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jueves, 31 de diciembre de 2020

EL COFRE DE MONEDAS DE ORO DE LAS HERMANAS GALIANA PINILLA "LARGAVIDA". Una investigación histórica de una leyenda familiar

(Aunque este artículo esté redactado con cierto aire literario, todos los hechos relatados son verídicos)

1. LA LEYENDA

La primera vez que tuve noticias de una curiosa historia familiar sobre la existencia de un cofre lleno de monedas de oro fue durante la investigación que realicé en 2016 y 2017 para la elaboración de mi libro La familia Pedrero. Los constructores de los edificios más emblemáticos de Manzanares. En este libro intentaba contar algunos hechos de la historia de Manzanares a través de los acontecimientos sucedidos a la familia materna de mi padre, los Pedrero. Para ello, realicé numerosas entrevistas a familiares, con los que en muchos casos llevaba años sin tener apenas contacto, excepto algún breve saludo al cruzarnos por la calle. En este sentido, la redacción del libro me brindó la oportunidad de recuperar relaciones abandonadas desde hacía mucho tiempo y fue posiblemente una de las mayores satisfacciones que me proporcionó esta primera incursión como historiador. 

Durante estas entrevistas fue cuando conocí por primera vez la historia, que casi calificaría de leyenda, del cofre repleto de monedas de oro. Hasta tres familiares distintos me contaron un relato muy similar, aunque con ligeras variaciones. En esencia, la historia consistía en que unas tías de mi abuela María Teresa Pedrero Pinilla habían vivido toda su vida con bastante desahogo gracias a un cofre lleno de monedas de oro que ocultaban en su casa. El origen de este tesoro era lo más oscuro del relato. En la mejor de las versiones, tras un famoso robo sucedido en las cercanías, vecinos de Manzanares habían salido a caballo o en galera en persecución de los ladrones y nuestro familiar habría encontrado parte del botín, pero en lugar de devolverlo a sus legítimos dueños aplicó el conocido refrán de "el que roba a un ladrón tiene 100 años de perdón" y optó por quedarse con el dinero. La existencia de las monedas parece que está probada ya que mi abuela y sus hermanas heredaron parte de este dinero cuando sus tías murieron sin descendencia. Esto ocurrió, según me contaron, unos años antes de la Guerra Civil y tuvo que intervenir el juez de paz para repartir la herencia ya que todos los familiares cercanos, e incluso lejanos, se abalanzaron sobre las famosas monedas. De hecho, alguna hermana de mi abuela contaba que si las tías hubiesen sobrevivido hasta la Guerra Civil, hubieran sido seguramente robadas por los milicianos, ya que la existencia de este tesoro era vox populi en todo el pueblo.

Esta historia era un auténtico filón para el libro que estaba escribiendo. Para poder incluirla en el libro necesitaba, al menos, relacionar este relato con algún acontecimiento histórico contrastado. Me permitiría redondear el libro con una historia muy curiosa e interesante. Imbuido del espíritu de un Indiana Jones en busca del arca perdida, me dispuse a investigar para encontrar alguna pista que convirtiese este relato familiar en hechos históricos. Eso sí, en vez de investigar en los desiertos de Egipto perseguido por una horda de nazis fanáticos, mis pesquisas transcurrirían en el apacible Manzanares del siglo XXI y en la mejor de las compañías.

