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sábado, 6 de abril de 2019

EL ESPECTACULAR ATRACO DEL TREN CORREO EN MANZANARES (1872)

En 1872, segundo año del reinado de Amadeo I, la situación política española era crítica. Los dos partidos monárquicos que debían sustentar el nuevo reinado, el Constitucional y el Radical, estaban enfrentados y dispuestos a utilizar cualquier medio para alcanzar el poder. Republicanos y carlistas conspiraban abiertamente para derrocar a la monarquía. Las elecciones generales de abril de 1872 agudizaron las tensiones y el gobierno optó por concentrar a la Guardia Civil en las capitales de provincia, en previsión de posibles levantamientos armados. Esta medida deterioró, más si cabe, la situación de orden público y dejó buena parte del territorio a merced de los bandoleros.

El suceso más llamativo en estos momentos tan críticos, y que fue primera plana de la prensa nacional durante días, fue el espectacular atraco en Manzanares del tren correo el 31 de marzo de 1872[1]. A las nueve de la noche del sábado 30 una partida de unos veinticinco bandoleros armados con trabucos y fusiles retuvieron a los guardas que trabajaban en el paso a nivel que existía en la venta de Consolación, a medio camino entre Manzanares y Valdepeñas. Obligaron a los guardas a levantar los raíles y dejaron las traviesas sobre la vía.

Unas horas después, a las 0:15 del domingo, llegó el tren correo proveniente de Andalucía. Los bandoleros obligaron a los guardas a hacer señales de detención al tren, pero éste no pudo parar, lo que provocó su descarrilamiento al tiempo que los forajidos empezaban a disparar sobre el convoy. Dos guardias civiles y el teniente del ejército José Manuel de Lalama, que formaban parte del pasaje, reaccionaron heroicamente enfrentándose a los bandoleros. El teniente, sable en mano, salió del vagón acompañado por uno de los guardias y se lanzó contra los bandoleros gritando “¡a por ellos!”. Los bandoleros hicieron fuego sobre ellos, hiriendo al teniente en el hombro y reduciendo a ambos. El otro guardia civil se parapetó en el vagón inmediato a la máquina y disparó a los atacantes, pero éstos se encaramaron al techo del vagón y dispararon por el hueco del farol hiriéndolo gravemente de varios perdigonazos en el ojo. Parece que los bandoleros tenían intención de rematar al herido pero el jefe de la partida evitó que lo asesinaran. En algunos periódicos se describió al jefe de los bandoleros, con sorprendente tono amable a tenor de los graves hechos sucedidos, como “un joven de 24 años, de agradable aspecto y distinguidas maneras. Su apellido es francés y muy conocido en aquellas comarcas[2].

Algunos pasajeros, tremendamente asustados por el descarrilamiento y el tiroteo, intentaron huir del tren pero los bandoleros, entre amenazas, les obligaron a subir de nuevo a los vagones. Uno de los viajeros, un actor cómico procedente de Granada, que quizá no obedeció de forma inmediata a los forajidos recibió un tiro de escopeta a bocajarro que le atravesó el cuerpo.


Robo del tren correo ocurrido en Manzanares el 31 de marzo de 1872. Grabado publicado en el semanario La Ilustración Española y Americana del 8 de abril de 1872.  En el centro de la imagen se puede apreciar a los bandoleros subidos al techo del vagón disparando al interior, tal y como ocurrió con el guardia civil herido en un ojo. A la izquierda se representa el disparo contra el cómico de Granada y a la derecha al teniente que sable en mano ataca a los bandoleros.


Una vez que cesó la resistencia, los bandoleros intentaron poner cierto orden en el caos reinante asegurando a los pasajeros que no tenían que temer por sus vidas pues sólo querían el dinero. Los pasajeros refugiados en los vagones, en completo silencio, temían el momento de ser desvalijados, sin embargo, los ladrones se centraron en registrar el vagón de equipajes. Pasada una larga hora de angustia oyeron una voz de “¡fuera!” y un silbido. Los viajeros más atrevidos que se asomaron al exterior contemplaron como los bandidos, unos a pie y otros a caballo, se retiraban con el botín.

