lunes, 20 de enero de 2020

DOCUMENTO: MEMORIAS PARA LA HISTORIA DE LA VILLA DE MANZANARES, PROVINCIA DE LA MANCHA, HASTA EL AÑO 1814

Este documento, también conocido como manuscrito de La Merced, fue escrito en 1814 por cinco vecinos de la localidad y relata la historia de Manzanares desde sus orígenes hasta la Guerra de la Independencia (1808-1814).


Portada del manuscrito de La Merced.

La cuarta parte del manuscrito es la más interesante ya que cuenta con todo detalle los acontecimientos de la reciente la Guerra de la Independencia. La proximidad entre la redacción del documento y los hechos narrados le confieren especial interés. Una transcripción completa del manuscrito está disponible en el blog de Jerónimo Lozano García-Pozuelo en el siguiente enlacePara mayor información sobre el manuscrito de La Merced se puede consultar el siguiente artículo de Antonio Bermúdez: "El documento de la Merced y sus autores".

Incluimos a continuación la transcripción de la cuarta parte dedicada a la Guerra de la Independencia, por ser la de mayor interés, tomada del libro "Al derredor de la Virgen del Prado", de R. Ramírez de Arrellano, del año 1914.



MEMORIAS PARA LA HISTORIA DE LA VILLA DE MANZANARES, PROVINCIA DE LA MANCHA, HASTA EL AÑO 1814

No fue Manzanares inferior a ningún pueblo de la España en el afecto a su monarca Fernando VII. La misma opinión que formaban los buenos sobre los negocios del Escorial: el mismo odio al vil Godoy; el mismo entusiasmo al oir la renuncia del Sr. D. Carlos IV y la coronación de su deseado rey; en todo y por todo mereció este pueblo leal el concepto muy ventajoso de cuantos saben apreciar los sentimientos grandes. Prueba de su sagacidad y firmeza fue lo acaecido con Dª Josefa Tudó, su madre y dos hermanas y con el vicario general de los reales ejércitos D, Juan Diego Druso y Solano, cuyos efectos y comitiva fueron detenidos en esta villa aun antes de saber las ocurrencias de Aranjuez, solo por el odio que se había concebido contra Godoy, sospechando de su marcha precipitada y de incógnito que no eran guiados por designios favorables á la Nación y al Rey. 

Sobrevino la entrada de los franceses en Madrid, la ida de nuestra corte a Bayona, y luego, el 20 de Mayo, llegó la primera división de tropas francesas que bajo el mando del general Dupont caminaban a Andalucía. Ni las órdenes de los que entonces gobernaban relativas al buen trato y provisión de los que se llamaban falsamente aliados; ni la mentida apariencia de amistad con que se presentaron, fueron causa para que, dejasen de ser mirados desde luego por estos vecinos como enemigos y aborrecidos de todo corazón. Sin plan convenido ni mas influjo que el de su propio corazón, guiados de un instinto de lealtad, hasta los mas ignorantes hallaron el modo de oponer estorbos y dificultades a la empresa de sus contrarios. Se negaban todos a los servicios que de ellos exigía el enemigo; si eran preguntados ocultaban con sagacidad cuanto podía favorecerles y daban aquel las noticias que podían o equivocarlo o intimidarlo. Sembraban en la tropa francesa la desconfianza, y cundiendo hechos fingidos o abultados hicieron temer al soldado y Gral. y que formasen juicio de lo temerario de su empresa. La fermentación aumentó en los días adelante, de tal forma, que el 5 de junio se vio precisado el Gral. Riger-Belair, que llegó a esta villa con 600 caballos, a patrullar el día y la noche, no creyéndose seguro, y notando el descontento del vecindario. Se sabia de la resistencia de Andalucía, y sin embargo de haber quedado guarnición francesa, un hospital militar en el convento de carmelitas descalzos y cruzar continuamente por Manzanares tropas enemigas, se esparcieron papeles de Valencia y Murcia referentes al levantamiento general de la Nación; y a pesar de la diferencia de circunstancias y situación, los unos libres, y esta villa oprimida por tantas fuerzas, no querían ser menos atrevidos y resueltos sus vecinos. 