2. LOS PRIMEROS PASOS DE MI INVESTIGACIÓN. La visita al cementerio.

El primer paso de mi investigación consistía en identificar quiénes eran estas famosas tías de mi abuela, a las que apodaban "Largavida". En este caso, tenía una pista muy sólida ya que los familiares a los que había entrevistado me confirmaron que estaban enterradas en el cementerio municipal, justo al lado de mis bisabuelos Alfonso Pedrero Peña y Teresa Pinilla Guijarro. Hacía años que no había ido al cementerio y, aunque creía recordar donde estaban enterrados mis bisabuelos, no estaba seguro de encontrar la tumba. Pedí ayuda a mi padre, que se prestó en el acto a acompañarme. Consciente de la avanzada edad de mi padre, para mi era un placer involucrarle en mi investigación y tener la oportunidad de compartir con él una soleada mañana de indagaciones históricas. En el fondo, creo que para mi padre también era un satisfacción que le pidiera ayuda, precisamente para visitar el cementerio, ya que creo que estaba un poco preocupado por mi dejación desde hacía años en visitar a nuestros familiares difuntos en el día de Todos los Santos.

No fue difícil localizar la tumba, muy bien conservada a pesar de la antigüedad y que denotaba por sus ornamentos la posición acomodada que habían alcanzado en vida sus moradores. La información que nos proporcionó la lápida fue muy completa ya que estaban los nombres, fechas de nacimiento y de defunción de las dos hermanas "Largavida", de sus padres y, como descubrí posteriormente, de uno de los dos maridos que tuvo la menor de las hermanas. 

Tumba de la familia Galiana Pinilla.

En concreto, la información que contenía la lápida era:

NOMBRE NACIMIENTO FALLECIMIENTO
Pedro Galiana Parada 10/10/1815 05/08/1878
Ignacia Pinilla Fernández-Pacheco 25/09/1814 23/05/1896
José Noblejas Martín del Campo 22/01/1842 07/07/1890
Isabel Galiana Pinilla 14/02/1838 22/01/1932
Josefa Galiana Pinilla 22/03/1852 29/01/1932

Aspirando a emular a Sherlock Holmes hice varias deducciones que sorprendieron a mi padre, aunque esto era fácil ya que siempre estaba dispuesto a sobrevalorar los aciertos de sus hijos. Tres de las personas enterradas habían fallecido mucho antes de que inauguraran el cementerio municipal en 1912, lo que denotaba que las hermanas "Largavida" habían tenido el cuidado (y el dinero suficiente) de trasladar los restos de sus familiares desde el antiguo cementerio parroquial. Resultaba obvio el apodo de "Largavida" ya que la madre había llegado a los 81 años años de edad y una de las hijas a los 93 y esto en una época en la que la esperanza de vida era notablemente inferior a la actual. Curiosamente, ambas hermanas habían fallecido con sólo una semana de diferencia. También recordé un protocolo notarial que había encontrado unos meses antes, por pura casualidad mientras ojeaba unos legajos en el Archivo Histórico Provincial de Ciudad Real. El protocolo en cuestión era la adjudicación de herencia de mi tatarabuelo Manuel Pinilla Herrera y en el documento se detallaba que mi tatarabuelo tenía una deuda de 750 pesetas, cantidad relativamente considerable para la época, con Ignacia Pinilla Fernández-Pacheco, la madre de las hermanas "Largavida", por un préstamo que le había realizado para comprar una casa. Otro indicio más de que tenían una situación económica desahogada, que les permitía prestar dinero a miembros de su familia. Por último, recordé una vieja fotografía que había conservado mi abuela Teresa Pedrero Pinilla y que tenía anotado por detrás, con la inconfundible letra de mi tío Jesús, el nombre de Isabel. Esta fotografía me tenía desde tiempo atrás un poco confundido, ya que no conseguía encontrar en la familia de mi abuela ningún familiar de nombre Isabel. ¿Quizá fuese Isabel Galiana Pinilla, una de las hermanas "Largavida"? Sería muy llamativo que tantos años después pudiese ver la cara de una de las personas enterradas en la tumba que habíamos ido a visitar.

Posible retrato de Isabel Galiana Pinilla.

