cargas de caballería. Su sacrificio fue enorme, pues de los 691 jinetes que lo componían, 471 murieron, lo que supuso un 70% de bajas. En 2012 se concedió la Laureada de San Fernando, la más importante de las condecoraciones militares españolas, de forma colectiva al Regimiento de Caballería de Cazadores de Alcántara en reconocimiento del heroísmo mostrado en el río Igán.

Cuadro Carga del río Igán, pintado por Augusto Ferrer-Dalmau.

Mejor suerte corrió el manzanareño Ramón Caba Vera, cuyo reclutamiento aparece en el expediente de 1924, ya que pudo sobrevivir al asedio del puesto avanzado de Kudia Tahar. En septiembre de 1925, los rifeños atacaron la línea Estella en un intento de que los españoles tuvieran que enviar refuerzos, retirando, de esta forma, tropas destinadas al Desembarco de Alhucemas. El puesto de Kudia Tahar, donde estaba asignado Ramón Caba, fue el centro de los ataques. Tras varios días de dura lucha, con numerosos muertos y heridos, los españoles pudieron rechazar la ofensiva rifeña.

Supervivientes del ataque al puesto avanzado de Kudia Tahar.
El cuarto por la izquierda entre los que posan de pie es Ramón Caba.

Otros muchos manzanareños participaron en la guerra, aunque no haya quedado constancia periodística de su paso por Marruecos, y algunos de ellos no pudieron regresar con vida. Terminamos este artículo, a modo de homenaje, recordando los nombres de aquellos que, durante estos últimos años del conflicto bélico, acabaron sus días en el norte de África, muy lejos de sus familias y de su añorado Manzanares.

  • Juan Antonio Cano Maeso, Regimiento de Infantería de Ceriñola nº42, caído en combate el 10 de julio de 1921 en Bergusayán.
  • Juan Antonio Carrión Maeso, sargento del Regimiento de Caballería de Cazadores de Alcántara nº 14, caído en combate en el verano de 1921.
  • Bernabé Núñez-Herrador Maldonado, Regimiento de Infantería de La Reina nº2, caído en combate el 14 de septiembre de 1921.
  • Diego Guijarro Camacho, Regimiento de Infantería Guipúzcoa nº 53, caído el 14 de septiembre de 1921.
  • José Gallego Guerrero, Regimiento de Infantería Wad Ras nº 50.
  • José Giménez Álvarez, Regimiento de Infantería de Ceriñola nº 42.
  • Matías Enrique Zúñiga, Regimiento de Infantería de Ceriñola nº 42.
  • Enrique Cano López, Regimiento Mixto de Artillería de Melilla.
  • Francisco Eugena Agarrabeitia, Intendencia, herido en Tizzi Azza y enterrado en Melilla.
  • Martín Agarrabeitia Eugena
  • Ildefonso Camacho Pinés, capitán del Grupo de Regulares nº4, caído en combate el 28 de abril de 1922 en Tazaraut.
  • Santiago López de la Manzanara Sánchez de la Blanca, Regimiento de Infantería Covadonga nº40.
  • Alfonso Carrión Díaz-Benito, Regimiento de Infantería Covadonga nº40.
  • Francisco Manzanares Sánchez de la Blanca, Regimiento de Infantería Covadonga nº40.
  • Francisco Rodríguez de la Paz López-Camacho, Regimiento de Infantería Covadonga nº40.
  • Manuel Arroyo Sánchez-Carnerero, Regimiento de Infantería Covadonga nº40, desaparecido durante la evacuación de Dar-Mestafat el 21 de septiembre de 1924.
  • Miguel Carrasco Solana, muerto por disentería el 27 de junio de 1928 en Villa Sanjurjo.
  • Francisco Bustos Salas, muerto por tifus en Larache en 1928.