«La defensa del parque de Monteleón» durante el levantamiento del 2 de mayo  de 108 en Madrid.
Óleo de Joaquín Sorolla
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En la noche del 5 al 6 hubo algunos que pensaron acometer a la caballería de Riger-Belair y conmover toda la provincia, pero dando lugar a la reflexión dejaron para otro día su pensamiento. Salió, pues, el 6 por la mañana la caballería francesa para Valdepeñas, y salida y aun apenas sabida la resistencia de aquel pueblo, se puso en movimiento Manzanares. Todos los individuos, sin distinción de clases, concurrieron al toque de rebato a las once del mismo día, y armado cada uno con las desiguales armas que suministraba la casualidad, trataron de salir al socorro de Valdepeñas sin temer las divisiones que ya marchaban desde la Corte con la misma dirección. La prudencia se extremecía no pudiendo reducir ni arreglar un ardor que parecía y era temeridad; pero cerrando los ojos al peligro, solo mandaban el furor, el odio y la tiranía. En el primer impulso y tratando de armarse con ventaja, van todos al hospital militar, y no creyendo pudiese la guardia tener la osadía de resistirlos se presentan desarmados, le intimidan entreguen sus fusiles y los de los enfermos, pero imprudente la guardia dispara sobre el paisanaje y algunos de los enfermos desde las ventanas tratan de ofender y sostenerse; entonces faltó la tolerancia y rompiendo por todo estorbo, sin temor de balas ni bayonetas, unos paisanos desarmados y ofendidos atropellan cuanto encuentran y se verificó una escena de sangre muy difícil de explicar, muriendo en la confusión algunos infelices que por la enfermedad estaban incapaces de pelear y huir. No fue posible al pronto evitar estas desgracias, pero al segundo momento, dando lugar la ira la compasión, fueron puestos en seguro los demás y asistidos y curados con humanidad.

Entre tanto se veía en Valdepeñas otra escena donde con muy desiguales armas peleaba el patriotismo contra la tiranía; esta provista de armas y pericia, aquel sin más dirección que el denuedo. EI resultado no podía ser otro que sufrir mucho aquel vecindario y dar lugar al furor y rabia de los enemigos para que pudiesen lograr el fin de su crueldad y codicia. Sin embargo se consiguió una ventaja incalculable, pues el Gral. Riger-Belair, dejando su marcha para Andalucía retrocedió a Manzanares y Dupont quedó sin este socorro por entonces y el duque de Berg sin la comunicación que solicitaba. Lo ocurrido el día anterior daba mucho temor viendo venir tanto número de caballos; mas si el pueblo estaba receloso y con sobresalto no lo estaba menos el Gral. enemigo, y luego que hizo alto a la vista de Manzanares, se prestó a un acomodamiento dando palabra de honor de que ningún mal sucedería siempre que los vecinos permaneciesen tranquilos. No permaneció en esta villa sino hasta el día 14 de Junio; su quietud era siempre peligrosa y dudosa la tregua; por lo mismo retrocedió a Madridejos donde unido con 7.000 hombres del Gral. Bedel volvieron a Manzanares el 22 del mismo mes. Así reforzados era de temer que no tendrían respetos a un indulto concedido en tiempos de necesidad; y desde luego, en la tarde de su llegada, a pretesto de lo acaecido en el hospital, el Gral. Cojo Punsoín promovió un motín militar contra el pueblo en cuyo primer impulso hubo robos considerables, y a no haber sido por el Grab Ríger-Belair que fiel a su palabra defendió al pueblo, hubieran sido incalculables las desgracias. Salieron estas tropas con dirección a Andalucía el 23 por la noche y el 7 de Julio hizo tránsito el Gral. Gober con 5.000 hombres de infantería y 1.000 coraceros que siguiendo la misma ruta se hallaron en la batalla de las Barcas de Mengíbar donde con su general perecieron la mayor parte. 