Exprimido mi cerebro y agotadas todas las deducciones más obvias que se podían extraer de la lápida, quedaba por delante un trabajo más complicado para poder identificar el parentesco exacto de las hermanas "Largavida" con mi abuela. En Manzanares contamos con otro tesoro, en este caso documental, que posibilita las investigaciones de tipo genealógico y que permite de forma relativamente fácil encontrar información como la que estaba buscando sobre el parentesco con las hermanas "Largavida". El archivo de la parroquia de la Asunción conserva los libros de bautismos, bodas y defunciones desde finales del siglo XVI hasta la actualidad. Además, gracias a la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, más conocidos como los mormones, el archivo digitalizado de la parroquia está disponible para su consulta por Internet en la página www.familysearch.org, lo que facilita enormemente el trabajo del investigador. Aunque implique desviarnos un poco de nuestro relato, creo que es interesante explicar por qué el archivo de la Asunción ha acabado siendo publicado en Internet por los mormones. Esta iglesia, cuya sede está en Salt Lake City en EE.UU, intenta construir un árbol genealógico de toda la humanidad con el objetivo de salvar el alma de los fallecidos mediante el ordenamiento de su bautizo, aunque sea siglos después de su muerte. Es por ello que digitalizan archivos parroquiales por todo el mundo, para incorporar el mayor número de personas posibles a su árbol genealógico mundial y poderles bautizar. Así que, estimado lector, si su familia lleva residiendo en Manzanares varias generaciones sepa que es posible que sus antepasados hayan sido bautizados por los mormones.

Con la inestimable ayuda de los mormones, puede reconstruir el árbol genealógico de las hermanas "Largavida" y comprobé, para mi sorpresa, que el parentesco con mi familia era relativamente lejano. Ignacia Pinilla, la madre de las "Largavida", era tía de mi tatarabuelo Manuel Pinilla Herrera, al que prestó el dinero. Por tanto, y espero no liarme con los parentescos, Ignacia Pinilla era tía-abuela de mi bisabuela Teresa Pinilla Guijarro y tía-bisabuela de mi abuela María Teresa Pedrero Pinilla. Perdón por el galimatías, pero básicamente  podríamos afirmar que el parentesco era muy, muy lejano. A pesar de esta lejanía, el hecho de que las "Largavida" no tuviesen descendencia había favorecido que mantuvieran una relación cercana con la familia de mi abuela. De hecho, mis bisabuelos Alfonso Pedrero Peña y Teresa Pinilla Guijarro tuvieron su primer domicilio en la misma casa de las hermanas "Largavida", en la calle Virgen de la Paz, frente al actual hotel Menano.

Decepcionado por el lejano parentesco con los Pedrero y sin haber encontrado ningún acontecimiento histórico que pudiera relacionar con este relato, muy a mi pesar, decidí no incluir esta prometedora historia, pero también esquiva, en el libro de La Familia Pedrero.

3. LA FRUCTÍFERA, PERO EQUIVOCADA, PISTA DEL ROBO AL TREN CORREO

Finalmente, terminé el libro de La Familia Pedrero en la primavera de 2017 y como había acabado bastante saturado me prometí firmemente no volver a escribir nunca más y terminar con mi incipiente carrera de historiador aficionado. Mis firmes propósitos de abandonar mi faceta de historiador apenas duraron unas semanas ya que, espoleado por la buena aceptación del libro y echando de menos el placer de la investigación, en poco tiempo estaba buscando un nuevo tema sobre el que escribir.

Recordé que en una de las entrevistas un familiar me había mencionado la posibilidad de que las monedas de oro procedieran del robo de un tren correo en las cercanías de Manzanares. Decidido a continuar por esta línea de investigación, empecé a releer antiguas revistas de Siembra, para ver si en alguna de ellas aparecía algún artículo sobre el mencionado robo. Tras no encontrar nada en Siembra, recurrí a la hemeroteca digital de la Biblioteca Nacional, ya que el atraco a un tren habría sido posiblemente recogido en periódicos de todo el país. 