Miguel Ángel Maeso Buenasmañanas, julio de 2026



[1] MARTÍNEZ CARRIÓN, JOSÉ MIGUEL (2012): “La talla de los europeos, 1700-2000: ciclos, crecimiento y desigualdad”, en Investigaciones de Historia Económica, volumen 8, número 3, páginas 176-187.

[2] Instrucción alfabética de los mozos útiles del reemplazo de 1992. Publicado por el Instituto Nacional de Estadística.

[3] MAESO BUENASMAÑANAS, MIGUEL ÁNGEL (2020): La familia Pedrero, los constructores de los edificios más emblemáticos de Manzanares, Uno Editorial, 2ª edición, 250 pp.

[4] BERMÚDEZ GARCÍA-MORENO, ANTONIO (2021): Manzanares bajo el reinado de Alfonso XIII. 1902 - 1931,  2ª edición corregida y aumentada.


Anexo documental

Publicamos a continuación de forma íntegra en formato digital todos los expedientes correspondientes a este periodo que se han conservado en el Archivo Histórico Municipal.

  • Expediente general de las operaciones de reclutamiento y reemplazo del ejército de 1926.


lunes, 27 de abril de 2026

ENTREGA DEL PREMIO DULCINEA EN LA CATEGORÍA DE ENSAYOS AL LIBRO “UNA VISIÓN ALTERNATIVA SOBRE LA DESAMORTIZACIÓN, MANZANARES (1798-1876)”

El 24 de abril se celebró en la Casa Regional de Castilla-La Mancha en Madrid la entrega de los VIII Premios Dulcinea otorgados por la Asociación de Escritores de Castilla-La Mancha. En la categoría de ensayo fue premiado el libro “Una visión alternativa sobre la desamortización, Manzanares (1798-1876)” escrito por Miguel Ángel Maeso Buenasmañanas.

Formaron parte del jurado el filólogo y lingüista Alberto Gómez Font, exdirector del Instituto Cervantes de Rabat; la editora Charo Fierro, cofundadora de Huerga y Fierro Editores; y el abogado Alejandro Moreno Romero, miembro fundador de la Asociación Prometeo de Poesía, todos ellos con una destacada trayectoria en el ámbito cultural y literario.

Intervención de Miguel Ángel Maeso durante el acto de entrega de premios

Reproducimos a continuación el texto íntegro y un fragmento en vídeo de la intervención del autor en el acto, en la que realizó una breve exposición de su libro.

INTERVENCIÓN DEL AUTOR

En primer lugar, quiero expresar mi agradecimiento a la Asociación de Escritores de Castilla-La Mancha por la concesión del premio Dulcinea en la categoría de ensayo y, además, por darme la oportunidad en este acto de dar a conocer mi libro “Una visión alternativa sobre la desamortización: Manzanares (1798-1876)”.

Empecemos preguntándonos en qué consistió la desamortización y qué consecuencias tuvo.  Se puede definir la desamortización como la expropiación y posterior venta por parte del Estado de los bienes, especialmente fincas rústicas, que poseían la Iglesia y otros organismos públicos, como ayuntamientos.

Es, sin duda, uno de los procesos más relevantes de la historia contemporánea de España ya que la enorme superficie rústica vendida provocó una completa transformación en la estructura de propiedad con profundas consecuencias económicas, sociales y políticas.

Algunos datos que nos ayudan a entender la magnitud de este cambio son, por ejemplo, que en Manzanares, que era una localidad en la que la Iglesia no tenía excesivas propiedades, se desamortizó en torno a un 40% de las fincas del término municipal. En zonas de sierra de la provincia de Ciudad Real, donde la principal actividad era la ganadería que requiere la existencia de grandes fincas, el porcentaje de tierra desamortizada pudo llegar al 80%, como es el caso de Puertollano o Almodóvar del Campo.

Además, hay que tener en cuenta que en el siglo XIX estamos en una sociedad eminentemente agraria, donde hasta un 80% de la población activa se dedicaba el sector primario. Por tanto, la desamortización supuso, nada menos, que el cambio en la propiedad de la principal fuente de riqueza del país.