Según los testigos, los bandoleros huyeron hacia el sur, en dirección a Sierra Morena, pero seguramente fue una estratagema para despistar a las fuerzas del orden ya que pronto desviaron su ruta hacia la sierra de Siles, en dirección noroeste. Esa misma noche se interrumpió la comunicación telegráfica entre Manzanares y Ciudad Real. Posiblemente fueron los mismos bandoleros los que cortaron los hilos telegráficos durante su huida, para evitar que la noticia del robo llegara a la capital e impedir, de esta forma, que las tropas acantonadas en Ciudad Real pudieran salir en su persecución. El destino final de los asaltantes pudo haber sido los montes de Toledo, donde se refugiaban habitualmente varias partidas de bandoleros. 

Las versiones difieren en cuanto al botín. Según El Imparcial pudo ascender a 40.000 o 50.000 reales, más la recaudación de la compañía ferroviaria que se transportaba en seis cajas hacia Madrid. En otros periódicos se elevaba la cifra a 125.000 o 200.000 pesetas[3].

La noticia del asalto tuvo que llegar a Manzanares sobre las tres de la madrugada. Inmediatamente, el jefe del puesto de la Guardia Civil de la localidad salió en persecución de los ladrones con todos sus efectivos y dio aviso a los puestos de poblaciones cercanas. A su vez, el alcalde envió un telegrama al gobernador civil informándole de la noticia, que seguramente no pudo llegar a su destino por estar la línea cortada. Por su parte, la compañía ferroviaria organizó un tren de socorro en el que viajaron el médico y el ingeniero de la empresa y el juez de Manzanares Luis Angulo. A su llegada al lugar de los hechos, atendieron a los heridos que habían recibido los primeros auxilios de uno de los viajeros, el doctor Santero. El teniente pudo sobrevivir y fue ascendido por su comportamiento heroico durante el asalto[4]. El actor acabó falleciendo a consecuencia del disparo recibido[5] y, respecto al guardia civil, las últimas noticias encontradas indican que probablemente perdió el ojo. El resto de pasajeros y su equipaje se transbordaron al tren socorro y continuaron su viaje sobre las siete de la mañana, después de pasar una larga y angustiosa noche. Llegaron a Madrid a las dos de la tarde, donde les esperaban en la estación sus preocupadas familias.

La Guardia Civil siguió la pista de los bandoleros hacia la sierra de Siles y después hasta Bolaños de Calatrava. En el camino encontraron algunas monedas de cobre, patillas y bigotes postizos, pelucas y, en una caseta entre cenizas aún humeantes, restos de las cajas de caudales en las que las estaciones remitían la recaudación. La Guardia Civil no pudo atrapar a los bandoleros ya que perdió su pista en una zona arbolada de monte[6]. Aunque posteriormente se detuvo e internó en la cárcel de Ciudad Real a una veintena de personas por este asalto, no se pudieron encontrar pruebas concluyentes y fueron puestos en libertad en enero de 1873[7]. Es posible que la presión mediática en torno a este caso llevase a la Guardia Civil a realizar rápidas detenciones que luego no pudieron sustentarse ante los tribunales.

El impacto y la indignación por los hechos sucedidos en Manzanares fueron generales y en toda la prensa se escribieron duras críticas. Incluso en la prensa monárquica más templada, como en El Imparcial, se llegaron a comparar estos hechos con los asaltos de los indios en el oeste americano: 

“Si las pieles rojas supieran la facilidad con la que en el centro de España ha podido cometerse un atropello tan vandálico, seguros estamos de que en vez de intentar poner obstáculos a la marcha civilizadora de los norteamericanos, asaltando a los trenes del ferrocarril del Pacífico, se hubieran venido a esta tierra, donde sus feroces instintos no tenían que temer el rifle de los yankes.”