La primera noticia que encontré fue del famoso atraco al tren correo de Andalucía, ocurrido el 11 de abril de 1924 y que fue llevado a la televisión en los años ochenta en la serie La Huella del Crimen. Los tres ladrones se subieron al tren en Aranjuez y tras asesinar a los dos empleados del coche correo se bajaron con el botín en Alcázar de San Juan. Allí les esperaba su socio que había contratado a un taxista en Madrid para que les llevara de vuelta a la capital. Lo más curioso era que el taxista en cuestión se llamaba Miguel Pedrero y esto me puso en alerta. Finalmente, tras pensarlo serenamente, tuve que que desechar que este atraco estuviera relacionado con el oro de las hermanas "Largavida". En primer lugar, las fechas no concordaban ya que las hermanas debían poseer el oro muchos años antes. Que el taxista se apellidase Pedrero era una simple casualidad, ya que no tenía ningún parentesco con mi familia y, además, según comprobé en noticias de prensa de la época fue un simple testigo que en todo momento colaboró con la policía.  

Descartado este atraco, seguí buscando pacientemente en la prensa alguna noticia que relacionase a Manzanares con el robo de un tren. Tuve que remontarme nada menos que hasta el año 1872, pero al menos los resultados fueron espectaculares y prometedores. El 31 de marzo de 1872 un grupo de unos veinticinco bandoleros hicieron descarrillar un tren correo entre Manzanares y Valdepeñas y tras reducir a tiros a dos guardias civiles y un teniente del ejército que viajaban como pasajeros se hicieron con un enorme botín, que según las dispares noticias de prensa, pudo ascender desde las 10.000 hasta las 200.000 pesetas. Como parte del botín, había seis cajas de caudales con la recaudación de la compañía ferroviaria. Aunque la Guardia Civil de Manzanares partió rápidamente en persecución de los bandoleros lo único que logró encontrar fueron los restos de las cajas que habían sido forzadas. Este suceso parecía encajar un poco más con la historia de las "Largavida", pero no encontré ninguna conexión con que vecinos de Manzanares se hubieran beneficiado por participar en el atraco o por recuperar parte del botín. De hecho, la Guardia Civil no llegó a detener a los culpables.

Grabado publicado en el semanario La Ilustración Española y Americana del 8 de abril de 1872, en el que se representa el atraco al tren correo en Manzanares del 31 de marzo de ese mismo año.

A principios de 1873, la prensa relataba otro atraco sucedido a tres kilómetros de Manzanares de un tren procedente de Extremadura, pero en este caso los ladrones fueron unos militares que en los días previos se habían levantado en armas en favor de la instauración de la república federal. En este caso, el botín ascendió a 19.000 reales.

Aunque seguía sin poder conectar estos hechos con el oro de las hermanas "Largavida", esta investigación resultó finalmente de los más fructífera. No sólo encontré estas noticias sobre los atracos al tren, sino que descubrí más de 350 artículos sobre Manzanares en periódicos nacionales, lo que me llevó a publicar en diciembre de 2018 mi segundo libro Manzanares durante el Sexenio Revolucionario (1868-1874). El Sexenio fue uno de los periodos más turbulentos de la historia de España, durante el ya de por sí caótico siglo XIX. La provincia de Ciudad Real fue testigo de levantamientos carlistas, republicanos y de la acción impune de los bandoleros, ocupando en muchos casos Manzanares un lugar destacado.

De hecho, pensé que la familia "Largavida" podría tener alguna relación con el Partido Republicano de Manzanares, que fue uno de los bastiones del movimiento republicano en la provincia de Ciudad Real. El primer republicano que en 1873 llegó a ser alcalde de Manzanares, Pedro Galiana Camarena, compartía nombre y apellido con el padre de las hermanas "Largavida" y uno de los miembros más activos del Comité Republicano local, Isidro Fernández-Pacheco Pinilla, compartía los dos apellidos, aunque en diferente orden, con la madre de las "Largavida". Mi imaginación intentaba conectar al padre de las "Largavida" con alguna partida republicana y algún fructífero botín, pero tras una nueva búsqueda genealógica descubrí que la coincidencia de apellidos era pura casualidad y que no tenían ninguna relación familiar cercana con estos destacados republicanos manzanareños.