En estos intermedios, hasta la batalla de Bailén ocurrida el 19 de Julio, se interceptaron en esta villa postas y correos, saliendo muchos vecinos al camino, como suele el cazador, a buscar y matar cuantos enemigos, ya soldados, ya correos, pudiesen haber a las manos, De este sistema, cuyo honor cupo igualmente a los otros pueblos desde Manzanares hasta la entrada de Andalucía, resultó al enemigo un mal imponderable, pues cortada la comunicación entre sus tropas y el Gobierno, ni el Gral. Dupont pudo arreglar sus movimientos conforme a la necesidad, ni su principal darle órdenes oportunas que le dirigiesen; y no sería sin fundamento, no quitando a nuestros Generales y soldados la gloria que adquirieron en esta jornada, el afirmar que la total derrota de Dupont y su rendición inesperada, se debió en gran parte a los procedimientos de Manzanares. Así lo aseguró el Excmo. Sr. Gral Castaños en su tránsito por esta villa después de esta memorable batalla. 


«La rendición de Bailén», cuadro de José Casado del Alisal.
El general Castaños está a la izquierda y el derrotado general Dupont a la derecha.

Pero el esfuerzo y arriesgado valor de estos vecinos no calmó con la noticia de la rendición de Dupont; solamente se sabía por vagos rumores y nada había por noticia de oficio ni que pudiese asegurar un juicio prudente. Mas no importa; a los de Manzanares basta que sea posible y que se refiera al momento creen que era de su deber completar aquel suceso con la rendición de setecientos hombres que habían quedado de guarnición en el castillo. Pensarlo, ejecutarlo, y obligar al comandante, todo fue uno. Este recibió la ley que quiso imponerle el vecindario; recogió al castillo las avanzadas y guardias y contentándose con las provisiones que se juzgaron oportunas, quedó reducido con su tropa a una prisión militar, concediéndole para salvar su honor que la rendición formal se hiciese cuando se presentase tropa de linea española, como se verificó el día 29 de Julio con la llegada de cien hombres de infantería y unos veinte de caballería, enviados para este fin por el Gral. en Jefe D. Francisco Xavier Castaños.


Coraceros españoles, dibujo de Augusto Ferrer-Dalmau.

Esta fue la conducta de Manzanares en la primera 
irrupción de los franceses. Después de la segunda entrada del rey intruso en Madrid, a primeros de Diciembre de 1808, se adelantaron las tropas enemigas a Madridejos, y en la tarde del 19 se presentó una partida de caballería francesa a la vista de Manzanares pidiendo raciones, y este vecindario valiente, teniendo por insulto que cien hombres solos tuviesen tanta osadía, se arma y sale para la resistencia y los rechaza con pérdida de seis dragones que quedaron tendidos en el campo, y sin lesión del paisanaje. Desde luego se creyó que volverían a vengar la injuria; y en efecto, el 21 acudieron los enemigos como en número de doscientos sesenta de caballería, pidieron parlamento intimando la rendición en el término de media hora, lo que se le denegó; y haciendo una descarga que fue correspondida con acierto y serenidad, y dejándolos muertos retrocedieron para Madridejos. Esto sirvió de escarmiento y no molestaron tercera vez, hasta después de la batalla de Ciudad Real. Para la referida resistencia fueron ayudados de un corto número de tiradores de Bailen que llegaron cuando el vecindario se estaba defendiendo y resistía con firmeza los ataques del enemigo. Por esto y todo lo anterior la Suprema Junta Central gubernativa del Reino, en 28 de Diciembre de 1808, se sirvió dar a nombre de nuestro Soberano D. Fernando VII, el título de fidelísima por su valor y patriotismo a esta villa de Manzanares, como consta en la Real orden comunicada por D. Benito de Hermida, Secretario de Gracia y justicia, su fecha en Sevilla a 7 de Enero de 1809.