Otra crítica generalizada era que la decisión del gobierno de concentrar a la Guardia Civil en las capitales durante las elecciones de abril había dejado las zonas rurales a merced de bandoleros y forajidos. Desde El Imparcial también se aseguraba que el director de la empresa ferroviaria del Mediodía había avisado al gobierno de que un grupo de bandoleros estaba planeando asaltar un tren en la línea de Andalucía. En este mismo sentido, desde La Discusión se afirmaba que el jefe de la Guardia Civil de Ciudad Real tenía conocimiento de que se iba a intentar asaltar un tren y que había pedido, sin éxito, permiso para enviar fuerzas que vigilasen la línea ferroviaria. 

En los meses siguientes y hasta el final del periodo conocido como el Sexenio Revolucionario (1868-1874), el deterioro del orden público fue en aumento y los asaltos a los trenes fueron tan frecuentes, especialmente en La Mancha, que dejaron de ser noticia destacada en la prensa.


Miguel Ángel Maeso Buenasmañanas, abril de 2019.

(Artículo publicado originalmente en la revista Raíz y Rama. Vereda de los hombres, nº 2 de marzo de 2019)



[1] En el relato del asalto se ha seguido en su mayor parte la noticia publicada en El Imparcial del 1 de abril de 1872.








LA CIEGA DE MANZANARES, MARIA FRANCISCA DÍAZ CARRALERO (1818 -1894)

María Francisca Díaz Carralero, la Ciega de Manzanares, fue seguramente el personaje de nuestra localidad más conocido en toda España durante el siglo XIX[1]. Sus orígenes y la mala fortuna durante sus primeros años de vida no presagiaban un futuro muy halagüeño para María Francisca, pero sobre estas adversas circunstancias prevalecieron su inteligencia y sus ganas de aprender.

Nació en Manzanares el 10 de octubre de 1818, en una familia procedente de Tembleque (Toledo). Sus padres fueron Juan Bautista Díaz Carralero y Francisca Rodelgo. Tenía una hermana diez años mayor de nombre Juliana. Las desgracias empezaron muy pronto ya que a los seis días de nacer María Francisca se quedó ciega. En 1820 falleció su padre y, en ese mismo año, su madre se casó en segundas nupcias con Juan Antonio Nieto Sandoval. Con tan solo diez años se quedó huérfana al morir también su madre el 29 de junio de 1829. Por la inscripción de la defunción de la madre en el libro de difuntos de la parroquia de la Asunción[2] sabemos que quedó al cuidado de su padrastro Juan Antonio y que la familia, quizá humilde, no era desde luego pobre. La madre había hecho testamento, lo cual solo era habitual en familias con algún patrimonio. Además, las disposiciones que se mencionan sobre sus bienes, sobre cómo debía realizarse el enterramiento y las misas que debían celebrarse en su recuerdo sugieren que la familia tenía cierta capacidad económica.


Inscripción de la defunción de Francisca Rodelgo, madre de
La Ciega de Manzanares, en el libro de difuntos de la parroquia
de Nuestra Señora de la Asunción.

Sin embargo, pasados los años, María Francisca tuvo que recurrir a la mendicidad para ganarse la vida. Improvisaba poesías y hablaba en latín con los viajeros que en diligencias hacían parada en Manzanares o que pernoctaban en alguna de las fondas que había en la localidad. Con la llegada del ferrocarril en 1860 continuó sus actividades en la estación de tren. Normalmente pedía a los viajeros que le diesen alguna entrada sobre la que ella rápidamente improvisaba unos versos. Los viajeros quedaban impresionados de que una ciega, con pobres vestimentas, tuviera estas habilidades poéticas y conocimientos de latín y le recompensaban con limosnas. Debía causar una honda impresión ya que son numerosos los viajeros que dejaron constancia por escrito de haber conocido a la Ciega de Manzanares: el famoso novelista francés Alejandro Dumas[3], el también escritor francés Théphole Gautier[4], el filósofo inglés Willian George Clark[5], el periodista y escritor español Modesto Lafuente[6], etc.