Por segunda vez, publicaba un libro sin poder incluir la dichosa leyenda familiar. No había forma de conectarla con hechos históricos contrastados. Al menos, la investigación había sido muy fructífera y me había permitido encontrar información inédita suficiente como para publicar este segundo libro.

4. UNA NUEVA PISTA ME DIRIGE A SAN CARLOS DEL VALLE

En marzo del año de 2019 publiqué un artículo, precisamente sobre el atraco al tren de correo de 1872, en la revista Raíz y Rama. La presentación de la revista se realizó en el salón de actos de la biblioteca municipal y los colaboradores tuvimos la oportunidad de hacer una intervención breve para presentar nuestros artículos. Una vez terminado el acto una persona se acercó a hablar conmigo. Tengo que reconocer que me produjo cierta satisfacción, ya que al menos esta persona, al margen de mi padre y dos de mis hermanos que también habían asistido al acto, parecía interesado en mi intervención. 

Me comentó que el relato del robo del tren correo le había recordado a una historia que había sucedido en la zona de San Carlos del Valle. Según me contó, un grupo numeroso de personas había asaltado la casa de un bandolero y le habían robado cajas llenas monedas de oro que había atesorado después de toda una vida dedicada al crimen. 

Evidentemente, este relato volvió a recordarme a las hermanas "Largavida" y en cuanto tuve oportunidad empecé a buscar información sobre este suceso. Tras varios días de búsqueda por Google y en hemerotecas digitales desistí de continuar ya que no hallé ningún dato histórico que avalase la historia que me había contado y que supuestamente tuvo lugar en San Carlos del Valle. Lo que no supe en ese momento es que había estado muy cerca, ya que el suceso no ocurrió en esta población sino en la cercana Torre de Juan Abad.

5. LA PISTA QUE PODRÍA SER LA DEFINITIVA

Como buena parte de los avances de esta investigación, la pista que podría ser la definitiva me llegó por casualidad. En diciembre de 2020 estaba bastante ocupado con mi trabajo, nada relacionado con mi afición de historiador. Quitándome horas de sueño encontré tiempo suficiente para preparar una nueva entrega de Apuntes de Historia, un programa de Manzanares10TV en el que llevaba unos meses colaborando. En esta ocasión, el programa estaba dedicado al Manifiesto de Manzanares y haciendo un barrido de información de números antiguos de Siembra encontré un artículo de noviembre de 1996 de Ruiz Martín en el que se mencionaba de pasada el Manifiesto, pero cuyo tema principal era narrar una conversación de un grupo de personas mayores de la que había sido testigo el autor del artículo sesenta y cinco años antes, cuando era un niño, en el invierno de 1931. 

La historia recogida por Ruiz Martín encajaba perfectamente con lo que me habían contado de las hermanas "Largavida": había un robo, gran cantidad de monedas de oro y vecinos de Manzanares que de manera fortuita se habían quedado con parte del dinero. Además, hacía referencia a dos artículos de prensa que refrendaban la veracidad de los hechos. El primero era una entrevista al bisnieto del propietario legítimo de las monedas, Juan Tomás Frías del Castillo, publicada en la revista Joray de Torre de Juan Abad de septiembre de 1984. El segundo era un artículo del periódico Lanza del 7 de septiembre de 1991, el que un vecino de Torre de Juan Abad añadía interesantes detalles sobre el robo que le habían contado su padre y su tío.

Nunca podremos tener la certeza de que el dinero de las "Largavida" tenía esta procedencia, pero al menos había encontrado una historia que encajaba perfectamente con todos los datos conocidos. ¡Después de cuatro años conseguía por fin que las piezas del puzle terminaran por encajar! Sin más dilación, pasaremos a contar la historia.