Corre la voz el 1° de Febrero de 1809 que se acercaban los enemigos. Mandaba las tropas de infantería y caballería españolas el Excmo. Sr. Don Manuel Freyre, Coronel entonces del Regimiento de caballería voluntarios de Madrid, y presentándose para resistir a los franceses, manifestó deseo de que el vecindario contribuyese a rechazar los enemigos; y este, según su valor acreditado, acudió y se colocó donde se le mandó; pero habiendo sido alarma falsa, su valor no tuvo entonces ningún resultado. Después de la batalla desgraciada de Ciudad Real, perdida el 27 de Marzo, el Gral. Sebastiani, que mandaba el 4º cuerpo de Ejército francés, acampó en Manzanares la división polaca al mando del Gral. Valence, compuesta de los tres regimientos 4º, 7º y 9º, cuyo número ascendía a siete mil hombres y siete piezas de artillería holandesa. Su entrada fue el 2 de Abril de 1809, permaneciendo hasta el día 13 de junio, en cuya época sufrió todo género de saqueos, malos tratamientos, ruina de muchos edificios, especialmente del convento de carmelitas, cuya fábrica e iglesia fueron destechadas y quitadas todas sus maderas para reforzar el castillo y formación de empalizadas; sujetando a los paisanos, como en tiempos de Faraón a los israelitas  toda clase de trabajos con dureza, rigor y malos tratamientos. La cosecha de granos, abundante en el año anterior de 1808, fue conducida con diez y nueve galeras o furgones a las villas de Daimiel, Solana y Membrilla para subsistencia de otras divisiones, o más bien para venderla. Entre los crueles y sanguinarios, ninguno igualó entre los Jefes enemigos al Coronel del Regimiento 9º de polacos el Príncipe Sokouski, que se complacía en atormentar a la junta con peticiones imposibles y amenazas llenas de terror, prisiones y otros insultos.


Carga de la caballería polaca del ejército napoleónico.

Reiteraron sus invasiones las tropas francesas posteriormente en 27 y 28 de Junio; 18 de Agosto; 15 de Octubre, según los movimientos de nuestro ejército que volvía a ocupar en los intermedios la provincia. En la permanencia de Octubre, que fue de catorce días, se acamparon tres divisiones, francesa, polaca y alemana, entre los caminos Ancho, Carrilejo y de Toledo y dejaron destruidos los olivares de aquellos sitios en número muy considerable y muchos edificios. De resultas de la batalla de Ocaña ocuparon esta villa el 12 de Diciembre del mismo año de 1809, permaneciendo hasta el 24 de junió de 1812, estableciendo Prefectura, Policía y Tribunal criminal, y el cuartel general con el Gobernador de toda la provincia y todos los demás satélites anejos a esta farsa cruel, y por colmo de afrenta y desgracia, la infame, la infernal logia de fracmasones.

La conducta de Manzanares fue siempre la misma, jamas desmayó; abundaba el terror, el cadalso casi siempre ocupado de víctimas, pues dieron garrote a cincuenta y seis reos, muchos sin otro delito que ser leales patriotas, sin otros que fueron fusilados; llegando el rigor y la inhumanidad hasta sortear entre dos infelices acusados de haber inducido a la deserción a dos soldados alemanes de Nasau, y aun no justificado plenamente, que uno de ellos llamado Martin Pobeda, vecino de esta villa, sentenciado a muerte; y ejecutada esta el 15 de Abril, domingo de Ramos de 1810, al tiempo de la misa mayor, sonando los fusilazos que le asesinaron al mismo instante que se cantaba en la Pasión las palabras "Clamans voce magna emisit spiritum".