Teniendo en cuenta de que no contaba con recursos económicos que le permitieran asistir a la escuela y que en Manzanares tampoco se dispondrían de los medios didácticos necesarios para enseñar a un invidente, resulta sorprendente que María Francisca pudiera aprender latín con la suficiente soltura como para expresarse en este idioma. Según lo relató el también manzanareño Pedro José Carrascosa y Carrión, obispo de Ávila y de Zoara, María Francisca, siendo niña, se sentaba todos los días en la calle junto a la ventana de una escuela de latinidad. A través de la ventana escuchaba atentamente las lecciones impartidas por el profesor y este, cuando se percató de las capacidades de su interesada oyente, le invitó a incorporarse a las clases como una alumna más. Desgraciadamente, el resto de los alumnos se quejaron de compartir clase con la ciega, que vestía con pobres ropas, y el profesor, muy a su pesar, no tuvo más remedio que expulsarla de la clase. Para colmo, la clase de latín se trasladó a otra estancia lejos de la ventana, privando a María Francisca de continuar escuchando las lecciones desde la calle[7]. De ser cierta en todos sus extremos esta historia, no deja de ser sorprendente la inteligencia de María Francisca y la actitud ruin del resto de alumnos, por otra parte, muy propia de la visión clasista de la época.

Pudo proseguir sus estudios de latín en 1837, cuando ya tenía 19 años, gracias a José María Melgarejo Salafranca, conde del Valle de San Juan. El conde conoció a María Francisca durante un viaje en el que paró en Manzanares y quedó tan sorprendido que la pensionó con un real diario y le pagó los estudios de latín. La buena suerte de María Francisca apenas duró un año ya que el conde decidió suspender su ayuda tras recibir una carta en la que se denunciaba que la ciega tenía mala conducta y que no estudiaba. Estas acusaciones debieron ser falsas, fruto de la envidia, ya que, sin la ayuda del conde, María Francisca prosiguió sus estudios durante tres años hasta 1840. Pagó las clases con lo que obtenía pidiendo limosnas. Según explicaba la propia María Francisca todos los días reservo de la limosna que me dan dos cuartos para dárselos a un muchacho del estudio para que me lea, y de este modo aprendo de memoria mis lecciones: además guardo todos los meses sin que lo sepa mi hermana para pagar a mi maestro una lección más que recibo todos los días, y lo restante se lo entrego a ella para que me vista y pague al director[8].


Soneto compuesto por María Francisca Díaz Carralero

La fama de María Francisca fue creciendo con el paso del tiempo, siendo conocida en toda España y mencionada frecuentemente en la prensa. Este reconocimiento le permitió viajar a diferentes lugares de España, encontrándose con relevantes personajes de la época. Su viaje más importante fue, probablemente, el que realizó a Madrid en 1850. Llegó a la capital de España en septiembre de 1850 y a los pocos días visitó la Escuela Normal de Ciegos, fundada en 1842 por la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País. María Francisca se quedó muy sorprendida con el reconocimiento de letras por el tacto y tras ser animada por los presentes se quedó en la Escuela Normal de Ciegos, aprendiendo esta técnica tan novedosa para ella[9]. Permaneció en el Escuela hasta, al menos, el 28 de diciembre, cuando se celebraron los exámenes anuales, en los que María Francisca improvisó algunas poesías en castellano y pronunció “un elegante discurso latino con esa facilidad que le ha hecho célebre[10].


María Francisca Díaz Carralero.La Ilustración del 21 de diciembre de 1850

Durante su estancia en Madrid, que se prolongó hasta marzo de 1851[11], tuvo una activa vida social siendo invitada a selectas veladas. Saturnina Ortega, esposa de Juan José Vicente, rico propietario dueño de los terrenos en los que se construyeron los barrios de Salamanca y Castellana de la capital de España, invitó a María Francisca a su quinta de Santa Engracia junto a una “escogida concurrencia[12]. La poetisa Carolina Coronado también la invitó a su casa, le regaló un volumen de sus poesías y abrió una suscripción económica a su favor[13].