¿Qué ideas tenía sobre la desamortización antes de empezar mi investigación, sobre todo relativas a Castilla-La Mancha, basadas en lo que había estudiado en los manuales de historia? Básicamente, que había sido un proceso con consecuencias negativas: se perdió la oportunidad de crear una clase de pequeños y medianos labradores que hubieran podido proporcionar estabilidad social y económica al país; los principales compradores habían sido la gran burguesía madrileña; la propiedad se habría concentrado aún más convirtiendo a gran parte de los campesinos en jornaleros sin acceso a la tierra; los nuevos propietarios se habrían limitado a explotar sus fincas con métodos tradicionales sin hacer mayores inversiones, ni modernizar sus explotaciones.

Con estas ideas en la cabeza, empecé mi investigación. En realidad, en ese momento estaba escribiendo sobre la Primera Guerra Carlista. Durante este conflicto bélico se produjo una de las desamortizaciones más conocidas, la de Mendizábal, por lo que consulté en el Archivo Histórico Provincial de Ciudad Real si existía documentación relacionada con este proceso. Para mi sorpresa, descubrí que en el Archivo se conservaban cientos de expedientes de expropiación y subastas de fincas ubicadas en el término municipal de Manzanares.

Además, estos expedientes pertenecían a todas las desamortizaciones: desde la primera de Godoy, que se inició finales del siglo XVIII, a las realizadas durante la ocupación francesa, el Trienio Liberal (1820-1823) y también, por supuesto, expedientes de las más conocidas de Mendizábal y Madoz.

Adicionalmente, podía completar toda esta información con catastros de Manzanares, como el de Ensenada y Martín de Garay, sobre las que ya había escrito previamente.

¿Y qué conclusiones obtuve de todos estos datos? Pues muy diferentes y contradictorias a las conclusiones tan negativas que acabo de comentar. Me voy a centrar en tres ideas principales.

La primera conclusión es relativa a los compradores y al acceso a la tierra. Es cierto que hubo algún miembro de la burguesía madrileña que adquirió una gran finca en Manzanares, sin embargo, la inmensa mayoría de los compradores fueron manzanareños. Esto tiene un reflejo en al aumento sostenido de los vecinos de Manzanares, no eclesiásticos, con tierras en propiedad, que prácticamente se triplicaron durante la desamortización. No sólo había más manzanareños propietarios, sino que también disfrutaban de unos porcentajes crecientes de la riqueza agrícola, pasando de poseer un 50% de la riqueza a alrededor de un 80%.

Además, entre los compradores encontramos, por supuesto, a familias de la nobleza y de la burguesía local, pero también a personas más humildes que adquieren un pequeño azafranal u olivar que les permitiría complementar sus fuentes de ingresos.

La segunda conclusión es relativa a la modernización del sector agrícola. Los nuevos propietarios hicieron una clara apuesta por mejorar la rentabilidad de sus explotaciones invirtiendo en cultivos más rentables, sobre todo el azafrán y la vid. La superficie de viñedo se había quintuplicado a la conclusión de la desamortización.

Además, los protagonistas de estas inversiones pertenecían a todas las clases sociales, por ejemplo, en el caso del azafrán, fueron los labradores más humildes los que apostaron por este cultivo y, en el caso de la vid, los mayores viticultores fueron los pequeños y medianos agricultores.

La tercera conclusión, quizá la más relevante, estuvo en el cambio en las mentalidades y actitudes políticas. El siglo XIX estuvo plagado de guerras civiles entre absolutistas y liberales y entre las diferentes facciones del liberalismo (moderados, progresistas, republicanos). Durante todo este periodo Manzanares actuó como un bastión liberal en una provincia, como la de Ciudad Real, con fuerte presencia del absolutismo. Desde que empecé a estudiar la historia de Manzanares siempre me había preguntado el motivo del carácter tan marcadamente liberal de esta localidad.