A pesar de tanto terror se introducían papeles de las provincias libres, que reanimaban el espíritu público en favor de la buena causa, que se esparcían casi públicamente. Se hablaba de noticias; en la misma forma había tertulias señaladas donde se comunicaban, y otros vecinos llevaban a los Generales españoles las que sabían de los movimientos del enemigo. Mujeres, hombres y hasta los niños se dedicaban a recoger limosna y vestidos para socorrer a los prisioneros españoles, que hacían tránsito, dando libertad a muchos por medios arriesgados y extraordinarios, de los que fueron tomados en Badajoz, Olivenza, siendo digno de notarse en un joven de catorce años, que saliendo de este pueblo un oficial prisionero, fugado, que iba para una casa de campo donde le esperaba su mujer, le condujo hasta ponerlo en seguridad, negándose a recibir gratificación, y aun a dar su nombre, diciendo que le bastaba por recompensa el haber cumplido su obligación. Podríamos referir casos innumerables de esta especie y los ejércitos están llenos de soldados que son testigos de esta verdad, motivo por el cual el Excmo. Señor Gral. Freyre, pasando por esta villa el año 13, profirió este dicho memorable: “De la España la Mancha, y de la Mancha Manzanares". Los empleados públicos de judicatura, escribanos y abogados, ni revalidaron sus títulos, ni recibieron empleos del rey intruso, sufriendo ser procesados y arrestados antes que acceder a cosa que denigrase su opinión, excepto dos, cuyos nombres infamados públicamente, callamos aquí. El clero y cabildo eclesiástico resistió abiertamente al vicario intruso en muchos casos que usando de su ilegítima autoridad quiso trastornar el orden fundado por los Sagrados Cánones y disposiciones sinodales, y contribuyó a todas las acciones gloriosas que se han referido, distinguiéndose según su carácter, celo e ilustración.

Libre la provincia de enemigos, por el mes de Agosto, se hizo la publicación de la abolida constitución como en todos los pueblos del Reino, cuando el Mariscal Soul se retiraba de Andalucía y amenazaba pasar por esta población, y al mismo tiempo que el rey intruso retirándose por Valencia se hallaba a diez leguas con su ejército, y teniendo noticias de que venían en el mismo tiempo que se hacia la ceremonia, que fue el 15 del mismo mes.

Ocupada la provincia por última vez en 12 de Diciembre de 1812 hasta 6 de Marzo de 1813, por el ejército del Mariscal Soul, tocó a Manzanares la vanguardia de caballería al mando del Comandante Vignot y sufrió también el último azote en que agotaron toda suerte de molestias y exacciones tanto en general como en particular. Fuera imposible detallar los males que esta villa ha sufrido, así como los servicios que ha prestado a la Nación en los cinco años de esta guerra cruel: bastará reunir en breve alguna cosa.

Doscientos voluntarios sin los que por suerte fueron a servir a la patria; haber sostenido grandes divisiones de tropas en las marchas y contramarchas que precisaban hacer las vicisitudes de la guerra al ejército español; haber calzado a regimientos enteros; la reunión y conservación de fusiles, monturas y municiones después de las dispersiones de Almonacid y Ocaña; la Tesorería guardada en esta última desgracia; el parque general de artillería mantenido y provisto de hierro, maderas y todo lo necesario su composición y reforma; todo esto, séanos lícito decirlo, todo esto es una muy leve parte de los servicios que Manzanares ha hecho a la Nación. 

En cuanto a los perjuicios y daños que ha sufrido, son indicio su agricultura reducida a unos ciento cincuenta pares de mulas, cuando eran seiscientos los que antes de la guerra labraban sus campos: lo son dos mil cabezas de ganado, corto residuo de las cuarenta mil que pacían en su término; lo son número muy considerable de olivas cortadas; una tercera parte de sus casas demolidas y arruinadas, entre ellas el convento de carmelitas descalzos, cuatro molinos harineros y de aceite; cuatro posadas del todo y las demás muy deterioradas, y en todas partes señalada la guerra con caracteres de fuego, ruina y desolación; el comercio obstruido y parada, más bien aniquilada la industria. Tales son los documentos que acreditan la gloria de Manzanares y que harán eterno su lustre y agradable a todos su nombre.

—Manuel Ruiz Constantino.—Gab.. Frez. Vazq.— Calixto Roncero.—Pedro Romero.—Julian Sandoval.



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