Sin lugar a dudas, la invitación más relevante fue la de Mariano de Roca Togores y Carrasco, marqués de Molins, vizconde de Rocamora y ministro de Marina en 1850. Recibió en su casa a María Francisca con el objeto de oír sus poesías, con la presencia de relevantes figuras de la época: el ministro de Hacienda Juan Bravo Murillo, el duque de Rivas[14], su hijo el marqués de Auñón, el poeta Juan Nicasio Gallego, el filósofo y político Juan Donoso Cortés, el dramaturgo Antonio Gil y Zárate, el también dramaturgo Bretón de los Herreros, el político y periodista Agustín Esteban Collantes, el escritor y militar Jerónimo de la Escosura, el historiador José Amador de los Ríos o el político y periodista Cándido Nocedal. La recepción fue un éxito para María Francisca ya que por iniciativa de su anfitrión escribieron un memorial al señor comisario de la Cruzada[15], firmado por todos los presentes, para que le otorgaran un subsidio[16]. Finalmente, le fue concedida una pensión de cuatro reales diarios, cantidad que equivalía a la mitad del sueldo diario de un jornalero y que le hubiese permitido vivir con cierto desahogo. Sin embargo, la suerte le fue de nuevo esquiva a María Francisca. Al año siguiente, la Comisaría General de la Cruzada fue disuelta y, por tanto, perdió esta ayuda económica[17].

Otros viajes de María Francisca, detalladamente seguidos por la prensa, la llevaron en 1864 a las principales ciudades andaluzas: Granada, Córdoba, donde estuvo 24 días, y Sevilla[18]. A pesar de esta aparente buena fortuna y reconocimiento, la triste realidad de María Francisca era que continuaba viviendo de la mendicidad y en 1865 tuvo que viajar a Madrid para solicitar que le dejaran pedir limosna en el interior de la estación de tren de Manzanares, ya que solo le permitían hacerlo en los andenes[19].

En junio de 1871, la suerte pareció de nuevo sonreírle a María Francisca, ya que la poetisa Carolina Coronado, a la que había conocido en 1850, le invitó a pasar el otoño en su casa de campo. El objetivo de esta visita era “escoger entre las numerosas composiciones de la poetisa popular las que sean mejores, y encargándose de corregirlas y ordenarlas, publicará más tarde un tomo, con un prólogo escrito por ella, cuyo producto formará un pequeño capital” para el sostenimiento de María Francisca[20]. Como en ocasiones anteriores, esta iniciativa no llegó a buen puerto y el libro no fue publicado, privándole de esta posible fuente de ingresos[21].

En 1874, María Francisca ganó un premio literario en los juegos florales de Zaragoza, que era un certamen poético, habitualmente sobre temas patrióticos, regionalistas, religiosos o amorosos[22]. Junto a nuestra paisana, fueron premiadas importantes poetisas como la gallega Narcisa Pérez Reoyo.


Poesía de María Francisca Díaz Carralero que obtuvo el
primer premi
o en los Juegos Florales  de Zaragoza de 1874  

María Francisca falleció en Manzanares el 26 de julio de 1894, a los 75 años de edad, siendo recogida la noticia en un medio tan relevante como la revista Blanco y Negro[23].


María Francisca Díaz Carralero.
Publicado en la revista 
Blanco y Negro
del 11 de agosto de 1894, con motivo de
su fallecimiento
.

Miguel Ángel Maeso Buenamañanas, abril de 2019



[1] La fuente más completa de información sobre la Ciega de Manzanares y que ha sido utilizada en la elaboración de este artículo es el libro "La Ciega de Manzanares. Vida de una mujer extraordinaria", Julián Granados García de Tomás, Editorial ONCE, 2014.


[3] Menciona a la Ciega de Manzanares en su libro “España y África: cartas selectas” del año 1847.

[4] Menciona a la Ciega de Manzanares en su libro “Voyage en Espagne” del año 1843.

[5] Menciona a la Ciega de Manzanares en su libro “Gazpacho or Summer Months in Spain” del año 1850.

[6] Periódico Frai Gerundio del 26 de febrero de 1841.