Creo, tras esta investigación, que la fuerte participación de los manzanareños desde las primeras desamortizaciones puede ser una explicación. Cada vez que estos conflictos civiles habían terminado con una vuelta del absolutismo se anulaban o cuestionaban todas las desamortizaciones realizadas. Hay un caso muy llamativo de un comprador en Manzanares que adquirió durante la ocupación francesa una finca, la dehesa de Siles, de más de 700 hectáreas con una considerable inversión de 400.000 reales, que, a la vuelta al poder de Fernando VII convertido en rey absolutista, tuvo que devolver la finca a la Orden de Calatrava perdiendo todo el dinero invertido.

Ante esta situación, ¿qué actitud podrían tener los manzanareños compradores de tierras desamortizadas? Aunque no tuvieran fuertes convicciones políticas, ante el riesgo de perder su propiedades e inversiones, no tendrían otra opción que apostar por el triunfo del nuevo Estado liberal.

En resumen, este libro pretende aportar una mirada más compleja y matizada sobre la desamortización. No se trata de negar los efectos negativos que pudo tener en el conjunto de España, sino de mostrar que también hubo casos concretos, como es el caso de Manzanares y seguro que no fue una excepción, en los que contribuyó a ampliar el acceso a la propiedad, dinamizar la economía y consolidar el nuevo orden liberal.

Para cerrar mi intervención quiero reivindicar los estudios de historia local. Creo que, para comprender los grandes procesos históricos, como es el caso de las desamortizaciones, es imprescindible complementar la visión global con el análisis de casos concretos, cercanos a la realidad local, donde los matices y particularidades cobran todo su sentido.


Miguel Ángel Maeso Buenasmañanas, abril 2026

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sábado, 18 de abril de 2026

DOCUMENTOS: EL PLANO DE PEROLA DEL RÍO AZUER A SU PASO POR MANZANARES (1616)

En este blog hemos tenido una especial predilección por divulgar planos históricos de Manzanares. Todos los que hemos publicado hasta ahora los tenemos recopilados en una sección específica del Archivo Histórico Digital de Manzanares (AHDM). 

Sin embargo, nos faltaba por añadir uno de los planos más llamativos de nuestra localidad, el realizado por Perola en 1613 del río Azuer a su paso por Manzanares. Gracias a Antonio Bermúdez, que nos ha proporcionado el documento digitalizado, podemos por fin en esta entrada del blog presentar este interesante plano. También tenemos que agradecer a Juan Ramón Romero Fernández-Pacheco y Juan de Avila Gijón Granados por ser los primeros en localizar y publicar este relevante documento, cuyo original está custodiado en la sección de Órdenes Militares del Archivo Histórico Nacional.

Para poner en situación a los lectores, este plano se elaboró en el marco de un litigio judicial entre Pedro Fernández de Salinas, el propietario del Molino Grande, con los propietarios de las huertas que utilizaban el agua del río para regar sus cultivos. Este pleito está perfectamente estudiado por Francisco Javier Moreno Díaz del Campo. A continuación dejamos un enlace a un artículo y a un vídeo de una conferencia de este historiador para aquellos interesados que quieran más información sobre el litigio judicial.

De forma resumida, Pedro Fernández Salinas se quejaba de que los regantes estaban haciendo un mal uso del agua que impedía que llegase caudal suficiente al Molino Grande. Esta queja era doble. Por un lado, acusaba a los regantes de haber dejado abandonada y semidestruida la antigua acequia, construida a finales del siglo XVI, que hubiera permitido regar sus huertas sin perjudicar en exceso al molino. Adicionalmente, les acusaba de haber roto de forma unilateral el caz para desviar agua a sus huertas. De hecho, en el plano están marcadas con letras mayúsculas y explicadas con una leyenda tanto la ubicación de la antigua acequia como las roturas del caz.