6. LA HISTORIA. El robo

En primer lugar nos centraremos en el robo del dinero, que no fue de un tren correo como había pensado hasta entonces, y más adelante explicaremos como llegó el dinero hasta Manzanares. 

Los hechos acontecieron en octubre de 1873. Recordemos que estamos en tiempos de la Primera República, en pleno Sexenio Revolucionario, y que España se ve sacudida en esos momentos por la Tercera Guerra Carlista y por la Revolución Cantonal de carácter republicano federal. En la provincia de Ciudad Real ambos conflictos bélicos se desarrollaron como una guerra de guerrillas en la que era difícil diferenciar si los grupos armados que campaban a sus anchas eran carlistas, republicanos o simples bandoleros.

Juan Tomás Frías del Castillo (1800-1874) era un rico propietario de Torre de Juan Abad. Durante su juventud había sido militar, llegando a obtener el grado de capitán. De ideología carlista, había financiado de su propio bolsillo a partidas carlistas de la provincia de Jaén aportando 18.000 duros. 

A la derecha de la foto, sentado, Juan Tomás Frías del Castillo. A la izquierda, también sentada, su mujer Inés Ayuso. El resto de las personas que aparecen en la foto son hijos, nueras y nietos.

En la noche del 13 de octubre de 1873 un grupo de unas 50 personas armadas entraron en Torre de Juan Abad, obligando a todos los vecinos a permanecer en sus casas. Tomaron como rehén al acalde y se dirigieron a la casa de Juan Tomás Frías del Castillo. A pesar de disponer de numerosas armas de fuego en la casa, Juan Tomás ordenó a sus criados no ofrecer resistencia y abrió la puerta a los asaltantes. Intentó negociar con ellos ofreciéndoles una cantidad de dinero a cambio de que se marcharon. Éstos rechazaron la oferta y registraron toda la casa, haciendo saltar violentamente todas las cerraduras que encontraron a su paso e incluso derribando algunas paredes. Finalmente, tuvieron éxito en su búsqueda ya que encontraron gran cantidad de monedas de oro, teniendo que robar hasta nueve mulas para poder transportar el botín. Una vez conseguido sus objetivos, las asaltantes se marcharon en plena noche. En la oscuridad, una de las mulas con las alforjas llenas de oro se extravió y volvió ella sola a un molino al que habitualmente transportaba grano. Otra segunda mula apareció en las cercanías del pueblo, pero sin su preciada carga. Los asaltantes, aunque perdieran parte del botín, lograron escapar sin ser descubierta su identidad.

El bisnieto de Juan Tomás Frías, en la entrevista publicada en la revista Joray, afirmaba que los asaltantes eran republicanos, que incluso entre ellos había miembros de las fuerzas del orden, los denominados migueletes, y que el robo tenía una clara motivación política por las simpatías carlistas de su bisabuelo. Por el contrario, algunos vecinos del pueblo mantenían que los asaltantes eran carlistas. Como ya hemos comentado, el tremendo deterioro del orden público en el año 1873, con partidas de carlistas, republicanos y bandoleros pululando por toda la provincia hace prácticamente imposible saber quiénes fueron realmente los asaltantes.

Con el paso del tiempo, la historia del robo se fue adornando con anécdotas poco creíbles. Se afirmaba que Juan Tomás Frías había acumulado tanto dinero porque en el pasado había sido, nada menos, que un pirata. Se aseguraba que entre el botín había una gallina y doce pollitos de oro macizo, como en la fábula de Esopo de la gallina de los huevos de oro. Por último, se magnificaba también la fortuna de Juan Tomás ya que después del asalto habría respirado aliviado porque los ladrones no habían localizado unos pellejos repletos de oro que estaban guardados en la cueva de la casa y que le garantizaban, a pesar del robo sufrido, seguir siendo un hombre acaudalado. Lo que si es cierto es que Juan Tomás murió al año siguiente, meses después de estos sucesos.