[8] Periódico La Alhambra del 23 de agosto de 1840. Narración que realiza Agustín Salido Estrada de su encuentro con María Francisca en una posada de Manzanares el 7 de agosto de 1840.

[14] Ángel de Saavedra y Ramírez de Baquedano, duque de Rivas. Ocupó importantes cargos a lo largo de su vida política como embajador en Nápoles y en París, vicepresidente del Senado y del Estamento de Próceres, ministro de la Gobernación y de Marina, presidente del Consejo de Ministros (durante solo dos días de 1854), presidente del Consejo de Estado y director de las Reales Academias de la Lengua y de la Historia. Fue autor del drama romántico “Don Álvaro o la fuerza del sino”.

[15] El Consejo de Cruzada fue un organismo de la administración española creado a principios del siglo XVI. A mediados del XVIII pasó a denominarse Comisaría General de Cruzada, nombre que conservaría hasta su desaparición en 1851. Tenía atribuciones consultivas, judiciales y de gobierno para gestionar los ingresos procedentes de las tres gracias (bula de cruzada, subsidio y excusado) concedidas por la Santa Sede a la Corona española para su utilización en la defensa de la fe católica.

[18] Periódico La Crónica de Gerona del 5 de julio de 1864, revista La Violeta del 26 de junio de 1864, periódico el Diario de Córdoba del 24 de octubre de 1864.


domingo, 24 de marzo de 2019

PRESENTACIÓN EL 28 DE MARZO DE LA NUEVA REVISTA "RAÍZ Y RAMA" EN LA BIBLIOTECA MUNICIPAL



Isabel Villalta Villalta edita y dirige la revista Raíz y Rama Vereda de los Hombres. Su presentación tendrá lugar el próximo 28 de marzo a las 20:00h en la Biblioteca Pública Lope de Vega de Manzanares.

La revista es una publicación científica compuesta por veinte artículos de diversos autores y materias. Contiene más cincuenta ilustraciones o fotografías relacionadas con el tema de los textos. El poeta Federico Gallego Ripoll está presente en sus páginas con unas dibujos especiales.

La revista rinde un recuerdo homenaje al científico de Manzanares Julián Gómez-Cambronero Pacheco, fallecido recientemente en los EEUU, donde era catedrático e investigador.

Esta publicación será de aparición anual en alternancia con la dedicada a la de creación literaria, Raíz y Rama Noches Estivales.

Isabel Villalta invita a su lectura a todos aquellos que quieran disfrutar de un texto ameno y muy interesante, realizado por autores expertos en cada una de sus disciplinas académicas.

domingo, 17 de marzo de 2019

DOCUMENTO: CRÓNICA DE LA INAUGURACIÓN DEL CEMENTERIO PARROQUIAL (1880)

A principios del siglo XIX, el lugar habitual de enterramiento en Manzanares era en el interior de las iglesias o en pequeños cementerios que existían alrededor de las mismas. En esta época había cementerios en al menos los siguientes lugares: en la fachada principal y posterior de la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción; en el pradillo de las monjas, en la fachada del convento de las religiosas franciscanas; en el hoy desaparecido convento de los padres carmelitas descalzos al final de la calle del Carmen frente al castillo; en los alrededores de la ermita Nuestra Señora de Gracia en la actual plaza del Gran Teatro; en el atrio de la ermita de la Virgen de la Paz; en la ermita de San Isidro, también desaparecida y que se ubicaba en donde actualmente está el quiosco de la música y, por último, en la ermita de la Veracruz.

En el año 1787, una Real Orden de Carlos III dispuso que se construyeran los cementerios fuera de las poblaciones, ley que fue reiterada durante el reinado de su hijo Carlos IV en 1804, con el objetivo de evitar enfermedades o epidemias por la descomposición de los cadáveres. A consecuencia de esta normativa, la mayor parte de los enterramientos se realizaban en el cementerio de la ermita de Nuestra Señora de Gracia, ubicado en la actual plaza del Gran Teatro, que por aquel entonces estaba fuera del núcleo urbano.