En cuanto al autor del plano, sabemos que fue el italiano Esteban Perolli, también conocido como Stefano Pferola. Llegó a España en 1575 acompañando a su tío, el pintor genovés Juan Bautista Perolli, que había sido contratado por Álvaro de Bazán para trabajar en su palacio del Viso del Marqués. Esteban se asentó en España donde trabajó como arquitecto y pintor en numerosas obras en la provincia de Ciudad Real como el monasterio de San Francisco en El Viso, el santuario de la Virgen de las Nieves y el almacén de los Fugger en Almagro, el retablo mayor de la iglesia de la Asunción de Miguelturra, etc.

Centrándonos ya el plano, debido a su tamaño, lo vamos a publicar divido en cuatro partes. No obstante, quien quiera consultar y descargar el documento completo podrá hacerlo pulsando en este enlace. También existe una magnífica reproducción a gran escala en el museo del Molino Grande.

En esta primera parte del plano hay varios aspectos destacables que comentamos a continuación. 

Para ver esta parte del plano en pantalla completa y con máxima resolución, pulsar en el siguiente enlace.

En primer lugar, vamos a intentar situarnos. El primer puente que se observa en el río podría corresponder con el puente de la Reina o con alguno otro, más adelante en el cauce, situado aproximadamente en la actual avenida Castilla - La Mancha. La parte final del plano llegaría justo al inicio de la actual fábrica de harina.

Destaca que este tramo del río se denomine en el plano como "madre del río Azuel", cuando en la actualidad se considera como madre viaje al tramo que discurre desde el puente de la Reina hacia el puente de los Pobres. Esto ya lo había señalado Antonio Bermúdez en su artículo "El caz y los molinos de agua en el término de Manzanares". De hecho, el tramo entre los puentes de la Reina y los Cinco Puentes no se habilitó realmente hasta el año 1935, cuando se realizaron unas obras de encauzamiento con el objetivo de que "en caso de sobrevenir avenidas extraordinarias, una parte importante del caudal se canalizase hacia el puente de los Pobres mucho antes de llegar a la zona habitada, minimizando así los efectos de las riadas sobre la población". Por tanto, el plano de Perola parece corroborar que la madre viaje del Azuer realmente llegaba hasta el Calicanto.

Otro aspecto novedoso es la existencia del meandro, con un segundo puente, actualmente desaparecido. Esto nos confirma que a lo largo del tiempo ha habido numerosas actuaciones humanas para desviar o modificar el cauce.

Las zonas marcadas con las letras A y B hacen referencia a la acequia que a finales del XVI se había construido para facilitar el riego de las huertas. A partir del punto B, estaba destruida como muestran los puntos suspensivos, motivo por el que los regantes habían optado por romper el caz más adelante, como veremos en la parte 3 del plano.

Por último, destacan las huertas arboladas a ambos lados del río. Esto es plenamente coherente con la información que un siglo después nos proporciona el Catastro de Ensenada. En este importante documento se registran numerosas huertas en Manzanares plantadas de árboles frutales (manzanos, perales, membrillos, moreras, ciruelos, guindos, almendros...) y también de árboles madereros (olmos). Por tanto, pensamos que en este punto Perola, parece reflejar fielmente el paisaje alrededor del Azuer. 

Continuamos con la segunda parte del plano.

Para ver esta parte del plano en pantalla completa y con máxima resolución, pulsar en el siguiente enlace.

La primera huerta arbolada a la izquierda de la imagen se ubica en la actual fábrica de harinas. En este punto, como en la actualidad, el río se bifurcaba en dirección al puente de los Carros, discurriendo en paralelo al camino de Almagro, y un segundo ramal, el caz, con destino al Molino Grande.