7. LA HISTORIA. La conexión con Manzanares

Para establecer la conexión de estos hechos con Manzanares vamos a seguir el artículo de Siembra de Ruiz Martín. En este artículo afirmaba que en la conversación de la que fue testigo cuando era niño se mencionaron los aspectos más llamativos del robo de Torre de Juan Abad, como la existencia de la gallina de oro, los mulas con las alforjas cargadas de oro, etc. Por tanto, parece que no hay duda sobre que aquellas personas estaban hablando del robo sufrido por Juan Tomás Frías.

Lo más importante de esta conversación es que afirmaban que una conocida persona de Manzanares, de la que no desvelaba su identidad y que en la época se dedicaba al transporte de vino y patatas hacia Andalucía, encontró, en compañía de otro arriero forastero, una mula cargada con monedas de oro justo al día siguiente del robo. Rápidamente, trasladaron las monedas a sus carros y espantaron a golpes a la mula. A partir de ese momento, este manzanareño dejó el trabajo de arriero y se dedicó a comprar terrenos y fincas, construyendo casas y bodegas, convirtiéndose al finalizar el siglo XIX en uno de los vecinos más acaudalados de Manzanares.

Estoy convencido de que la persona, sobre la que prudentemente no revela Ruiz Martín su identidad, no es ni el padre de las hermanas "Largavida", ni ninguno de los dos maridos que tuvo la hija menor. El padre murió en 1876 y el el primer marido en 1890 y las hijas se dedicaron a vivir de la monedas, sin hacer grandes inversiones. Por tanto, no cuadra con lo mencionado en el artículo de que el arriero que se encontró las monedas se convirtió, gracias a sus inversiones, en uno de los vecinos más acomodados.

En este punto, la historia que tan laboriosamente he reconstruido tiene un punto débil, porque aunque tenemos una conexión con Manzanares, no existe relación con la familia "Largavida". Una explicación podría ser que, además de la persona mencionada por Ruiz Martín en su artículo, hubiese alguien más en Manzanares que se benefició del hallazgo de las monedas, el padre o el primer marido de la menor de las hermanas "Largavida". 

Pasados tantos años será casi imposible encontrar información concluyente al respecto y nunca tendremos la seguridad de la procedencia real de las monedas de oro de las hermanas "Largavida", pero en cualquier caso los hechos históricos parecen encajar en su mayor parte con la leyenda familiar y es por ello, que por fin tras muchos esfuerzos, me he decidido a hacer pública esta historia. Que sea el lector quien juzgue la verosimilitud de este relato.

8. EPÍLOGO

Al igual que en los viajes hay que disfrutar también del camino, esta leyenda familiar ha supuesto para mí un aliciente en estos últimos cuatro años. Ha sido una agradable aventura ir encontrando poco a poco y de forma inesperada pequeños retazos de información. Para colmo, esta investigación me permitió descubrir información inédita suficiente como para escribir un segundo libro, aunque fuese sobre un tema no relacionado directamente con esta historia. Por otro lado, espero y deseo que nadie pueda sentirse molesto para haber hecho público este relato. Han pasado casi 150 años desde que sucedieron los hechos y no existen descendientes directos de los protagonistas. Una historia como ésta, transmitida oralmente durante varias generaciones, estaría destinada al olvido en pocos años si no la hubiese puesto por escrito. Llegados a este punto, poco más puedo añadir sobre esta historia y si algún lector, que haya tenido la paciencia de leer este artículo hasta el final, tuviera algún dato que pudiera arrojar algo de luz sobre este asunto, le agradecería enormemente que se pusiera en contacto conmigo.

Miguel Ángel Maeso Buenasmañanas, diciembre de 2020


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