Con la apertura de la estación de tren en 1860 y el desarrollo urbanístico que esto propició, el cementerio de la ermita de Nuestra Señora de Gracia quedó dentro del núcleo urbano. Por ello, se abrió un nuevo cementerio parroquial el 25 de julio de 1880 en unos terrenos fuera de la localidad, a la espalda del actual parque del polígono. Muchos de los restos de los enterrados en el cementerio de la ermita de Nuestra Señora de Gracia fueron trasladados por sus familias al nuevo cementerio.

En esta entrada del blog presentamos la crónica de la inauguración del nuevo cementerio parroquial en 1880, que se encuentra en la página 109 del libro nº20 de defunciones de la parroquia de la Asunción.

Pulsar sobre la foto para ampliar la imagen

La transcripción literal del texto es:

MEMORIA

En el día que abajo se expresa fue bendito el nuevo cementerio propio de esta Parroquia por el Excelentísimo e Ilustrísimo Sr. Don Pedro José Carrascosa Obispo de Ávila a cuya solemnidad asistieron además de la Parroquia y Cavildo (sic), todas las autoridades y dependencias de las mismas y su partido, como también las Cofradías y un numeroso concurso. 

Dicho solemne acto se principió a las seis de la tarde saliendo procesionalmente desde la Parroquia a dicho sitio, en el que concluida la bendición, exortó (sic) dicho Sr. Obispo a toda la concurrencia para que mirasen desde entonces aquel local, antes indiferente, como Santo y digno de todo respeto, siendo a la vez círculo de unidad y que fue para todos los hijos de Manzanares. 

Acto seguido excitó el Sr. Obispo al pueblo para que a la mayor brevedad se levantara en medio de dicho local una Capilla proporcionada y digna del establecimiento y del pueblo en el que se gloriaba haber nacido, idea loable que acogieron todos los circunstantes. Se cerró el cementerio viejo con las defunciones de D. Juan Antonio Antequera y Vicente Iglesias, que estrenó el nuevo con las de D.Livoria Alonso Campos y D. Antonio López Camacho. Manzanares a veinte y cinco de julio de mil ochocientos ochenta.

El teniente

         Sebastián Sánchez Blanco

El cementerio parroquial fue sustituido en 1912 por el actual cementerio municipal y no fue desmantelado hasta 1994, cuando el Ayuntamiento realizó una monda para retirar todos los restos humanos. Ambas decisiones provocaron una gran polémica que bien merece ser tratada en una entrada específica de este blog. Del antiguo cementerio parroquial solo queda en la actualidad en pie un antiguo panteón.

Único panteón que se conserva en la
actualidad del antiguo cementerio parroquial

viernes, 8 de febrero de 2019

"RAÍZ Y RAMA VEREDA DE LOS HOMBRES", nueva revista en Manzanares

El próximo 28 de marzo, a las 20:00 horas, se presentará en la Biblioteca Municipal Lope de Vega la nueva revista Raíz y Rama Vereda de los Hombres, que contendrá 20 interesantes artículos de carácter científico sobre diversas disciplinas. La revista está dirigida por Isabel Villalta y tendrá una periodicidad anual, en alternancia con la ya editada de poesía, de aparición en verano, Raíz y Rama Noches Estivales.


Los colaboradores y las disciplinas científicas de sus artículos son:

- Agricultura Manuel Villalta
- Antropología Martín Gómez-Ullate
- Arqueología Diego Gallego
- Arquitectura Teodoro Sánchez-Migallón
- Astronomía Miguel Morales
- Cultura Elena Rojo
- Derecho Pedro Nieto
- Educación José Luís González
- Escultura Manuel Gallego
- Filología Isabel Villalta
- Filosofía Federico Martín
- Fotografía David Torres
- Historia Miguel Ángel Maeso
- Leyes Fernando Rausell
- Literatura María José García Bolós
- Medicina Pilar Sánchez
- Pintura Gonzalo Serrano
- Política Jerónimo Romero-Nieva
- Química Virginia Sánchez
Ilustraciones de Federico Gallego Ripoll