A la entrada de la población destaca la representación de lo que parece ser un rollo o una picota. Ambos eran columnas de piedra que, sin embargo, tenían funciones diferentes. El rollo indicaba, a modo de advertencia, que la localidad tenía jurisdicción propia, que contaba con un alcalde mayor que podía administrar justicia. Por el contrario, en las picotas se exponía a los reos o lo cuerpos de los ajusticiados por la autoridad civil, a modo de escarmiento público. Aunque también era habitual que un rollo pudiera reutilizarse como picota. La siguiente fotografía es de una picota en el pueblo burgalés de Presencio, la cual es muy similar a la que aparece reproducida en el plano.


Se muestra también con mucho detalle en el plano un puente y una calle principal de entrada a Manzanares. Se corresponden con calle de la Cárcel y con el puente que había enfrente de esta vía y que puede observarse en la siguiente fotografía de Azuara de los años veinte del siglo pasado.


La parte 3 del plano es la que quizá menos detalles incluye.

Para ver esta parte del plano en pantalla completa y con máxima resolución, pulsar en el siguiente enlace.

Lo más destacable de esta tercera parte es la mención a los nombres de los propietarios de cada una de las fincas limítrofes con el caz del río: quiñón de la viuda de Rodrigo Moreno, quiñón de Fernando Núñez....

Los puntos marcados con la letra E eran las zonas donde se había roto el cauce para regar las fincas y que era el principal motivo de queja del propietario del Molino Grande.

Finalizamos con la parte número 4.

Para ver esta parte del plano en pantalla completa y con máxima resolución, pulsar en el siguiente enlace.

En esta última sección destaca la minuciosa reproducción del Molino Grande, que recuerda tanto al actual edificio. Sorprende positivamente que cuatro siglos después se haya conservado con tan pocos cambios la estructura del edificio.

La fotografía de la izquierda es de Carlos Caba Cantero.

Terminamos en este punto tan emblemático este recorrido por el magnífico e interesantísimo plano de Perola. Esperamos que hayan disfrutado de este viaje por el río Azuer a principios del siglo XVII.

Miguel Ángel Maeso Buenasmañanas, abril de 2026


ENTRADAS Y ENLACES RELACIONADOS:


sábado, 28 de marzo de 2026

ARCHIVO FOTOGRÁFICO "CARLOS CABA CANTERO"

  

Carlos Caba Cantero lleva seis décadas captando con su cámara la esencia de Manzanares. Sus primeras fotografías, muy conocidas, datan de finales de los años 60 del siglo pasado, cuando tomó unas magníficas instantáneas en blanco y negro de unas desiertas calles de Manzanares.

Tenemos el privilegio de publicar una parte de este enorme tesoro fotográfico en el que hemos denominado Archivo Fotográfico "Carlos Caba Cantero". Queremos agradecer la confianza que ha depositado Carlos en el blog www.manzanareshistoria.es para ayudar a divulgar parte de su valiosísimo trabajo y esperamos estar a la altura del reto.
El Archivo Fotográfico "Carlos Caba Cantero" se integra en la iniciativa del Archivo Histórico Digital de Manzanares (AHDM), cuyo objetivo es la recopilación, digitalización y publicación de todos los documentos, fotografías y vídeos que sobre nuestra localidad están dispersos en diferentes archivos o en manos de particulares. 

Según nos relata el propio Carlos:

Con una cámara Wiking, muy sencilla, di mis primeros pasos en el mundo de la fotografía, cuando contaba quince años, ¡ya pasó tiempo!

No tardé mucho en dar un gran salto en calidad al adquirir una Voigtlander, Vitoret, gran cámara, con una excelente óptica, con fotómetro y telémetro incorporado. ¡Un gran cambio! Esta cámara me dio grandes satisfacciones, durante muchos años.

Por mi afán de avanzar en el mundo de la fotografía, en febrero del 73 monté mi propio laboratorio, ampliadora, con dos objetivos, tanque de revelado de negativos, cubetas, pinzas, lámpara roja para el cuarto oscuro, etc. En fin, lo necesario para sumergirme en la magia de ver aparecer la imagen, en la película y, después en el papel, en el baño de revelado.

Me interesé por la fotografía nocturna, calles y rincones de Manzanares. Cámara al hombro y trípode en mano, escogía calles o plazas donde no hubiera tránsito de personas que impidieran la captación. Con película de mayor sensibilidad, por lo general 400 ASA; ajustando la exposición y repitiendo la toma variando los parámetros, que anotaba para, una vez revelada la película, ver resultados y positivar las mejores.

En el año 1977 compré una cámara Konica, y más o menos por estos años, bajé el ritmo de mi afición, quedando casi limitada a las clásicas fotos de vacaciones y eventos familiares. 

En octubre de 2004, pasé a fotografía digital con una cámara pequeña y compacta, pero con buenos resultados, la Werlisa PX5000. Más tarde, pasé a la Canon EOS 350D y no mucho más tarde adquirí la Canon EOS 550D. Y, por último, la que actualmente utilizo, Canon EOS 6D.

Aún, ahora, algún día que otro, me cuelgo la cámara y me lanzo en busca de alguna imagen por el pueblo y por calles y lugares mil veces fotografiados, pero nunca iguales; el momento, la hora, la luz ... las hacen diferentes.

Carlos Caba Cantero

Carlos Caba conserva todos los negativos desde que empezó en el mundo de la fotografía y ha digitalizado una gran parte de ellos. De todo este enorme conjunto, publicamos una selección de unas 150 fotografías y en próximas fechas iremos ampliando el fondo del archivo con nuevas publicaciones. Las fotografías seleccionadas hasta ahora se organizan en las siguientes secciones:


PASEOS POR EL MANZANARES DE LOS AÑOS 60 y 70


Paseo diurno por las calles de Manzanares
(1967-1978)


Nos trasladaremos a los años 60 y 70 del siglo pasado para pasear por las calles de Manzanares. 

La ausencia de personas y vehículos en muchas de las fotografías traslada una curiosa, casi hipnótica, visión de las calles de Manzanares.


Repetimos el mismo paseo, pero al amparo de la noche y, en algunos casos, de la iluminación navideña.

La oscuridad resalta todavía más las sensaciones que nos trasladaban las fotografías del paseo diurno.



Paseo por el río Azuer a su paso por Manzanares (1966-1974)

En esta sección, recorremos la ribera del río Azuer a su paso por Manzanares. El paseo se realiza por los dos cauces en los que se bifurcaba el río en Manzanares: la Madre Vieja y el Caz que recorría el actual paseo Príncipe de Asturias.


RECORRIDOS POR EL PATRIMONIO RELIGIOSO


Iglesia de la Asunción de Nuestra Señora
(1968-2015)


Gracias a las fotografías de Carlos Caba podremos conocer la evolución del interior y exterior de la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción desde el año 1968, el edifico religioso más  emblemático  de Manzanares.




Recorrido por las ermitas y conventos de Manzanares. Entre los templos visitados están las ermitas de la Veracruz, San Antón, San Blas, la Virgen de la Paz y la Virgen de la Soledad y el convento de las Franciscanas Descalzas.


MISCELÁNEA


Lugares y edificios emblemáticos en color
(2004-2026)


Si en anteriores secciones predominaban las fotos en blanco y negro, en esta ocasión vamos a publicar fotografías más recientes en color de lugares y edificios emblemáticos de Manzanares.



El Molino Grande antes y después de la restauración
(2007-2018)


En esta sección vamos a comparar fotografías tomadas por Carlos Caba Cantero en los años previos a la restauración del Molino Grande con otras tomadas en el momento de su inauguración en junio de 2018.



Desde la construcción del embalse del Puerto de Vallehermoso disfrutar del río Azuer con agua es algo excepcional. Sin embargo, cada 10 o 15 años, se suceden episodios de precipitaciones muy altas que provocan que el pantano tenga que abrir sus compuertas. Uno de estos últimos episodios sucedió en el invierno de 2009-2010.